martes, 20 de noviembre de 2007

Capitulo 19 - Hasta las Gordas con Complejo de Malignidad Lloran (PARTE 1)

La enorme puerta del Despacho de la Malignidad se encontraba frente a las 5 C. El Varón se acercó a la cerradura, y utilizó su Poder Cuántico.

-¡Confusión Ambigua!

Los intrincados mecanismos de la puerta de Gordicia se confundieron, hundiéndose en eterna ambigüedad. Con un sonoro clic, la cerradura cedió, y la puerta de abrió de par en par.

-Llegó la hora de la verdad –dijo el Chico de Madera.

Los cinco compañeros cuánticos ingresaron en la guarida de Gordicia. El cuarto era de grandes dimensiones, lleno de espejos de todas las formas y tamaños. Al fondo, detrás de un gran escritorio de caoba, se encontraba sentada la maestra y ama de la Unión Perversa Kuántica.

-Los he estado esperando… -dijo Gordicia, con confianza y algo de burla.

-Gordicia, esta vez no tenemos nada que temer –empezó a decir el Kuraka –Esta es tu última oportunidad para arrepentirte de tu deseo de continuar con el Plan Maligno, y volver a ser la persona que eras antes.

-¡Jajaja! –se rió Gordicia, maquiavélicamente -¡Nunca! ¡Jamás! ¡Mi Plan Maligno se llevará a cabo, cueste lo que cueste!

“Ahora es el turno del Gordo”, pensó el Kuraka, haciendo alusión al plan que él y sus compañeros habían decidido seguir mientras subían las interminables escaleras de la Macultad de Experimentaciones.

El Mono Calato, el Varón Ron Ron, el Kuraka y el Chico de Madera dieron un paso atrás, y el Gordo dio dos pasos adelante.

-¡Madre! –exclamó el Gordo, decididamente, mirando a los ojos a Gordicia.

La ama y señora de la UPK sostuvo la mirada porcina del Gordo por unos instantes, y su gesto empezó a deformarse. Gordicia parecía recordar a la redonda persona que se encontraba delante de ella, pero no lograba descifrar de quién se trataba.

-¡Tu! –dijo de pronto, señalando al Gordo -¡Yo te conozco! ¿Por qué me has dicho madre?

“Como lo sospechábamos”, pensó el Kuraka, viendo la escena con detenimiento. “Le han lavado el cerebro. Durante su estadía en el castillo, el Maestro la debe haber hipnotizado y reprogramado de alguna manera, borrando los recuerdos de su vida pasada”.

-¡Porque eso es lo que eres! –dijo el Gordo a su madre -¡Tú no eres Gordicia de la UPK, tú eres mamá de mi casa!

-¡Mentiras! –exclamó Gordicia, confundida y iracunda -¡Yo no tengo hijos! ¡Yo soy pura maldad! ¡Mi única misión es llevar acabo mi Plan Maligno y volver a ser joven y delgada!

Gordicia se llevó las manos a la cabeza, como si estuviese teniendo una fuerte jaqueca, y empezó a tirar y romper las cosas de su escritorio.

-¡No! ¡Nunca! –gritaba el ama y señora de la UPK, mientras destrozaba todo lo que tenía cerca -¡No me convencerán de que eso es cierto! ¡Briefs!

Una lluvia de papeles cortantes voló con increíble velocidad hacia las 5 C. El Gordo, sin embargo, estaba preparado y, antes que los Briefs de Gordicia pudieran llegar a ellos, utilizó su técnica especial.

-¡Eructo Wii!

Los Briefs de Gordicia perdieron más de la mitad de su poder y velocidad, y el Gordo pudo esquivarlos sin demasiada dificultad. Una vez que los papeles voladores habían pasado por su redondo compañero, el Chico de Madera, que se encontraba detrás con las demás 5 C, usó su poder.

-¡Ataque Furioso de la Astilla Pilla!

Las astillas voladoras impactaron contra los debilitados Briefs de Gordicia, y los detuvieron por completo. Fue entonces que el Varón Ron Ron corrió, se impulsó en la cola del Mono Calato, y realizó un gran salto hasta caer frente a la confundida Gordicia.

-¡Confusión Ambigua!

La ambigüedad Ronrónica confundió a Gordicia aún más, y la líder y señora de la UPK cayó desmayada detrás de su escritorio.

-¡Lo logramos! –exclamó el Gordo, emocionado -¡Ahora podemos llevarla a la Cuanticueva y tenerla ahí sedada hasta encontrar una forma de devolverla a su antigua forma de ser!

-Tendremos que encontrar al Maestro –dijo el Kuraka, mirando a los cientos de espejos del Despacho de la Malignidad –Solo él podrá deshacer lo que hizo.

Mientras las 5 C planeaban sus siguientes movimientos, una sutil escena tenía lugar sobre ellos. Una mano salió por la apertura del ducto de ventilación, justo encima del escritorio de caoba, y dejó caer algo muy pequeño. El caramelo descendió por los aires y terminó dentro de la boca de la desmayada Gordicia, quien lo engulló en un acto reflejo.

-Entonces eso haremos –asintió el Kuraka, luego de escuchar las propuestas de sus demás compañeros cuánticos –Mono, prepara tu Banana Viajera para volver a la Cuanticueva.

-¡Muy bien! –dijo el Mono, y sacó la última banana que quedaba en el racimo –Mientras la programo, vayan recogiendo a…

El Mono Calato se detuvo en seco cuando vio que Gordicia ya no se encontraba tirada en el piso detrás de su escritorio.

-¿Qué…qué…? –empezó a preguntar, pero fue interrumpido por un inmenso dolor. Gordicia había aparecido justo detrás de él, y había pisado su cola con todas sus fuerzas.

-¡Estoy de vuelta, insectos! –exclamó Gordicia, riéndose, y sostuvo con una mano del sorprendido Mono Calato.

-¡Briefs!

Los papeles cortantes de Gordicia no se esparcieron: en vez de eso, se concentraron en un solo punto de ataque. Los Briefs rebanaron la cola del Mono Calato, el cual cayó al piso retorciéndose de dolor.

-¡Ahhhh! –chillaba el Mono, tocándose la herida abierta de la cual antes salía su cola, maldiciendo a Gordicia sin parar -¡Maldita dámier! ¡Te voy a matar! ¡Hija de…!

-¡Briefs!

Luego de silenciar al Mono con una patada en el estómago, Gordicia utilizó su técnica especial en las demás 5 C, quienes fueron tomados desprevenidos. Los Briefs hirieron gravemente a los cuatro cuánticos compañeros, los cuales cayeron al suelo derrotados.

-No se qué paso, ¡pero ahora tengo más poder que nunca! –exclamó Gordicia, mirando a sus derrumbadas víctimas.

El Chico de Madera hizo un esfuerzo, y canalizó sus energías para realizar un ataque.

-¡Ataque Furioso de la Astilla Pilla!

Las astillas de caoba volaron hacia Gordicia, pero rebotaron en la sebosa y grotesca barriga de la maestra de la UPK.

-¡No! ¡No puede ser! –exclamó, incrédulo, el Chico de Madera.

-¡Tuminae Animate! –gritó el Kuraka, abriéndose su manto inca. Un resplandor enceguecedor invadió el cuarto pero, antes que el Tumi de Oro comenzase a crecer, Gordicia tomó uno de los espejos del despacho y reflejó el ataque del Kuraka.

