La enorme puerta del Despacho de la Malignidad se encontraba frente a las 5 C. El Varón se acercó a la cerradura, y utilizó su Poder Cuántico.
-¡Confusión Ambigua!
Los intrincados mecanismos de la puerta de Gordicia se confundieron, hundiéndose en eterna ambigüedad. Con un sonoro clic, la cerradura cedió, y la puerta de abrió de par en par.
-Llegó la hora de la verdad –dijo el Chico de Madera.
Los cinco compañeros cuánticos ingresaron en la guarida de Gordicia. El cuarto era de grandes dimensiones, lleno de espejos de todas las formas y tamaños. Al fondo, detrás de un gran escritorio de caoba, se encontraba sentada la maestra y ama de la Unión Perversa Kuántica.
-Los he estado esperando… -dijo Gordicia, con confianza y algo de burla.
-Gordicia, esta vez no tenemos nada que temer –empezó a decir el Kuraka –Esta es tu última oportunidad para arrepentirte de tu deseo de continuar con el Plan Maligno, y volver a ser la persona que eras antes.
-¡Jajaja! –se rió Gordicia, maquiavélicamente -¡Nunca! ¡Jamás! ¡Mi Plan Maligno se llevará a cabo, cueste lo que cueste!
“Ahora es el turno del Gordo”, pensó el Kuraka, haciendo alusión al plan que él y sus compañeros habían decidido seguir mientras subían las interminables escaleras de la Macultad de Experimentaciones.
El Mono Calato, el Varón Ron Ron, el Kuraka y el Chico de Madera dieron un paso atrás, y el Gordo dio dos pasos adelante.
-¡Madre! –exclamó el Gordo, decididamente, mirando a los ojos a Gordicia.
La ama y señora de la UPK sostuvo la mirada porcina del Gordo por unos instantes, y su gesto empezó a deformarse. Gordicia parecía recordar a la redonda persona que se encontraba delante de ella, pero no lograba descifrar de quién se trataba.
-¡Tu! –dijo de pronto, señalando al Gordo -¡Yo te conozco! ¿Por qué me has dicho madre?
“Como lo sospechábamos”, pensó el Kuraka, viendo la escena con detenimiento. “Le han lavado el cerebro. Durante su estadía en el castillo, el Maestro la debe haber hipnotizado y reprogramado de alguna manera, borrando los recuerdos de su vida pasada”.
-¡Porque eso es lo que eres! –dijo el Gordo a su madre -¡Tú no eres Gordicia de la UPK, tú eres mamá de mi casa!
-¡Mentiras! –exclamó Gordicia, confundida y iracunda -¡Yo no tengo hijos! ¡Yo soy pura maldad! ¡Mi única misión es llevar acabo mi Plan Maligno y volver a ser joven y delgada!
Gordicia se llevó las manos a la cabeza, como si estuviese teniendo una fuerte jaqueca, y empezó a tirar y romper las cosas de su escritorio.
-¡No! ¡Nunca! –gritaba el ama y señora de la UPK, mientras destrozaba todo lo que tenía cerca -¡No me convencerán de que eso es cierto! ¡Briefs!
Una lluvia de papeles cortantes voló con increíble velocidad hacia las 5 C. El Gordo, sin embargo, estaba preparado y, antes que los Briefs de Gordicia pudieran llegar a ellos, utilizó su técnica especial.
-¡Eructo Wii!
Los Briefs de Gordicia perdieron más de la mitad de su poder y velocidad, y el Gordo pudo esquivarlos sin demasiada dificultad. Una vez que los papeles voladores habían pasado por su redondo compañero, el Chico de Madera, que se encontraba detrás con las demás 5 C, usó su poder.
-¡Ataque Furioso de la Astilla Pilla!
Las astillas voladoras impactaron contra los debilitados Briefs de Gordicia, y los detuvieron por completo. Fue entonces que el Varón Ron Ron corrió, se impulsó en la cola del Mono Calato, y realizó un gran salto hasta caer frente a la confundida Gordicia.
-¡Confusión Ambigua!
La ambigüedad Ronrónica confundió a Gordicia aún más, y la líder y señora de la UPK cayó desmayada detrás de su escritorio.
-¡Lo logramos! –exclamó el Gordo, emocionado -¡Ahora podemos llevarla a la Cuanticueva y tenerla ahí sedada hasta encontrar una forma de devolverla a su antigua forma de ser!
