-¿Qué hacemos ahora?
El Varón Ron Ron no tenía idea alguna de cómo salir de aquella habitación. La caída había sido larga, así que el techo debía estar bien arriba, y era justo allí que estaban las compuertas por las que cayeron.
-¡Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
-Gordo, ya lo intentaste varias veces y nada. Estas paredes resisten el Eructo Wii.
-¿Tienes alguna idea mejor?
-No la tengo –le respondió el Chico de Madera –pero la tuya no sirve de nada.
-Si, mis oídos ya me están doliendo, Gordo –dijo el Varón.
Habían estado atrapados durante horas, intentando escapar, pero era imposible salir de ese lugar. La oscuridad era total, apenas podían ver sus propias siluetas, y para eso tenían que estar muy cerca. De haber algún mecanismo secreto, les sería imposible encontrarlo.
-Si hubiera una forma de iluminar este cuarto… -se lamentaba el Chico de Madera.
De pronto, pudieron escuchar un crujido encima de ellos. Una de las compuertas se abrió, dejando entrar un poco de aire nocturno. Entonces vieron caer dos cuerpos, uno de ellos cubierto por un manto inca y el otro… cubierto por absolutamente nada. Apenas los dos individuos hubieron caído, la compuerta se cerró de nuevo.
-Perfecto –dijo el Varón. –Más inquilinos.
-El Chico de Madera se acercó a los recién caídos.
-¿Hola? ¿Están conscientes?
-¿Es eso un… mono? –preguntó el Gordo, señalando a la peluda silueta del Mono Calato.
-Parece que sí, porque esto es una cola.
Apenas el Varón empezó a palpar la cola del Mono, éste se despertó sobresaltado.
-Ahh… ¿Qué paso? ¿Dónde…? –empezó a murmurar el calato espécimen.
-Bienvenido al infierno, seas quien seas –le dijo el Varón.
-¿Quiénes son ustedes? –les preguntó el Mono, que ya se había incorporado.
-Yo soy el Chico de Madera. El chico que está a mi derecha es el Varón, y el gordo que está al lado es… el Gordo.
-Yo soy el Mono Calato –se presentó el Mono.
-Así vemos… -le dijo el Gordo.
-¿Cómo llegaron ustedes aquí? –les preguntó el Mono Calato.
-Es una larga historia –empezó a contarle el Chico de Madera. –El Varón y yo estamos en una misión para rescatar a nuestros amores platónicos y detener el plan malévolo de Gordicia.
-¿Quién es Gordicia? –preguntó el Mono.
-Es la líder de la Unión Perversa Kúantica, o UPK –le contestó el Varón.
-¡UPK! ¡Ellos son los que tienen a la Mona Chita! ¡Pesadillo!
-¿Ah? ¿Quién es la Mona Chita? –preguntó el Chico de Madera.
-Si, ¿y quién es Pesadillo? –le preguntó el Gordo.
-La Mona Chita es mi esposa, mi amada. Hace unos días, un tipo llamado Pesadillo vino en su jeep a la selva y la secuestró. Yo lo empecé a seguir hasta que llegué a unas ruinas, pero ahí me capturaron. Entonces me rescató el Kuraka.
-¿Quién es el Kuraka? –preguntó el Chico de Madera.
-Es un sobreviviente de la Conquista Española. Ha sobrevivido todos estos siglos porque está en una misión sagrada para vengar a sus ancestros y derrotar a Vallegusta.
-¿Y quién dámier es Vallegusta? –preguntó el Varón, que ya se empezaba a desesperar con tantos nombres extraños.
-Es una conquistadora española que trabaja, junto con Pesadillo, para la UPK y su experimento. Pudimos escapar de ellos, pero cuando llegamos a la ciudad nos tendieron una emboscada. Incapacitaron al Kuraka y me encerraron en un closet de madera.
-¿Vallegusta te encerró en un closet? –le preguntó el Gordo.