-¡Toma esto, doradito! –dijo Gordicia, viendo como la energía lumínica del Tumi de Oro rebotaba en el cristal y golpeaba al Kuraka, mandándolo a volar por los aires.

-¡Kuraka! –exclamó el Gordo, al ver a su amigo chocar contra la pared y caer, magullado, al piso –¡Ya es suficiente, madre! ¡Detente!

-¡Te dije que no soy tu madre! –gritó Gordicia, con furia y odio -¡Ahora conocerán mi poder más poderoso, mi técnica más tecnicosa, mi maldad mas maldita!

El Mono Calato había logrado detener la hemorragia, y la herida ya no le sangraba. Se puso de pie con dificultad, pues toda su vida había tenido la ayuda de su cola para lograr el equilibrio. El Gordo ayudó al Kuraka a incorporarse, mientras el Chico de Madera y el Varón se acercaban al Mono para evitar que se esforzara demasiado.

-¡Mono, acabas de perder la cola, no intentes caminar! –le decía el Varón a su compañero, pero el Mono Calato no escuchaba.

-¡Lo siento Gordo, pero voy a acabar con esta dámier, aunque sea tu madre! –dijo el Mono con odio y cólera, tratando de caminar hacia donde estaba Gordicia, pero perdió el equilibrio y cayó de nuevo al suelo.

-Patéticos… -se burlaba Gordicia, y volvió a colocarse detrás de su escritorio –Ahora verán la técnica especial de la ama y señora de la UPK. ¡Código de Ética Publicitaria!

Con las palabras de Gordicia, un aura extraña invadió el Despacho de la Malignidad. Una humo rojo y denso rodeó a las 5 C, impidiéndoles distinguir lo que sucedía.

-¡¿Qué es esto?! –preguntó el Chico de Madera, malherido por los ataques -¡No puedo ver casi nada!

-¡Jajaja! –se rió Gordicia, quien observaba a las 5 C tratando en vano de disipar el humo -¡Ese humo rojo está escaneándolos, y pronto me dirá sus características que los hacen únicos! ¡Entonces, contemplarán el poder del Código de Ética Publicitaria!

El denso humo se disipó, y las 5 C pudieron volver a ver todo lo que pasaba. Gordicia se había levantado de su escritorio, y ahora se encontraba frente a ellos.

-¿Listos para sentir la furia del Código? –preguntó Gordicia, y se preparó a atacar -¡Pues aquí va!

La ama y señora de la UPK miró al malherido Mono Calato, y lo señaló con su dedo porcino.

-¡No estarás desnudo!

El Mono Calato empezó a retorcerse de dolor, como si todos sus músculos y órganos estuviesen siendo golpeados por dentro y por fuera.

-¡AHHHH! –gritaba el Mono, agonizando -¡DETÉNGANLO!

Gordicia sonrió malignamente, y continuó recitando el Código de Ética Publicitaria.

-¡Tu cuerpo no estará hecho de madera!

El Chico de Madera empezó a gritar y gemir, sintiendo como su cuerpo se resquebrajaba y se contraía, torturándolo con un dolor indescriptible.

¡Detente, por favor! –le gritaba el Gordo a su madre, con lágrimas en los ojos -¡Tú no eres así, tú no eres tan despiadada!

-¡Claro que lo soy! –exclamó Gordicia, con orgullo -¡Y ahora verán cuán más despiadada puedo ser!

El Mono Calato y el Chico de Madera seguían retorciéndose de dolor por la constante tortura del Código, y chorros de sangre y aceite se mezclaban con los gritos de agonía.

-¡No brillarás!

Ante las palabras de Gordicia, el Kuraka se unió a sus dos compañeros en el dolor. Su cuerpo empezó a contraerse compulsivamente, el manto inca se rasgó por todas partes, y los gritos y aullidos se volvieron insoportables.

-¡DETENTE! –siguió gritando el Gordo, tapándose los ojos para no ver, pues ahora era el Varón quien empezaba a llorar y gritar por la tortura.

-¡No serás ambiguo!

El Gordo no podía soportar ver a sus cuatro compañeros retorcerse de dolor en el suelo y chillar como si les estuviesen arrancando las extremidades, pero no podía hacer nada. Había quedado paralizado otra vez, y parte de su miseria y dolor se debía a eso.

-¡Ahora es tu turno! –dijo Gordicia, mirando al atormentado Gordo.

-Gor…do…hu…ye…ahhhhhhh…-trataba de decir el Kuraka, pero el dolor ya no lo dejaba articular palabra alguna. Él, al igual que el Varón, el Mono y el Chico de Madera, estaba a punto de caer inconsciente.

Gordicia apuntó al gordo con su mano porcina, y se preparó a recitar el Código de Ética Publicitaria.

-¡No serás gor…!

El Gordo había cerrado los ojos para no ver, pero nada sucedió. Gordicia no había podido terminar de pronunciar su ataque, y la razón le era desconocida.

-¿Qué dámier pasa? –se preguntaba Gordicia, intentando en vano herir al Gordo -¡No serás…ahhh!

El ama y señora de la UPK empezó a perder el control al ver que era incapaz de finalizar la frase y herir al Gordo, quien se encontraba justo en frente de ella.

-¡Maldito! ¡¿Por qué no puedo atacarte?! ¡Responde! –comenzó a gritar, desesperada.

“¡Eso es!”, pensó de pronto el Gordo, viendo como su madre trataba en vano de herirlo. “No puede usar su poder, pues si dijese “No serás gordo”, ¡el Código de Ética la atacaría a ella también!”

-¡No serás gor…! ¡No serás…! –continuaba Gordicia, tratando en vano de herir a su redondo hijo.

“Tengo que aprovechar esta oportunidad y atacarla mientras está confundida”, se dijo a si mismo el Gordo, y reunió todas sus fuerzas para un último ataque. “Mis amigos cuentan conmigo, ¡no puedo defraudarlos!”

El Gordo se colocó justo en frente de su madre, quien continuaba tratando de utilizar el Código de Ética Publicitaria, y soltó el Eructo Wii más fuerte y poderoso que jamás había logrado.

-¡Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

Gordicia salió volando por los aires hasta el fondo del Despacho de la Malignidad, e impactó contra los cientos de espejos que se encontraban detrás de su escritorio. La pérdida de concentración y de energías provocó que el Código de Ética Publicitaria cesara de funcionar, y el Varón, el Kuraka, el Mono Calato y el Chico de Madera dejaron de retorcerse.

-¡Amigos! –exclamó el Gordo, corriendo a socorrer a los heridos -¿Están bien?

-He estado mejor… -dijo, con dificultad, el Kuraka, poniéndose de pie.

-Lo lograste, Gordo –felicitó el Mono a su compañero, tratando de no perder el equilibrio debido a la falta de cola -¡Pudiste vencer tus miedos y enfrentarte a tu madre!

-No canten victoria tan rápido, insectos –dijo Gordicia, haciendo a un lado los fragmentos rotos de cristal que la cubrían – ¡Ni piensen que un ataque así me va derrotar!

-¡Dámier! ¡Es invencible! –exclamó el Varón, incrédulo -¡Ni el súper Eructo Wii del Gordo la pudo vencer!

Gordicia comenzó a avanzar, victoriosa, hacia las 5 C, que ya se encontraban de pie.

-¡Jajaja! –se rió la ama y señora de la UPK -¡Esta vez, mi Código no fallara, y los…!

-Vaya, que escena tan emocionante.