-Tendremos que encontrar al Maestro –dijo el Kuraka, mirando a los cientos de espejos del Despacho de la Malignidad –Solo él podrá deshacer lo que hizo.
Mientras las 5 C planeaban sus siguientes movimientos, una sutil escena tenía lugar sobre ellos. Una mano salió por la apertura del ducto de ventilación, justo encima del escritorio de caoba, y dejó caer algo muy pequeño. El caramelo descendió por los aires y terminó dentro de la boca de la desmayada Gordicia, quien lo engulló en un acto reflejo.
-Entonces eso haremos –asintió el Kuraka, luego de escuchar las propuestas de sus demás compañeros cuánticos –Mono, prepara tu Banana Viajera para volver a la Cuanticueva.
-¡Muy bien! –dijo el Mono, y sacó la última banana que quedaba en el racimo –Mientras la programo, vayan recogiendo a…
El Mono Calato se detuvo en seco cuando vio que Gordicia ya no se encontraba tirada en el piso detrás de su escritorio.
-¿Qué…qué…? –empezó a preguntar, pero fue interrumpido por un inmenso dolor. Gordicia había aparecido justo detrás de él, y había pisado su cola con todas sus fuerzas.
-¡Estoy de vuelta, insectos! –exclamó Gordicia, riéndose, y sostuvo con una mano del sorprendido Mono Calato.
-¡Briefs!
Los papeles cortantes de Gordicia no se esparcieron: en vez de eso, se concentraron en un solo punto de ataque. Los Briefs rebanaron la cola del Mono Calato, el cual cayó al piso retorciéndose de dolor.
-¡Ahhhh! –chillaba el Mono, tocándose la herida abierta de la cual antes salía su cola, maldiciendo a Gordicia sin parar -¡Maldita dámier! ¡Te voy a matar! ¡Hija de…!
-¡Briefs!
Luego de silenciar al Mono con una patada en el estómago, Gordicia utilizó su técnica especial en las demás 5 C, quienes fueron tomados desprevenidos. Los Briefs hirieron gravemente a los cuatro cuánticos compañeros, los cuales cayeron al suelo derrotados.
-No se qué paso, ¡pero ahora tengo más poder que nunca! –exclamó Gordicia, mirando a sus derrumbadas víctimas.
El Chico de Madera hizo un esfuerzo, y canalizó sus energías para realizar un ataque.
-¡Ataque Furioso de la Astilla Pilla!
Las astillas de caoba volaron hacia Gordicia, pero rebotaron en la sebosa y grotesca barriga de la maestra de la UPK.
-¡No! ¡No puede ser! –exclamó, incrédulo, el Chico de Madera.
-¡Tuminae Animate! –gritó el Kuraka, abriéndose su manto inca. Un resplandor enceguecedor invadió el cuarto pero, antes que el Tumi de Oro comenzase a crecer, Gordicia tomó uno de los espejos del despacho y reflejó el ataque del Kuraka.
-¡Toma esto, doradito! –dijo Gordicia, viendo como la energía lumínica del Tumi de Oro rebotaba en el cristal y golpeaba al Kuraka, mandándolo a volar por los aires.
-¡Kuraka! –exclamó el Gordo, al ver a su amigo chocar contra la pared y caer, magullado, al piso –¡Ya es suficiente, madre! ¡Detente!
-¡Te dije que no soy tu madre! –gritó Gordicia, con furia y odio -¡Ahora conocerán mi poder más poderoso, mi técnica más tecnicosa, mi maldad mas maldita!
El Mono Calato había logrado detener la hemorragia, y la herida ya no le sangraba. Se puso de pie con dificultad, pues toda su vida había tenido la ayuda de su cola para lograr el equilibrio. El Gordo ayudó al Kuraka a incorporarse, mientras el Chico de Madera y el Varón se acercaban al Mono para evitar que se esforzara demasiado.
-¡Mono, acabas de perder la cola, no intentes caminar! –le decía el Varón a su compañero, pero el Mono Calato no escuchaba.
-¡Lo siento Gordo, pero voy a acabar con esta dámier, aunque sea tu madre! –dijo el Mono con odio y cólera, tratando de caminar hacia donde estaba Gordicia, pero perdió el equilibrio y cayó de nuevo al suelo.