-No, Chomsky.
-¡¿Chomsky?! –se sobresaltó el Chico de Madera.
-¿Lo conoces?
-Si, Mono. Por su culpa casi no logro escapar de aquí la primera vez que vine. Mi poder no sirvió de nada contra él.
-¿Tú también tienes un poder? –le preguntó el Mono. –El Kuraka tiene uno también. Así fue que escapamos de Vallegusta la primera vez. Pero ahora, Vallegusta también es inmune a su poder.
-Nosotros llegamos aquí gracias al poder del Gordo –explicó el Varón. –Pasamos la barrera de metal que bloqueaba el camino, pero… me dejé engañar y caímos en esta trampa.
-¿Cuál es tu poder, Mono? –le preguntó el Chico de Madera.
-Ninguno… yo solo... estoy calato –confesó el Mono, un poco deprimido.
-No te preocupes –lo consoló el Varón. – ¡Yo tampoco se cuál es mi poder todavía!
-Bueno, lo que tenemos que hacer ahora es salir de ese sitio. ¿Nadie tiene una linterna o algo? –preguntó el Chico de Madera.
-Si el Kuraka no estuviera inconsciente, él podría alumbrar el cuarto con su poder.
-Sí, Mono, pero lo está. Tiene que haber otra forma de salir. Quizás si…
El Chico de Madera no pudo terminar de hablar, pues fue interrumpido por un sonido extraño. Una voz se pudo escuchar en toda la habitación, proveniente de algún parlante escondido.
-¡Jajaja! ¡Insectos! ¡Por más que lo intenten nunca podrán escapar! No dejaré que interfieran con mi experimento. ¡El Plan Maligno es a prueba de fallas!
-¿Gordicia? –preguntó el Chico de Madera.
-¡Correcto! ¿Acaso creyeron que sería tan fácil torcer la voluntad de la UPK? No hay forma de escapar. ¡Ésta será su tumba!
-¡No te saldrás con la tuya, Gordicia de dámier! –le gritó el Varón.
-¡Encontraremos una manera de salir de aquí, y no tendrás donde esconderte! –la amenazó el Mono Calato.
-¡Jajaja! Buena suerte con eso. Pero me temo que a menos que la encuentren en menos de media hora, será imposible. ¿Ese ruido que escuchan ahora? Es el sonido del agua que se empieza a filtrar por muchos canales en el techo de esta habitación. ¡En media hora como máximo, todo el cuarto estará inundado, y ya no habrá nadie que me detenga! ¡Jajaja!
-¡Maldita! Esa gorda de dámier… ¿Qué vamos a hacer? –dijo el Varón.
Efectivamente, el agua empezaba a filtrarse, cayendo lentamente por las paredes del cuarto. El nivel del agua ya comenzaba a subir.
-Tenemos que pensar en algo…rápido –sentenció el Chico de Madera.
-¡Kuraka! ¡Despierta! –gritaba el Varón, mientras movía bruscamente al Kuraka tratando de que salga de su inconsciencia.
-¡Súbanse en mi espalda, uno por uno! Tal vez podamos alcanzar el techo –les dijo el Gordo a los demás.
El Varón Ron Ron se subió sobre las espaldas del Gordo, quien tenía al Kuraka sobre sus espaldas, y ayudó al Chico de Madera a trepar sobre él.
-Si tan sólo yo tuviera algún poder como ustedes… -se lamentaba el Mono.
-¡Mono! ¡En vez de estar sentado ahí, ayúdanos! –le gritó el Varón, mientras trataba de soportar el peso del Chico de Madera, que ya había subido sobre sus hombros.
-No puedo hacer nada… Si tuviera algún poder, hubiera podido enfrentar a Chomsky y a Vallegusta… En vez de eso, no hice nada, y me capturaron…
-¡Deja de lamentarte y ayúdanos! ¡Mono! –gritaba desesperadamente el Varón, que ya no podía soportar el peso del Chico de Madera. El nivel del agua ya les llegaba a todos a la cintura, y el Mono seguía tirado en una esquina, en sus lamentos.