La voz de Pesadillo desconcertó a todos los presentes por igual. Tanto Gordicia como las 5 C giraron sus cabezas hacia la puerta del Despacho de la Malignidad, por donde el secuaz acababa de hacer su ingreso.

-¿Pesadillo? ¿Qué demonios estás haciendo aquí? –preguntó, desconcertada, Gordicia -¡Vuelve al laboratorio y termina con mi experimento!

-Me temo que eso no será posible –respondió Pesadillo, con una sonrisa.

-¿Qué dámier estás diciendo? –empezó a desesperarse Gordicia, sin entender -¡Haz lo que te digo!

-Se acabaron las órdenes, sucia inmunda –dijo Pesadillo, mirando con desprecio a su antigua ama y señora –Por bastante tiempo he soportado tu presencia y tu voz, pero finalmente tengo lo que necesito.

Pesadillo señaló al maletín que cargaba en una mano, del cual brotaba un ligero brillo color verde.

-¿Qué es lo que…? ¡NO! –exclamó Gordicia, al darse cuenta lo que había en el maletín -¡Maldita rata, te estás robando mis muestras!

-Nunca fueron tuyas, Gordicia –dijo Pesadillo, complacido –Este experimento fue iniciado por el Maestro: tú solo eras un peón, un instrumento para conseguir secuaces y proteger este sitio mientras yo obtenía las muestras.

-¡El Maestro me prometió que yo me las quedaría, y así podría usarlas para…!

-El Maestro te mintió –interrumpió Pesadillo a Gordicia, saboreando el momento -¿En verdad creíste que hicimos todo esto solo para que dejaras de ser una gorda repugnante? El Maestro necesitaba las muestras para su cliente, y te utilizamos para obtenerlas. Así de simple. En ningún momento se nos ocurrió siquiera enseñártelas, pero yo quería que las vieses ahora para que sepas lo que jamás tendrás, patética lacaya. A nosotros no nos importa una dámier lo que te pase, Gordicia, solo te usamos para nuestros fines.

Gordicia no podía creer la traición que se había cometido en contra de ella. Todo lo que había hecho, todos los meses que había invertido en reunir un grupo de secuaces, habían sido por la ilusión de volver a ser joven y delgada. Ahora, se daba cuenta de que la habían engañado.

-El Maestro sabía que si te prometía la delgadez y juventud eternas, accederías a cualquier cosa que él te pidiera –continuó Pesadillo, sonriente –Me ordenó unirme a tu grupo de secuaces y encargarme personalmente de extraer y tratar las muestras de sangre de las prisioneras. Una vez que el proceso estuviese completado, regresaría donde él…luego de haberte eliminado.

-¡No! –gritó Gordicia, con lágrimas en los ojos -¡No puede ser! ¡El Maestro no puede haberme traicionado así!

-Ya no nos sirves, gorda –dijo Pesadillo, sintiéndose más poderoso que nunca –El Maestro te quiere muerta, para que nunca cuentes a nadie sobre esto.

Gordicia comenzó a llorar, sus lágrimas cayendo por las redondas mejillas hasta llegar al frío suelo del Despacho de la Malignidad.

-¡Eres un maldito! –gritó el Gordo a Pesadillo, furioso -¡¿Cómo te atreves a haber manejado así a mi madre, a humillarla de esa manera?!

El Gordo sabía que Gordicia los había hecho sufrir, que había secuestrado a Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola, y que había intentado matarlos, pero ahora comprendía que todo aquello lo había hecho por orden del Maestro. Había sido manipulada desde el momento en que, dos años antes, aquél Maestro se había aparecido en la puerta de su casa, lleno de promesas falsas. El Gordo no podía hacer más que sentir lástima y pena por su madre.

-No se preocupen, ustedes serán los siguientes –dijo Pesadillo, preparándose a matar a Gordicia –Ha llegado tu fin, escoria miserable.

-¡Hijo de…! –trataba de maldecir Gordicia, pero el llanto incontrolable no la dejaba hablar.

-¡Jajaja! –se burló Pesadillo, avanzando hacia su presa -¡Mira cuán patética eres! ¡Me das asco!

Gordicia levantó la mirada, y sus ojos húmedos brillaban con puro odio y rencor.

-¡MUERE MALDITO! –gritó con toda su alma, y se preparó a atacar -¡Brie...!

-¡Estado de la Destrucción!

Una fuerte explosión sacudió el cuarto entero, y Gordicia salió volando por los aires, en llamas, hasta impactar con la pared del fondo, agrietándola por completo.

-¡MADRE! –gritó el Gordo, luego de ver la fuerza con la cual el ataque de Pesadillo había impactado en Gordicia.

-¡Pero que débil! –rió Pesadillo, viendo el cuerpo humeante de Gordicia, que trataba de ponerse de pie nuevamente –No pensé que fueses tan fácil de derribar, ¡si solo te he golpeado una vez!

-Mal…di…to… -decía Gordicia con dificultad, pero el Estado de la Destrucción la había dejado demasiado malherida.

-¡Tenemos que hacer algo! –dijo el Gordo, mirando a sus compañeros, y empezó a correr hacia donde estaba Gordicia -¡Madre!

-¡Pie de página!

El Gordo cayó al suelo, sus pies atrapados por el ataque de Pesadillo. El secuaz volvió a mirar a Gordicia, y se preparó a terminar con ella.

-Esta vez no quedará nada de ti. ¡Estado de la…!

-¡SUFICIENTE!

La puerta del Despacho de la Malignidad se abrió de golpe, y Chomsky voló hasta quedar entre Gordicia y Pesadillo.

-¡Chomsky! –dijo, sorprendido, Pesadillo, pues no contaba con que el marrón secuaz se apareciera en ese preciso instante –Esto es entre Gordicia y yo, ¡apártate!

-Estaba seguro que tú eras el traidor –dijo Chomsky, ayudando a Gordicia a incorporarse –Nunca confié en tus métodos, en tu sonrisa falsa, en tu venia hipócrita. Sabía que algo así sucedería, y por suerte he llegado antes que sea muy tarde.

-¡No dejaré que interfieras, marrón! –exclamó Pesadillo, poniéndose en posición de pelea -¡Este plan es mucho mas grande de lo que te imaginas, y el Maestro no tolera fracasos!

-Tendrá que tolerarlos esta vez –dijo Chomsky, y se preparó a atacar al secuaz-¡Caso de Genie!

Pesadillo esquivó el rayo y saltó por encima del escritorio hasta caer detrás de su adversario. Chomsky volteó rápidamente, justo a tiempo para ver como Pesadillo se disponía a usar su poder.

-¡Estado de la Destrucción!

El rayo de Pesadillo voló en dirección a Chomsky, el cual había extendido sus manos en un intento de detenerlo. Chomsky logró resistir la bola de fuego por unos instantes sin que ésta hiciera explosión, pero finalmente cedió.

-¡Chomsky! –gritaron las 5 C, al ver que su aliado volaba por los aires.

Pesadillo no perdió el tiempo: empezó a correr hacia donde su enemigo había caído, y se dispuso a volver a atacarlo.

-¡Estado de la….!

-¡Súper DD!

Una bola de energía azul impactó en Pesadillo y lo derribó con fuerza, interrumpiendo su poder.

-No será tan fácil vencerme, traidor –dijo Chomsky, poniéndose de pie -¡Caso de…!

-¡Fichas de Resumen!

Los papeles cortantes volaron en dirección a Chomsky, el cual los detuvo con un rápido movimiento de su capa roja. Pesadillo ahora se encontraba frente a frente con su adversario, y estaba furioso.