-Patéticos… -se burlaba Gordicia, y volvió a colocarse detrás de su escritorio –Ahora verán la técnica especial de la ama y señora de la UPK. ¡Código de Ética Publicitaria!
Con las palabras de Gordicia, un aura extraña invadió el Despacho de la Malignidad. Una humo rojo y denso rodeó a las 5 C, impidiéndoles distinguir lo que sucedía.
-¡¿Qué es esto?! –preguntó el Chico de Madera, malherido por los ataques -¡No puedo ver casi nada!
-¡Jajaja! –se rió Gordicia, quien observaba a las 5 C tratando en vano de disipar el humo -¡Ese humo rojo está escaneándolos, y pronto me dirá sus características que los hacen únicos! ¡Entonces, contemplarán el poder del Código de Ética Publicitaria!
El denso humo se disipó, y las 5 C pudieron volver a ver todo lo que pasaba. Gordicia se había levantado de su escritorio, y ahora se encontraba frente a ellos.
-¿Listos para sentir la furia del Código? –preguntó Gordicia, y se preparó a atacar -¡Pues aquí va!
La ama y señora de la UPK miró al malherido Mono Calato, y lo señaló con su dedo porcino.
-¡No estarás desnudo!
El Mono Calato empezó a retorcerse de dolor, como si todos sus músculos y órganos estuviesen siendo golpeados por dentro y por fuera.
-¡AHHHH! –gritaba el Mono, agonizando -¡DETÉNGANLO!
Gordicia sonrió malignamente, y continuó recitando el Código de Ética Publicitaria.
-¡Tu cuerpo no estará hecho de madera!
El Chico de Madera empezó a gritar y gemir, sintiendo como su cuerpo se resquebrajaba y se contraía, torturándolo con un dolor indescriptible.
¡Detente, por favor! –le gritaba el Gordo a su madre, con lágrimas en los ojos -¡Tú no eres así, tú no eres tan despiadada!
-¡Claro que lo soy! –exclamó Gordicia, con orgullo -¡Y ahora verán cuán más despiadada puedo ser!
El Mono Calato y el Chico de Madera seguían retorciéndose de dolor por la constante tortura del Código, y chorros de sangre y aceite se mezclaban con los gritos de agonía.
-¡No brillarás!
Ante las palabras de Gordicia, el Kuraka se unió a sus dos compañeros en el dolor. Su cuerpo empezó a contraerse compulsivamente, el manto inca se rasgó por todas partes, y los gritos y aullidos se volvieron insoportables.
-¡DETENTE! –siguió gritando el Gordo, tapándose los ojos para no ver, pues ahora era el Varón quien empezaba a llorar y gritar por la tortura.
-¡No serás ambiguo!
El Gordo no podía soportar ver a sus cuatro compañeros retorcerse de dolor en el suelo y chillar como si les estuviesen arrancando las extremidades, pero no podía hacer nada. Había quedado paralizado otra vez, y parte de su miseria y dolor se debía a eso.
-¡Ahora es tu turno! –dijo Gordicia, mirando al atormentado Gordo.
-Gor…do…hu…ye…ahhhhhhh…-trataba de decir el Kuraka, pero el dolor ya no lo dejaba articular palabra alguna. Él, al igual que el Varón, el Mono y el Chico de Madera, estaba a punto de caer inconsciente.
Gordicia apuntó al gordo con su mano porcina, y se preparó a recitar el Código de Ética Publicitaria.
-¡No serás gor…!
El Gordo había cerrado los ojos para no ver, pero nada sucedió. Gordicia no había podido terminar de pronunciar su ataque, y la razón le era desconocida.
-¿Qué dámier pasa? –se preguntaba Gordicia, intentando en vano herir al Gordo -¡No serás…ahhh!
El ama y señora de la UPK empezó a perder el control al ver que era incapaz de finalizar la frase y herir al Gordo, quien se encontraba justo en frente de ella.
-¡Maldito! ¡¿Por qué no puedo atacarte?! ¡Responde! –comenzó a gritar, desesperada.
“¡Eso es!”, pensó de pronto el Gordo, viendo como su madre trataba en vano de herirlo. “No puede usar su poder, pues si dijese “No serás gordo”, ¡el Código de Ética la atacaría a ella también!”
-¡No serás gor…! ¡No serás…! –continuaba Gordicia, tratando en vano de herir a su redondo hijo.