-No puedo ayudarlos… ¿De qué sirve estar desnudo? De nada…
-¡Chico de Madera! ¡¿Alcanzas la compuerta?! –gritaba el Varón.
-¡Nada! ¡Está muy arriba! ¡Me voy a caer, Varón!
-¡Yo tampoco puedo soportarlos más a los dos! ¡El agua me está llegando a la cabeza ya! –gritaba el Gordo. El sonido del agua cayendo por todas las paredes era muy fuerte y cubría sus voces.
-¡Mono! ¡Has algo! ¡Concéntrate y piensa! –le gritaba el Varón al Mono.
-¡No puedo! ¡No puedo! ¡No tengo poder!
El Mono ya no podía permanecer de pie, pues el agua ya casi le cubría las vías respiratorias. Trató de balancearse sobre su cola, pero el peso era demasiado. El Gordo ya no pudo resistir más y cedió, dejando caer al agua al Varón, al Chico de Madera y al Kuraka.
-¡Manténganse a flote! –les gritó a los demás el Varón.
-¡Me hundo! ¡Mi peso me jala! –gritó el Gordo, que empezaba a hundirse lentamente hasta el fondo.
-¡Gordo! ¡Agárrate de mi cola! –le dijo el Mono, justo antes que el Gordo se hundiera en el agua.
El Kuraka flotaba en el agua, gracias a su manto, pero aún así el Varón lo sostuvo para que no se hundiese.
El Chico de Madera estaba a punto de irse al fondo por su peso. Ya no sabía qué hacer, estaba seguro que ese sería su fin. Nunca más vería la luz del día. Nunca más vería a Miss Bernaola. Nunca más nada.
“La chica de los caramelos… ¡ella puede ayudarnos!”, pensó de repente. Juntó todas sus fuerzas y empezó a gritar.
-¡Ayudanos, por favor! ¡Chica de los caramelos! ¡Ayudanos, aquí estamos los cinco compañeros de los que hablaste! ¡Ayuda!
Aún así la Chica de los Melos contestaste su llamado, el tiempo se les acaba a los cinco cúanticos compañeros.
El Varón Ron Ron no tenía idea alguna de cómo salir de aquella habitación. La caída había sido larga, así que el techo debía estar bien arriba, y era justo allí que estaban las compuertas por las que cayeron.
-¡Wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
-Gordo, ya lo intentaste varias veces y nada. Estas paredes resisten el Eructo Wii.
-¿Tienes alguna idea mejor?
-No la tengo –le respondió el Chico de Madera –pero la tuya no sirve de nada.
-Si, mis oídos ya me están doliendo, Gordo –dijo el Varón.
Habían estado atrapados durante horas, intentando escapar, pero era imposible salir de ese lugar. La oscuridad era total, apenas podían ver sus propias siluetas, y para eso tenían que estar muy cerca. De haber algún mecanismo secreto, les sería imposible encontrarlo.
-Si hubiera una forma de iluminar este cuarto… -se lamentaba el Chico de Madera.
De pronto, pudieron escuchar un crujido encima de ellos. Una de las compuertas se abrió, dejando entrar un poco de aire nocturno. Entonces vieron caer dos cuerpos, uno de ellos cubierto por un manto inca y el otro… cubierto por absolutamente nada. Apenas los dos individuos hubieron caído, la compuerta se cerró de nuevo.
-Perfecto –dijo el Varón. –Más inquilinos.
-El Chico de Madera se acercó a los recién caídos.
-¿Hola? ¿Están conscientes?
-¿Es eso un… mono? –preguntó el Gordo, señalando a la peluda silueta del Mono Calato.
-Parece que sí, porque esto es una cola.