-¡Maldito! –exclamó, humillado, el secuaz.

-¿A eso le llamas poder? –dijo Chomsky, listo para atacar -¡Súper DD!

-¡Estado de la Destrucción!

El rayo de fuego de Pesadillo y la bola de energía de Chomsky impactaron, provocando una fuerte explosión que hizo volar por los aires a todos los presentes, y desintegró el escritorio de Gordicia.

-¡Dámier! –exclamó el Varón, viendo como Chomsky y Pesadillo volvían a ponerse de pie -¡Son muy poderosos!

-Sin duda alguna –dijo el Kuraka, observando la batalla con atención.

-¡Ya es suficiente de esto! –gritó Pesadillo, y se volteó a mirar a Gordicia -¡Te exterminaré ahora mismo, y me largaré de aquí! ¡Estado de la…!

-¡Afasia de Broca!

El rayo de Chomsky voló con gran velocidad en dirección a Pesadillo, el cual casi no tuvo tiempo de reaccionar. En el último instante, el secuaz logró coger uno de los espejos rotos del suelo y ponerlo en frente de él, desviando el ataque. La Afasia de Broca voló hacia un costado, e impactó en la distraída Gordicia.

-¡NO! –exclamó Chomsky, corriendo hacia su maestra -¡Señora Gordicia!

-¿Qué dámier está pasando? –preguntó el Mono Calato, sin entender por qué Chomsky se había sobresaltado tanto.

-La Afasia de Broca tiene como efecto la pérdida completa de la memoria -explicó el Chico de Madera a su compañero –Una vez Chomsky intentó usarla contra mí, pero me salvé por ser de madera.

-¿Eso quiere decir que…? –empezó a decir el Varón, pero sus dudas se confirmaron en cuanto Gordicia habló.

-¿Qué…dónde estoy? –preguntó Gordicia a Chomsky, completamente confundida -¿Quiénes son todos ustedes? ¿Qué es este lugar?

-¡Jajaja! ¡Mira lo que hiciste! –rió Pesadillo, viendo como Chomsky ayudaba a levantarse a la amnésica Gordicia -¡Le borraste la memoria a tu propia ama!

-¡Madre! –gritó el Gordo, y corrió a abrazar a Gordicia, la cual lo miró extrañada.

-No hay nada que hacer –dijo Chomsky, negando con la cabeza –Ha perdido por completo sus recuerdos: no se acordará ni de quién es, ni de que tuvo un…

Chomsky paró de hablar, incrédulo por lo que veía. La expresión de Gordicia había cambiado, y parecía reconocer al redondo individuo que la abrazaba.

-¿Hijo? –dijo Gordicia, viendo detenidamente al Gordo -¿Eres…eres tú?

-¡Sí! –exclamó el Gordo, con lágrimas en los ojos -¡Soy yo! ¡Soy yo!

Madre e hijo se abrazaron, y por fin el Gordo fue feliz, después de dos años de soledad y miseria.

-Pero… ¿cómo? –se preguntó Chomsky, confundido –La Afasia de Broca debió haberle borrado toda la memoria. ¿Mi señora Gordicia, me recuerda?

-¿Quién eres tú? –preguntó Gordicia, confundida, y luego volteó a mirar al resto de los presentes, incapaz de reconocer a nadie –No conozco a nadie aquí… solo a mi hijo… ¿dónde estoy?

-¡Estamos en la Macultad de Experimentaciones, dentro de la UPK! –explicó el Chico de Madera, pero Gordicia seguía confundida.

-¿Macultad…? ¿UPK…? –trató de recordar, pero era imposible –Lo último que recuerdo es que estaba viendo televisión con mi hijo, y entonces sonó el timbre, y…

-¡Eso es! –exclamó el Kuraka, de pronto -¡Gordicia solo recuerda su vida antes del encuentro con el Maestro! ¡El efecto que tenía sobre ella se ha roto!

-¡Madre, eres tú de nuevo! –dijo el Gordo, emocionado, y volvió a abrazar a Gordicia.

-Bueno bueno, que conmovedora reunión –se burló Pesadillo, acercándose a la puerta –Visto que Gordicia ha olvidado todo acerca del experimento y las muestras, creo que no tendré necesidad de matarla. ¡Hasta la vista, perdedores!

-¡No dejen que se escape! –gritó Chomsky, viendo como Pesadillo salía corriendo por la puerta del Despacho, con el maletín en mano.

-¡Yo me encargaré de eso! –dijo el Mono Calato, y sacó la última banana que quedaba en el racimo que le dio Spoon -¡Banana Viajera!

El Mono lanzó la banana con todas sus fuerzas hacia Pesadillo. El secuaz, que ya conocía los efectos del ataque, volteó bruscamente, se sacó su larga nariz, y lanzó contra la banana.

-¡Ñata Voladora!

La nariz de Pesadillo impactó contra la Banana Viajera, derribándola, y luego volvió a sus manos.

-¡Nos vemos! –exclamó Pesadillo, colocándose de vuelta su nariz, y saltó por la baranda de la Macultad de Experimentaciones, aterrizando dentro de su Jeep de la Kuestión. Las 5 C, Chomsky y Gordicia escucharon el sonido del motor que se alejaba.

-¡Dámier! –dijo, molesto, el Varón -¡Ese maldito se escapó!

El Gordo ayudó a su malherida madre a levantarse, y se la llevó a una esquina.

-No te preocupes, madre, pronto estaremos en un lugar seguro.

Las demás 5 C se voltearon para ver a Chomsky, el cual mostraba tristeza.

-Ya no hay nada para mí en este lugar –dijo el secuaz, mirando a su alrededor –Mi ama y señora no recuerda quién soy, el Plan ha terminado, y ustedes han ganado.

-¿Qué piensas hacer ahora, Chomsky? –preguntó el Mono Calato, más acostumbrado a no tener cola que antes.

-Volveré a mi ciudad natal, y haré algo bueno con mi vida –respondió el secuaz, con una pizca de esperanza –Quizás incluso llegue a cumplir con mi sueño, enseñar…

-Ahora tenemos que volver a la Cuanticueva, donde Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola nos están esperando –dijo el Chico de Madera.

-Usaré mi Banana Viajera –dijo el Mono Calato, recogiendo del piso la fruta que había intentado utilizar contra Pesadillo.

-Spoon y la Granja Show deben estar viniendo a ayudarnos –recordó el Varón, sonriendo –Se darán una sorpresa cuando vean que todo ha…

El Varón se detuvo al ver que sus demás compañeros miraban hacia atrás con expresión de terror y miedo. Encima de la cabeza de Chomsky, una niebla oscura y densa empezaba a descender rápidamente.

-¡CHOMSKY, MUÉVETE! –gritó el Kuraka con todas sus fuerzas, pero era muy tarde: la nube oscura penetró por los oídos de Chomsky, y empezó a poseerlo. Los ojos del secuaz comenzaron a brillar con un rojo incandescente, y la Fuerza Maligna terminó de tomar control de su cuerpo.

-¡Tú! –exclamó el Varón, viendo al poseído Chomsky que sonreía con satisfacción -¡Eres la Fuerza Maligna!

-¡Jajajaja! ¡Pedazos de dámier! –empezó a decir la Fuerza Maligna, utilizando la voz y el cuerpo de Chomsky -No pensaron que me habían derrotado en la Torre de los Sueños, ¿verdad? ¡Había estado esperando que quedaran solos ustedes y Chomsky, para que bajaran la guardia! ¡Ahora tengo acceso a las habilidades más poderosas de este marrón!