“Tengo que aprovechar esta oportunidad y atacarla mientras está confundida”, se dijo a si mismo el Gordo, y reunió todas sus fuerzas para un último ataque. “Mis amigos cuentan conmigo, ¡no puedo defraudarlos!”
El Gordo se colocó justo en frente de su madre, quien continuaba tratando de utilizar el Código de Ética Publicitaria, y soltó el Eructo Wii más fuerte y poderoso que jamás había logrado.
-¡Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
Gordicia salió volando por los aires hasta el fondo del Despacho de la Malignidad, e impactó contra los cientos de espejos que se encontraban detrás de su escritorio. La pérdida de concentración y de energías provocó que el Código de Ética Publicitaria cesara de funcionar, y el Varón, el Kuraka, el Mono Calato y el Chico de Madera dejaron de retorcerse.
-¡Amigos! –exclamó el Gordo, corriendo a socorrer a los heridos -¿Están bien?
-He estado mejor… -dijo, con dificultad, el Kuraka, poniéndose de pie.
-Lo lograste, Gordo –felicitó el Mono a su compañero, tratando de no perder el equilibrio debido a la falta de cola -¡Pudiste vencer tus miedos y enfrentarte a tu madre!
-No canten victoria tan rápido, insectos –dijo Gordicia, haciendo a un lado los fragmentos rotos de cristal que la cubrían – ¡Ni piensen que un ataque así me va derrotar!
-¡Dámier! ¡Es invencible! –exclamó el Varón, incrédulo -¡Ni el súper Eructo Wii del Gordo la pudo vencer!
Gordicia comenzó a avanzar, victoriosa, hacia las 5 C, que ya se encontraban de pie.
-¡Jajaja! –se rió la ama y señora de la UPK -¡Esta vez, mi Código no fallara, y los…!
-Vaya, que escena tan emocionante.
La voz de Pesadillo desconcertó a todos los presentes por igual. Tanto Gordicia como las 5 C giraron sus cabezas hacia la puerta del Despacho de la Malignidad, por donde el secuaz acababa de hacer su ingreso.
-¿Pesadillo? ¿Qué demonios estás haciendo aquí? –preguntó, desconcertada, Gordicia -¡Vuelve al laboratorio y termina con mi experimento!
-Me temo que eso no será posible –respondió Pesadillo, con una sonrisa.
-¿Qué dámier estás diciendo? –empezó a desesperarse Gordicia, sin entender -¡Haz lo que te digo!
-Se acabaron las órdenes, sucia inmunda –dijo Pesadillo, mirando con desprecio a su antigua ama y señora –Por bastante tiempo he soportado tu presencia y tu voz, pero finalmente tengo lo que necesito.
Pesadillo señaló al maletín que cargaba en una mano, del cual brotaba un ligero brillo color verde.
-¿Qué es lo que…? ¡NO! –exclamó Gordicia, al darse cuenta lo que había en el maletín -¡Maldita rata, te estás robando mis muestras!
-Nunca fueron tuyas, Gordicia –dijo Pesadillo, complacido –Este experimento fue iniciado por el Maestro: tú solo eras un peón, un instrumento para conseguir secuaces y proteger este sitio mientras yo obtenía las muestras.
-¡El Maestro me prometió que yo me las quedaría, y así podría usarlas para…!
-El Maestro te mintió –interrumpió Pesadillo a Gordicia, saboreando el momento -¿En verdad creíste que hicimos todo esto solo para que dejaras de ser una gorda repugnante? El Maestro necesitaba las muestras para su cliente, y te utilizamos para obtenerlas. Así de simple. En ningún momento se nos ocurrió siquiera enseñártelas, pero yo quería que las vieses ahora para que sepas lo que jamás tendrás, patética lacaya. A nosotros no nos importa una dámier lo que te pase, Gordicia, solo te usamos para nuestros fines.
Gordicia no podía creer la traición que se había cometido en contra de ella. Todo lo que había hecho, todos los meses que había invertido en reunir un grupo de secuaces, habían sido por la ilusión de volver a ser joven y delgada. Ahora, se daba cuenta de que la habían engañado.
-El Maestro sabía que si te prometía la delgadez y juventud eternas, accederías a cualquier cosa que él te pidiera –continuó Pesadillo, sonriente –Me ordenó unirme a tu grupo de secuaces y encargarme personalmente de extraer y tratar las muestras de sangre de las prisioneras. Una vez que el proceso estuviese completado, regresaría donde él…luego de haberte eliminado.