-¡Así que tu eres la famosa Fuerza Maligna! –dijo el Chico de Madera, disimulando el miedo -¡Pues no dejaremos que escapes esta vez! ¡Aun así tengamos que destruir el cuerpo de Chomsky!

-Uy, ¡que miedo! –se burló la Fuerza Maligna, y el cuerpo de Chomsky se preparó a atacar. La pelea final de la UPK estaba por comenzar.

Continúa en PARTE 2

sábado, 17 de noviembre de 2007

Capitulo 18 - La Historia del Gordo

-¡¿Whaaaaat?! –exclamó el Mono Calato, incrédulo.

-¿Gordicia es tu madre? –preguntó el Varón -¿Qué dámier es esto?

-¿No se te ocurrió decirnos antes ese pequeño detalle? –le dijo el Kuraka a su compañero.

-¡No lo sabía! –se defendió el Gordo -¡Recién lo acabo de descubrir! Por eso me quedé petrificado cuando la vi: no podía creer que la malvada Gordicia que tantos problemas nos había causado era nada más y nada menos que mi madre perdida.

-¿No reconociste su voz cuando nos amenazó dentro de la trampa en el laberinto? –preguntó el Chico de Madera.

-¡Me pareció conocida, pero no era la misma! –dijo el Gordo, visiblemente perturbado –Mi madre ha cambiado: su voz ya no es exactamente la misma, ¡y ahora tiene una presencia maligna que nunca tuvo antes!

-Gordo, creo que es hora que nos cuentes la verdad sobre cómo tu madre se fue –dijo el Kuraka.

-Ya se ha vuelto nuestro problema también –dijo Spoon.

-Está bien –asintió el Gordo, suspirando –Les contaré lo que pasó.

El Gordo empezó con su relato, mientras sus otros cinco compañeros escuchaban atentamente bajo la luz de la luna.

-Hace dos años, mi madre y yo vivíamos tranquilamente en nuestra casa del puerto, casi sin ninguna preocupación. A veces prendíamos la televisión para sintonizar a la Granja Show, el programa favorito de mi madre, y nos divertíamos viéndolo. Hacíamos compras diarias para satisfacer nuestras necesidades alimenticias, sobre todo las mías, que entonces eran mucho menores que ahora.

-Continúa –dijo el Varón.

-Un día, mientras veíamos la Granja Show, alguien tocó a la puerta. Aunque no pude oír su nombre, recuerdo que era un hombre alto vestido de negro, con pelo alborotado y rostro somnoliento. Mi madre fue a recibirlo a la puerta y se entretuvo conversando con él unos minutos, mientras yo seguía viendo la televisión. Recuerdo que, antes de irse, el hombre le dio a mi madre una tarjeta con la foto de un castillo grande y tenebroso.

-¿Un castillo? –se preguntó el Mono Calato -¿No viste nada más?

-No, porque yo estaba concentrado en ver la Granja Show. Una vez que el hombre se fue, mi madre regresó a la sala, pero no se volvió a sentar a ver la televisión. Tenía una expresión extraña en la cara, como si hubiera caído en alguna especie de trance hipnótico.

-Entonces ahí fue que tu madre cambió –intervino Spoon.

-Exacto. Después de ese encuentro, ya no fue la misma. Empezó a obsesionarse con su figura, mirándose al espejo cada cinco segundos, y comiendo más de la cuenta debido a su angustia. Ya que empezó a comprar más comida, yo también empecé a comer más de lo normal, sin medir las consecuencias.

-Eso lo vemos ahora… -intervino el Varón.

-Sigue con tu historia, Gordo –dijo el Chico de Madera.

-Un día, mi madre entró en crisis, y empezó a destruir todos los muebles de la casa. Yo me escondí en la cocina para evitar que me cayera algo, mientras oía que mi madre seguía rompiendo cosas. Luego de un rato volví a la sala, y la vi parada frente a la puerta con su cartera de viaje en una mano y la tarjeta con la foto del castillo en la otra. “Me voy”, dijo, sin dejar de mirar la foto del castillo, y cruzó el umbral de la puerta.

-¿No la trataste de detener? –preguntó el Kuraka.

-No, estaba demasiado impresionado por todo como para moverme. Cuando logré reaccionar, mi madre ya se había ido para siempre.

-Fue entonces que empezaste a comer más y más –dijo el Varón.

-Entré en una terrible depresión a causa de eso. Aunque mi madre ya no estaba, seguí comprando la misma cantidad de comida que siempre, y me lo engullía todo en segundos. Cuando acabé con todas las reservas de la tienda, comencé a robar comida de las casas vecinas.

-¿Nunca volviste a oír de tu madre? –preguntó el Chico de Madera.

-No, y pensé que nunca volvería a hacerlo. Supuse que se había ido con aquel hombre vestido de negro al castillo de la foto, y que ya no la vería nunca más.

-Ese hombre que habló con ella –empezó a decir el Mono Calato – ¿Creen que se trate del Maestro que la Granja Show escuchó hablando con Gordicia?

-Eso tendría sentido –dijo el Kuraka.

-Parece que ese tal Maestro es el causante de todo –intervino el Chico de Madera, pensando en las palabras de su compañero –Incluso del cambio de Gordicia.

-Eso quiere decir que… -empezó a decir el Varón, confundido por toda la información.

-Quiere decir que esto aún no termina –sentenció el Kuraka –Ya no solo se trata de Gordicia, sino también de la Fuerza Maligna y del Maestro.

-Y de la misteriosa Vallegracia –dijo el Mono Calato –Aún no sabemos quién es ni de parte de quién está.

-Ahora comprenden por qué me quedé paralizado al ver a Gordicia –dijo el Gordo, con tristeza luego de recordar todo lo contado –Y también entienden porqué no podemos irnos ahora.

-Quieres enfrentarte a Gordicia y tratar de salvarla, ¿no es así? –preguntó Spoon a su compañero.

El Gordo asintió con la cabeza, y volteó a mirar al imponente edificio de la Macultad de Experimentaciones.

-No podemos irnos y dejarla ahí –dijo el Gordo, con decisión –Tengo que intentar que mi madre vuelva a ser como antes. No puedo quedarme sin hacer nada… no de nuevo.

-Te sientes culpable por no haberla detenido cuando se fue, ¿verdad? –preguntó a su redondo amigo el Chico de Madera.

-Debí haber hecho algo… pero me quedé paralizado –dijo el Gordo –Igual que hace unos instantes, cuando la volví a ver. ¡Pero ya es suficiente! Esta vez, me enfrentaré a ella, como debí haberlo hecho hace dos años.

-Si vamos a pelear contra Gordicia, vamos a necesitar ayuda –dijo el Chico de Madera, mirando a sus compañeros –Spoon, anda al Pabellón Y de la UPK y busca a la Granja Show. Aún deben estar ahí, practicando sus pasos de baile. Cuando las encuentres, tráelas para que nos ayuden.

-Eso haré –dijo Spoon, con una sonrisa –Nos encontraremos en el despacho de Gordicia para la batalla final. ¡Perelevation!

Mientras veían a Spoon impulsarse y volar a través de los patios de la UPK hacia el Pabellón Y, las 5 C se prepararon para volver a entrar a la Macultad de Experimentaciones.

-El despacho de Gordicia debe estar allí –dijo el Kuraka, señalando al edificio de la Macultad, en cuyo tercer piso se podía distinguir una puerta con una G gigante.

-¡Al tercer piso de la Macultad, entonces! –exclamó el Varón, y empezó a correr hacia las escaleras.

-Madre, aquí voy –dijo el Gordo, con una mezcla de tristeza y decisión.

Los cinco compañeros cuánticos ingresaron al edificio por segunda vez, y empezaron a subir los escalones a los pisos superiores. El desenlace de la aventura de la UPK estaba cerca.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Capitulo 17 - Somos las 5 C: Están a salvo


El Chico de Madera suspiró al pisar el último escalón.

-¡Lo logramos! –exclamó, en éxtasis –Los sótanos de la UPK…

Los cinco compañeros cuánticos habían descendido por las oscuras escaleras, y ahora se encontraban en el húmedo nivel subterráneo de la Macultad de Experimentaciones. El pasadizo en frente de ellos era oscuro, pero una extraña luz verde parecía provenir de uno de los cuartos del fondo.

-Debe ser ahí, ¡vamos, 5 C! –alentó a sus compañeros el Varón Ron Ron -¡Terminemos con esta dámier de una vez!

Los cinco cuánticos individuos avanzar por el corredor, y se detuvieron frente a la puerta de la cual emanaba la luz. Dentro del cuarto, una serie de extrañas máquinas, tubos de ensayo y demás aparatos emitían extrañas luces y sonidos. Al fondo del laboratorio, casi en la oscuridad, se hallaban tres celdas dentro de las cuales podían distinguirse tres siluetas femeninas.

-¡¡¡Sor S.!!! –gritó el Varón al reconocer a la chica vestida en hábito de monja.

-¡¡¡Mona Chita!!! –chilló el Mono Calato al ver a su amada después de tanto tiempo.

-¡¡¡Miss Bernaola!!! –exclamó el Chico de Madera, ante la visión de su musa madérica, su arquetipo de amor pilástico, que finalmente estaba frente a sus ojos de caoba.

-Vamos, hay que liberarlas rápido antes de que… -empezó a decir el Kuraka, cuando de pronto una figura salió de entre las sombras.

-No tan rápido –dijo Pesadillo, colocándose delante de las tres celdas –Creo que merezco divertirme un rato luego de tanto trabajo, ¿no creen? ¡Fichas de Resumen!

Las fichas de Pesadillo volaron en dirección a los cinco cuánticos, quienes tuvieron poco tiempo de esquivarlas. El Mono Calato logró realizar un ágil salto y balancearse en su cola, mientras las fichas pasaban por debajo de él, pero sus demás compañeros no tuvieron tanta suerte. El Kuraka, el Varón, el Gordo y el Chico de Madera quedaron atrapados entre torbellinos de papeles cortantes.

-¡Jajaja! Yo no soy tan fácil de vencer como Dodette o Vallegusta –se burló Pesadillo de sus adversarios –Eso deberías saberlo muy bien, Mono desnudo.

El Mono Calato tomó uno de los tubos de ensayo y lo lanzó con la cola en dirección a Pesadillo, mientras corría hacia él para golpearlo. Sin embargo, el secuaz de la UPK fue más rápido: una ficha de resumen voló hacia el tubo de ensayo y lo cortó perfectamente a la mitad, y luego la voz de Pesadillo se escuchó en todo el recinto.

-¡Pie de Página!

El Mono Calato cayó de bruces al suelo, con los pies de mono atrapados por una serie de manos. Las fichas de resumen de Pesadillo se desvanecieron, y el Kuraka, el Varón, el Gordo y el Chico de Madera cayeron inconscientes por los efectos secundarios del ataque.

-Tenía que jugar un poco con ustedes antes de cumplir con mi última misión aquí –empezó a decir Pesadillo –Ahora, ¡es hora de que desaparezcan!

El Mono Calato trató de levantarse, pero las manos se lo impedían.

-Al menos tendrás el honor de ver uno de mis ataques secretos –le dijo Pesadillo a su monástica víctima, luego de lo cual se preparó a usar su poder -¡Estado de la…!

-¡Perelevation!

Una figura arremetió contra Pesadillo con gran fuerza y velocidad, mandando a volar al secuaz hasta el otro extremo del laboratorio. El Mono Calato logró librarse finalmente del ataque de Pesadillo, y corrió hacia Spoon, quien se levantaba sonriente.

-Así que tú eres Spoon –le dijo el Mono a su rescatador –El Kuraka y el Varón nos dijeron que volverías con caramelos.

-¡Otro mono pastrulo! –dijo Spoon, al ver por primera vez la desnuda anatomía del Mono Calato.

-¿Lograste conseguir los caramelos? –le preguntó el Mono, adolorido.

-¡Claro, monation! –asintió Spoon, y sustrajo de su bolsillo una bolsa llena de caramelos –Cortesía del Reino de Dormilia.

El Mono se comió uno de los caramelos, y en pocos segundos sintió como la energía corría por sus venas. Spoon se acercó a los cuatro inconscientes y les hizo comer a cada uno un caramelo.

-¡Dámier! ¿Qué pasó? –se preguntó el Varón, levantándose con más energía que nunca.

-¡Las Duracell están completamente recargadas! –dijo el Chico de Madera, estirando sus extremidades.

-¿Spoon? –dijo el Kuraka, al darse cuenta de la presencia de su compañero -¡Perfecto, pudiste regresar!

-Ahhh… Malditos…-murmuró con dificultad Pesadillo, incorporándose lentamente.

-¡Pesadillo, este es tu final! –sentenció el Gordo, con más poder sebáceo que nunca.

-No…puedo…ahhh… –siguió jadeando Pesadillo, mientras extraía disimuladamente una ficha de su bolsillo.

-¡Spoon, guarda tu bolsa! ¡Se está haciendo el herido para…! –le gritó el Kuraka a su amigo pero, antes de poder terminar, Pesadillo lanzó una ficha de resumen hacia la bolsa de caramelos de Spoon. La ficha atrapó la bolsa y, tan rápido como llegó, regresó a las manos de Pesadillo.

-¡Jajaja! No pensé que fueran tan ingenuos –se burló Pesadillo, comiéndose uno de los caramelos y recobrando sus fuerzas luego de la violenta embestida de Spoon.

-¡Eres una dámier! –le gritó el Varón a su enemigo, el cual se preparó una vez más para atacar.

-¡Esta vez nada detendrá mi técnica especial! –dijo Pesadillo, preparándose para atacar.

-¡Rápido, Mono! –le gritó Spoon a su compañero, sacando un racimo de bananas de su bolsillo y lanzándoselo rápidamente -¡Haz lo que sabes hacer!

El Mono Calato atrapó el racimo, arrancó una de las bananas y, concentrando todas sus fuerzas, la lanzó contra Pesadillo, mientras este se preparaba a realizar su ataque.

-¡Estado de la…!

-¡Banana Viajera!

La banana del Mono voló hacia Pesadillo y, al hacer contacto con él, comenzó a brillar. El resplandor se extendió a Pesadillo y, en un destello, el secuaz y la fruta desaparecieron.

-¡Mono, lo lograste! –felicitó a su compañero el Kuraka – ¡Usaste la Banana Viajera para transportar a Pesadillo a otro lugar!

-Así que no solo sirve para transportarse a uno mismo, ¡sino también para alejar a los enemigos! –dijo el Varón, sorprendido.