-¡No! –gritó Gordicia, con lágrimas en los ojos -¡No puede ser! ¡El Maestro no puede haberme traicionado así!
-Ya no nos sirves, gorda –dijo Pesadillo, sintiéndose más poderoso que nunca –El Maestro te quiere muerta, para que nunca cuentes a nadie sobre esto.
Gordicia comenzó a llorar, sus lágrimas cayendo por las redondas mejillas hasta llegar al frío suelo del Despacho de la Malignidad.
-¡Eres un maldito! –gritó el Gordo a Pesadillo, furioso -¡¿Cómo te atreves a haber manejado así a mi madre, a humillarla de esa manera?!
El Gordo sabía que Gordicia los había hecho sufrir, que había secuestrado a Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola, y que había intentado matarlos, pero ahora comprendía que todo aquello lo había hecho por orden del Maestro. Había sido manipulada desde el momento en que, dos años antes, aquél Maestro se había aparecido en la puerta de su casa, lleno de promesas falsas. El Gordo no podía hacer más que sentir lástima y pena por su madre.
-No se preocupen, ustedes serán los siguientes –dijo Pesadillo, preparándose a matar a Gordicia –Ha llegado tu fin, escoria miserable.
-¡Hijo de…! –trataba de maldecir Gordicia, pero el llanto incontrolable no la dejaba hablar.
-¡Jajaja! –se burló Pesadillo, avanzando hacia su presa -¡Mira cuán patética eres! ¡Me das asco!
Gordicia levantó la mirada, y sus ojos húmedos brillaban con puro odio y rencor.
-¡MUERE MALDITO! –gritó con toda su alma, y se preparó a atacar -¡Brie...!
-¡Estado de la Destrucción!
Una fuerte explosión sacudió el cuarto entero, y Gordicia salió volando por los aires, en llamas, hasta impactar con la pared del fondo, agrietándola por completo.
-¡MADRE! –gritó el Gordo, luego de ver la fuerza con la cual el ataque de Pesadillo había impactado en Gordicia.
-¡Pero que débil! –rió Pesadillo, viendo el cuerpo humeante de Gordicia, que trataba de ponerse de pie nuevamente –No pensé que fueses tan fácil de derribar, ¡si solo te he golpeado una vez!
-Mal…di…to… -decía Gordicia con dificultad, pero el Estado de la Destrucción la había dejado demasiado malherida.
-¡Tenemos que hacer algo! –dijo el Gordo, mirando a sus compañeros, y empezó a correr hacia donde estaba Gordicia -¡Madre!
-¡Pie de página!
El Gordo cayó al suelo, sus pies atrapados por el ataque de Pesadillo. El secuaz volvió a mirar a Gordicia, y se preparó a terminar con ella.
-Esta vez no quedará nada de ti. ¡Estado de la…!
-¡SUFICIENTE!
La puerta del Despacho de la Malignidad se abrió de golpe, y Chomsky voló hasta quedar entre Gordicia y Pesadillo.
-¡Chomsky! –dijo, sorprendido, Pesadillo, pues no contaba con que el marrón secuaz se apareciera en ese preciso instante –Esto es entre Gordicia y yo, ¡apártate!
-Estaba seguro que tú eras el traidor –dijo Chomsky, ayudando a Gordicia a incorporarse –Nunca confié en tus métodos, en tu sonrisa falsa, en tu venia hipócrita. Sabía que algo así sucedería, y por suerte he llegado antes que sea muy tarde.
-¡No dejaré que interfieras, marrón! –exclamó Pesadillo, poniéndose en posición de pelea -¡Este plan es mucho mas grande de lo que te imaginas, y el Maestro no tolera fracasos!
-Tendrá que tolerarlos esta vez –dijo Chomsky, y se preparó a atacar al secuaz-¡Caso de Genie!
Pesadillo esquivó el rayo y saltó por encima del escritorio hasta caer detrás de su adversario. Chomsky volteó rápidamente, justo a tiempo para ver como Pesadillo se disponía a usar su poder.
-¡Estado de la Destrucción!
El rayo de Pesadillo voló en dirección a Chomsky, el cual había extendido sus manos en un intento de detenerlo. Chomsky logró resistir la bola de fuego por unos instantes sin que ésta hiciera explosión, pero finalmente cedió.
-¡Chomsky! –gritaron las 5 C, al ver que su aliado volaba por los aires.