-Ahora sí –dijo el Chico de Madera, dirigiéndose hacia las tres celdas – ¡Rescatemos a nuestras amadas!

Los seis compañeros se acercaron a las celdas, donde las tres chicas yacían aún inconscientes.

-Hay que encontrar alguna manera de sacarlas de ahí –dijo el Gordo.

-¡Ni se te ocurra usar el Eructo Wii! –le advirtió el Varón a su redondo compañero.

-Tengo una idea –dijo el Kuraka, extrayendo de su manto la espada de la misteriosa Vallegracia.

-No creo que con eso logres… -empezó a decir Spoon, pero el antes que pudiese terminar de hablar el Kuraka tomó la espada y la blandeó con todas sus fuerzas, cortando como mantequilla los barrotes de las celdas.

-Vaya… -dijo el Chico de Madera –Esa Vallegracia si que sabe hacer buenas espadas…

El Kuraka guardó la espada de nuevo en su manto, y observó a las tres chicas desmayadas.

-Si tan solo Pesadillo no se hubiese llevado la bolsa con los caramelos, podríamos hacer que recobren sus fuerzas –se lamentaba Spoon, cuando de pronto una voz femenina lo interrumpió.

-Eso no será problema.

Los seis compañeros voltearon inmediatamente y vieron delate de ellos, bajo un resplandor de luz blanca, a la Chica de los Melos.

-¡Chica de los Melos! –exclamó el Chico de Madera, contento de verla nuevamente.

La Chica de los Melos se acercó a los seis compañeros y les dio tres caramelos.

-Úsenlos para despertar a sus amadas, por las cuales han luchado y vencido hasta ahora.

-¡Gracias, Chica de los Melos! –dijo el Varón Ron Ron, deslumbrado por la belleza de la chica angelical.

-Lo han hecho extremadamente bien hasta ahora –los felicitó la Chica de los Melos –El Gran Maestre Ángel y yo estamos muy orgullosos de ustedes.

-¡No lo hubiésemos logrado sin la ayuda de tus caramelos! –dijo el Mono Calato.

-Todos nosotros lo hemos logrado juntos –dijo el Kuraka –Por fin, ¡podremos rescatarlas!

Los seis compañeros se voltearon hacia Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola, y se acercaron a ellas para darles los caramelos. Sin embargo, el Chico de Madera se detuvo un momento, y volvió a mirar a la Chica de los Melos.

“Hay algo diferente en ella”, pensaba, hasta que se dio cuenta de lo que era. En el cabello rubio de la Chica de los Melos, ciertos mechones de color negro podían verse claramente.

-Chica de los Melos, ¿te has hecho rayos en el pelo? –le preguntó el Chico de Madera a la angelical chica.

-¿Qué? ¿De qué…? –dijo, confundida, la Chica de los Melos, antes de darse cuenta a lo que se refería el maderístico individuo, luego de lo cual le respondió evasivamente –Ah si…eso es.

Al Chico de Madera le extrañó la respuesta cortante, pero no le dio mucha importancia.

-Bueno, es hora de que vuelva a la Cuanticueva –dijo la Chica de los Melos -¡Buena suerte, 5 C!

En un destello de luz, la chica angelical se desvaneció, dejando a los seis compañeros cuánticos con las tres chicas. El Varón Ron Ron le hizo comer un caramelo a Sor S., la cual fue la primera en despertar.

-¿Qué? ¿Qué rayos pasó?

-¡Sor S.! –exclamó, casi con lágrimas de felicidad, el Varón -¡Estás bien!

-No recuerdo casi nada… -dijo Sor S., extremadamente confundida.

-Fuiste capturada por Gordicia y sus secuaces, y traída a este lugar –le explicó el Kuraka.

-Deben haberlas tenido sedadas la mayor parte del tiempo… -dijo Spoon.

-Ble…qué dámier –dijo Sor S., incorporándose por primera vez en un largo tiempo.

La segunda en despertar fue la Mona Chita, luego que el Mono Calato le hizo comer uno de los caramelos.

-¡Mona! ¡No sabes lo preocupado que me tenías! –exclamó el Mono, abrazando a su amada.

-¡Fue horrible! ¡Ese tal Pesadillo me tuvo metida en su máquina con ruedas por días, y después llegué aquí y no recuerdo nada más!

-Ha sido terrible para todos, ¡pero ahora estamos bien! –dijo el Varón Ron Ron, aun extasiado por tener tan cerca a su amor platónico, Sor S. –Somos las 5 C, y ahora están a salvo.

El Chico de Madera también empezó a sonreír compulsivamente, pues Miss Bernaola había comenzado a despertarse luego de comerse el último caramelo.

-¡Miss Bernaola! ¡Hemos venido a rescatarte!

-¿Quéeeeeeeeeeeeeeeee?

-¡Hemos venido a salvarte de las garras de Gordicia y su malévolo experimento! –le volvió a decir el Chico de Madera.

-Ahhhhhhhhhh…–dijo Miss Bernaola, tratando de procesar la difícil información.

-¿Quién es esta? –preguntó la Mona Chita, al ver a Miss Bernaola a su costado.

-Yo soy cuántica, ¿y tú?

-¡Ella es Miss Bernaola! –le explicó el Chico de Madera a la Mona –Como tú y Sor S., fue traída aquí para el experimento que conducía Gordicia.

-Parece que esa tal Gordicia es una dámier… -opinó Sor S.

-Bueno, ¡no tenemos tiempo que perder! –les dijo el Kuraka a sus compañeros –Será mejor que nos vayamos de aquí cuanto antes.

-El Kuraka tiene razón –dijo el Gordo –Ya no tenemos por qué estar aquí mas tiempo.

El Varón, el Mono y el Chico de Madera escoltaron a sus respectivas amadas hacia la puerta del laboratorio, mientras el Gordo, el Kuraka y Spoon se adelantaban para asegurarse que el camino estuviese libre.

-Creo que no viene nadie –empezó a decir Spoon –Avancemos lenta…

-¡ALTO!

Un rugido resonó en el corredor, y todos voltearon hacia el origen de la voz. De las escaleras que subían a la Macultad una figura prominente empezó a bajar. Entre las sombras y la oscuridad, los cuánticos compañeros pudieron distinguir una silueta redonda y grotesca, una cabellera crespa y un par de anteojos amenazantes. Era la primera vez que la veían en persona, pero la voz de Gordicia era inconfundible.

-¡Por fin nos encontramos, malditos insectos! –dijo Gordicia, con su desagradable voz.

-¡¡Tú!! –gritó, con furia, el Varón, preparándose para atacar.

-¡¿Cómo se atreven a intentar llevarse a mis tres prisioneras, cuando aún no he completado mi experimento?! –bramó Gordicia, visiblemente iracunda.

-¡Nunca conseguirás concretar tu plan! –sentenció el Kuraka –Nosotros nos aseguraremos de ello.

-¡Prepárate para…! –empezó a decir el Varón, pero el Chico de Madera lo detuvo con una mirada.

“Es cierto, el trato”, pensó el Varón Ron Ron. “Le prometimos a Chomsky irnos apenas rescatásemos a Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola”.

-¡Ahora verán, malditos! –dijo Gordicia, luego de lo cual se preparó a atacarlos -¡Briefs!

Una ráfaga de papeles cortantes voló en todas direcciones, y las 5 C empujaron a Sor S., Miss Bernaola y Mona Chita para que no fueran heridas. El Kuraka trató de protegerse con su manto inca, pero los briefs lo atravesaron y cortaron profundamente su ropaje y su piel.