Pesadillo no perdió el tiempo: empezó a correr hacia donde su enemigo había caído, y se dispuso a volver a atacarlo.
-¡Estado de la….!
-¡Súper DD!
Una bola de energía azul impactó en Pesadillo y lo derribó con fuerza, interrumpiendo su poder.
-No será tan fácil vencerme, traidor –dijo Chomsky, poniéndose de pie -¡Caso de…!
-¡Fichas de Resumen!
Los papeles cortantes volaron en dirección a Chomsky, el cual los detuvo con un rápido movimiento de su capa roja. Pesadillo ahora se encontraba frente a frente con su adversario, y estaba furioso.
-¡Maldito! –exclamó, humillado, el secuaz.
-¿A eso le llamas poder? –dijo Chomsky, listo para atacar -¡Súper DD!
-¡Estado de la Destrucción!
El rayo de fuego de Pesadillo y la bola de energía de Chomsky impactaron, provocando una fuerte explosión que hizo volar por los aires a todos los presentes, y desintegró el escritorio de Gordicia.
-¡Dámier! –exclamó el Varón, viendo como Chomsky y Pesadillo volvían a ponerse de pie -¡Son muy poderosos!
-Sin duda alguna –dijo el Kuraka, observando la batalla con atención.
-¡Ya es suficiente de esto! –gritó Pesadillo, y se volteó a mirar a Gordicia -¡Te exterminaré ahora mismo, y me largaré de aquí! ¡Estado de la…!
-¡Afasia de Broca!
El rayo de Chomsky voló con gran velocidad en dirección a Pesadillo, el cual casi no tuvo tiempo de reaccionar. En el último instante, el secuaz logró coger uno de los espejos rotos del suelo y ponerlo en frente de él, desviando el ataque. La Afasia de Broca voló hacia un costado, e impactó en la distraída Gordicia.
-¡NO! –exclamó Chomsky, corriendo hacia su maestra -¡Señora Gordicia!
-¿Qué dámier está pasando? –preguntó el Mono Calato, sin entender por qué Chomsky se había sobresaltado tanto.
-La Afasia de Broca tiene como efecto la pérdida completa de la memoria -explicó el Chico de Madera a su compañero –Una vez Chomsky intentó usarla contra mí, pero me salvé por ser de madera.
-¿Eso quiere decir que…? –empezó a decir el Varón, pero sus dudas se confirmaron en cuanto Gordicia habló.
-¿Qué…dónde estoy? –preguntó Gordicia a Chomsky, completamente confundida -¿Quiénes son todos ustedes? ¿Qué es este lugar?
-¡Jajaja! ¡Mira lo que hiciste! –rió Pesadillo, viendo como Chomsky ayudaba a levantarse a la amnésica Gordicia -¡Le borraste la memoria a tu propia ama!
-¡Madre! –gritó el Gordo, y corrió a abrazar a Gordicia, la cual lo miró extrañada.
-No hay nada que hacer –dijo Chomsky, negando con la cabeza –Ha perdido por completo sus recuerdos: no se acordará ni de quién es, ni de que tuvo un…
Chomsky paró de hablar, incrédulo por lo que veía. La expresión de Gordicia había cambiado, y parecía reconocer al redondo individuo que la abrazaba.
-¿Hijo? –dijo Gordicia, viendo detenidamente al Gordo -¿Eres…eres tú?
-¡Sí! –exclamó el Gordo, con lágrimas en los ojos -¡Soy yo! ¡Soy yo!
Madre e hijo se abrazaron, y por fin el Gordo fue feliz, después de dos años de soledad y miseria.
-Pero… ¿cómo? –se preguntó Chomsky, confundido –La Afasia de Broca debió haberle borrado toda la memoria. ¿Mi señora Gordicia, me recuerda?
-¿Quién eres tú? –preguntó Gordicia, confundida, y luego volteó a mirar al resto de los presentes, incapaz de reconocer a nadie –No conozco a nadie aquí… solo a mi hijo… ¿dónde estoy?
-¡Estamos en la Macultad de Experimentaciones, dentro de la UPK! –explicó el Chico de Madera, pero Gordicia seguía confundida.
-¿Macultad…? ¿UPK…? –trató de recordar, pero era imposible –Lo último que recuerdo es que estaba viendo televisión con mi hijo, y entonces sonó el timbre, y…
-¡Eso es! –exclamó el Kuraka, de pronto -¡Gordicia solo recuerda su vida antes del encuentro con el Maestro! ¡El efecto que tenía sobre ella se ha roto!