-¡Ahh, dámier! –gritó el Varón, sangrando por los cortes, mientras el Mono Calato trataba de arrancarse hojas de papel de su cola.

-¡Eso no es nada! –gritó Gordicia -¡Ni siquiera los lancé con la mitad de fuerza!

-Tenemos que huir, y rápido –dijo Spoon, viendo como Gordicia se preparaba para atacar de nuevo.

-Es cierto, tenemos que llevar a Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola a la Cuanticueva –dijo el Chico de Madera –Gordo, usa tu Eructo Wii para distraerla mientras…

El Chico de Madera se detuvo al ver el rostro de su redondo compañero. El Gordo yacía completamente inmóvil, con una expresión de increíble sorpresa, mirando a Gordicia.

-Ha estado así desde que apareció Gordicia –dijo el Mono Calato, mirando al paralizado Gordo.

-¡Gordo, reacciona! –le gritó el Kuraka a su compañero, pero el Gordo seguía inmóvil, boquiabierto, incapaz de retirar los ojos de Gordicia.

-¡Despídanse, insectos! ¡Esta vez mi ataque los mandará a la dámier! –gritó Gordicia.

-¡Tenemos que detenerla por un rato para escapar! –exclamó el Chico de Madera, desesperado.

-Yo me encargo de eso –dijo Sor S., sacando de su hábito un libro con las iniciales “T.B.”

-¿La vas a detener leyéndole un cuentito? –preguntó, sonriendo, Miss Bernaola –Yo leo mientras duermo y así sueño que…

-Este no es cualquier libro –la interrumpió Sor S. –Este es un regalo del Gran Maestre Ángel, para ser usado en ocasiones de emergencia.

-¡Pues esta es una! –le dijo Spoon -¡Úsalo!

Sor S. abrió el libro y, con voz clara y fuerte, pronunció su ataque.

-¡El Chico Ostra!

De pronto, una almeja gigante apareció en frente de Gordicia y se cerró, atrapándola dentro.

-¡Ahh! ¡Maldita! ¡Déjame salir! –empezó a gritar Gordicia, pero su voz llegaba de dentro de la ostra como nada más que un susurro.

-¡Increíble! –exclamó el Varón, luego de lo cual se volteó a sus compañeros -¡Rápido, Mono, saca tu banana y transpórtalas a la Cuanticueva!

El Mono Calato asintió, y arrancó una banana del racimo que le dio Spoon.

-¡La ostra! –advirtió el Kuraka a sus compañeros – ¡Se está abriendo!

Con un crujido, Gordicia hizo estallar la ostra en pedazos, liberándose.

-¡Rápido, Sor S.! –dijo el Varón – ¡Lee otro cuento!

Sor S. volteó la página, y se preparó a volver a atacar a Gordicia, que estaba acercándose.

-¡La Mirona!

Los ojos de Gordicia se salieron de sus órbitas y empezaron a alejarse de ella, extendiéndose por todo el corredor.

-¡Ahhh! –gritaba de dolor Gordicia -¡Devuélveme mis ojos, maldita!

-Mona Chita, Miss Bernaola, ¡pongan sus manos sobre esta banana! –les dijo el Mono Calato a las dos chicas, mientras les extendía la fruta.

Gordicia logró capturar sus ojos, y se los volvió a poner en su cara. El Mono empezó a concentrar su poder en la banana, y a pensar claramente en la Cuanticueva.

-¡Mono, apúrate! –le gritó Spoon a su compañero.

-¡Si no programo bien el destino de la banana, las chicas podrían terminar en cualquier sitio! –dijo el Mono Calato, y siguió concentrándose.

Gordicia miró con odio a Sor S., y se preparó a usar sus Briefs nuevamente.

-¡Brie…!

-¡El Niño Ojos de Alfiler!

El ataque de Sor S. hizo que dos alfileres se incrustaran en los ojos de Gordicia, la cual empezó a chillar del terrible dolor.

-¡¡No puedo ver!! ¡Mis ojos! ¡Maldita dámier! –maldecía Gordicia, retorciéndose en el suelo.

-¡Mono! ¡¿Ya está lista la banana?! –preguntó el Varón Ron Ron, adolorido por los cortes.

-¡Ya casi! ¡Solo un minuto más! –gritó el Mono.

El Gordo continuaba inmóvil, completamente paralizado, como si hubiese visto un fantasma.

-¡Gordo! –le gritaba a su compañero el Kuraka -¡Responde! ¡¿Qué te pasa?!

-¡Mis ojos, maldita! –seguía chillando Gordicia, hasta que el ataque de Sor S. perdió su efecto, y logró quitarse los alfileres y recuperar la vista.

-¡Solo me queda un cuento por leer! –anunció Sor S., viendo que Gordicia volvía a incorporarse.

-¡Ya está! –gritó el Mono Calato -¡La banana está preparada!

-¡No van a escaparse de mi! –dijo Gordicia, intentando una vez más usar su poder -¡Brie…!

-¡MOLLINAS EN FUGA!

De la nada, un sinnúmero de mollinas invadieron el corredor y se abalanzaron con furia sobre Gordicia, cubriéndola por completo y picoteándola.

-¡Ahora! –gritó el Mono –¡Sor S., Mona Chita, Miss Bernaola! ¡Pongan sus manos en la banana!

Las tres chicas hicieron lo indicado, luego de lo cual el Mono Calato canalizó todas sus fuerzas en la fruta.

-¡Banana Viajera!

Con un destello de luz, Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola desaparecieron.

-¡Ahora, escapemos de aquí nosotros! –dijo el Varón.

-¡Corramos! –dijo el Mono -¡Ya no hay tiempo de preparar otra banana!

-¡Ahora, corramos mientras Gordicia está bajo el ataque de Sor S.! –dijo el Kuraka.

Los seis compañeros cuánticos se abalanzaron por el pasillo hacia las escaleras, aprovechando que Gordicia continuaba bajo el ataque de las mollinas de Sor S. Spoon tenía al Gordo agarrado del brazo y lo jalaba por las escaleras, pues el redondo cuántico seguía sin moverse.

Continuaron avanzando por los pasillos de la Malcultad de Experimentaciones, y atravesaron el edificio hasta llegar a los patios de la UPK. Una vez al aire libre, lo suficientemente lejos de Gordicia, los seis compañeros se detuvieron.

-¡Gordo! –le dijo el Chico de Madera su compañero, viendo que este ya empezaba a gesticular un poco.

-No tiene caso… -opinó Spoon –Será mejor volver a la Cuanticueva y…

-No… No…

El Gordo habló por fin, con dificultad, recién saliendo de su shock emocional.

-No podemos volver… -continuó diciendo el Gordo.

-¿De qué hablas, Gordo? –preguntó el Varón -¿Por qué no podemos volver?

-Gordo, si tienes algo que decir, habla de una vez –dijo el Kuraka.

-Está bien… -dijo el Gordo, reuniendo sus energías.

-¿Por qué dices que no podemos regresar? –preguntó el Chico de Madera -¿Por qué te pusiste así?

El Gordo tomó aliento, suspiró profundamente, y luego miró a sus compañeros.

-¿Recuerdan lo que les conté sobre mi madre?

-Si, dijiste que un día todo cambió y se fue de la casa –dijo el Mono Calato -¿Qué tiene que ver eso?

El Gordo dudó un momento, reunió fuerzas, y finalmente habló.

-Gordicia… es mi madre.