-¡Madre, eres tú de nuevo! –dijo el Gordo, emocionado, y volvió a abrazar a Gordicia.
-Bueno bueno, que conmovedora reunión –se burló Pesadillo, acercándose a la puerta –Visto que Gordicia ha olvidado todo acerca del experimento y las muestras, creo que no tendré necesidad de matarla. ¡Hasta la vista, perdedores!
-¡No dejen que se escape! –gritó Chomsky, viendo como Pesadillo salía corriendo por la puerta del Despacho, con el maletín en mano.
-¡Yo me encargaré de eso! –dijo el Mono Calato, y sacó la última banana que quedaba en el racimo que le dio Spoon -¡Banana Viajera!
El Mono lanzó la banana con todas sus fuerzas hacia Pesadillo. El secuaz, que ya conocía los efectos del ataque, volteó bruscamente, se sacó su larga nariz, y lanzó contra la banana.
-¡Ñata Voladora!
La nariz de Pesadillo impactó contra la Banana Viajera, derribándola, y luego volvió a sus manos.
-¡Nos vemos! –exclamó Pesadillo, colocándose de vuelta su nariz, y saltó por la baranda de la Macultad de Experimentaciones, aterrizando dentro de su Jeep de la Kuestión. Las 5 C, Chomsky y Gordicia escucharon el sonido del motor que se alejaba.
-¡Dámier! –dijo, molesto, el Varón -¡Ese maldito se escapó!
El Gordo ayudó a su malherida madre a levantarse, y se la llevó a una esquina.
-No te preocupes, madre, pronto estaremos en un lugar seguro.
Las demás 5 C se voltearon para ver a Chomsky, el cual mostraba tristeza.
-Ya no hay nada para mí en este lugar –dijo el secuaz, mirando a su alrededor –Mi ama y señora no recuerda quién soy, el Plan ha terminado, y ustedes han ganado.
-¿Qué piensas hacer ahora, Chomsky? –preguntó el Mono Calato, más acostumbrado a no tener cola que antes.
-Volveré a mi ciudad natal, y haré algo bueno con mi vida –respondió el secuaz, con una pizca de esperanza –Quizás incluso llegue a cumplir con mi sueño, enseñar…
-Ahora tenemos que volver a la Cuanticueva, donde Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola nos están esperando –dijo el Chico de Madera.
-Usaré mi Banana Viajera –dijo el Mono Calato, recogiendo del piso la fruta que había intentado utilizar contra Pesadillo.
-Spoon y la Granja Show deben estar viniendo a ayudarnos –recordó el Varón, sonriendo –Se darán una sorpresa cuando vean que todo ha…
El Varón se detuvo al ver que sus demás compañeros miraban hacia atrás con expresión de terror y miedo. Encima de la cabeza de Chomsky, una niebla oscura y densa empezaba a descender rápidamente.
-¡CHOMSKY, MUÉVETE! –gritó el Kuraka con todas sus fuerzas, pero era muy tarde: la nube oscura penetró por los oídos de Chomsky, y empezó a poseerlo. Los ojos del secuaz comenzaron a brillar con un rojo incandescente, y la Fuerza Maligna terminó de tomar control de su cuerpo.
-¡Tú! –exclamó el Varón, viendo al poseído Chomsky que sonreía con satisfacción -¡Eres la Fuerza Maligna!
-¡Jajajaja! ¡Pedazos de dámier! –empezó a decir la Fuerza Maligna, utilizando la voz y el cuerpo de Chomsky -No pensaron que me habían derrotado en la Torre de los Sueños, ¿verdad? ¡Había estado esperando que quedaran solos ustedes y Chomsky, para que bajaran la guardia! ¡Ahora tengo acceso a las habilidades más poderosas de este marrón!
-¡Así que tu eres la famosa Fuerza Maligna! –dijo el Chico de Madera, disimulando el miedo -¡Pues no dejaremos que escapes esta vez! ¡Aun así tengamos que destruir el cuerpo de Chomsky!
-Uy, ¡que miedo! –se burló la Fuerza Maligna, y el cuerpo de Chomsky se preparó a atacar. La pelea final de la UPK estaba por comenzar.
Continúa en PARTE 2