Apenas el Varón empezó a palpar la cola del Mono, éste se despertó sobresaltado.
-Ahh… ¿Qué paso? ¿Dónde…? –empezó a murmurar el calato espécimen.
-Bienvenido al infierno, seas quien seas –le dijo el Varón.
-¿Quiénes son ustedes? –les preguntó el Mono, que ya se había incorporado.
-Yo soy el Chico de Madera. El chico que está a mi derecha es el Varón, y el gordo que está al lado es… el Gordo.
-Yo soy el Mono Calato –se presentó el Mono.
-Así vemos… -le dijo el Gordo.
-¿Cómo llegaron ustedes aquí? –les preguntó el Mono Calato.
-Es una larga historia –empezó a contarle el Chico de Madera. –El Varón y yo estamos en una misión para rescatar a nuestros amores platónicos y detener el plan malévolo de Gordicia.
-¿Quién es Gordicia? –preguntó el Mono.
-Es la líder de la Unión Perversa Kúantica, o UPK –le contestó el Varón.
-¡UPK! ¡Ellos son los que tienen a la Mona Chita! ¡Pesadillo!
-¿Ah? ¿Quién es la Mona Chita? –preguntó el Chico de Madera.
-Si, ¿y quién es Pesadillo? –le preguntó el Gordo.
-La Mona Chita es mi esposa, mi amada. Hace unos días, un tipo llamado Pesadillo vino en su jeep a la selva y la secuestró. Yo lo empecé a seguir hasta que llegué a unas ruinas, pero ahí me capturaron. Entonces me rescató el Kuraka.
-¿Quién es el Kuraka? –preguntó el Chico de Madera.
-Es un sobreviviente de la Conquista Española. Ha sobrevivido todos estos siglos porque está en una misión sagrada para vengar a sus ancestros y derrotar a Vallegusta.
-¿Y quién dámier es Vallegusta? –preguntó el Varón, que ya se empezaba a desesperar con tantos nombres extraños.
-Es una conquistadora española que trabaja, junto con Pesadillo, para la UPK y su experimento. Pudimos escapar de ellos, pero cuando llegamos a la ciudad nos tendieron una emboscada. Incapacitaron al Kuraka y me encerraron en un closet de madera.
-¿Vallegusta te encerró en un closet? –le preguntó el Gordo.
-No, Chomsky.
-¡¿Chomsky?! –se sobresaltó el Chico de Madera.
-¿Lo conoces?
-Si, Mono. Por su culpa casi no logro escapar de aquí la primera vez que vine. Mi poder no sirvió de nada contra él.
-¿Tú también tienes un poder? –le preguntó el Mono. –El Kuraka tiene uno también. Así fue que escapamos de Vallegusta la primera vez. Pero ahora, Vallegusta también es inmune a su poder.
-Nosotros llegamos aquí gracias al poder del Gordo –explicó el Varón. –Pasamos la barrera de metal que bloqueaba el camino, pero… me dejé engañar y caímos en esta trampa.
-¿Cuál es tu poder, Mono? –le preguntó el Chico de Madera.
-Ninguno… yo solo... estoy calato –confesó el Mono, un poco deprimido.
-No te preocupes –lo consoló el Varón. – ¡Yo tampoco se cuál es mi poder todavía!
-Bueno, lo que tenemos que hacer ahora es salir de ese sitio. ¿Nadie tiene una linterna o algo? –preguntó el Chico de Madera.
-Si el Kuraka no estuviera inconsciente, él podría alumbrar el cuarto con su poder.
-Sí, Mono, pero lo está. Tiene que haber otra forma de salir. Quizás si…
El Chico de Madera no pudo terminar de hablar, pues fue interrumpido por un sonido extraño. Una voz se pudo escuchar en toda la habitación, proveniente de algún parlante escondido.
-¡Jajaja! ¡Insectos! ¡Por más que lo intenten nunca podrán escapar! No dejaré que interfieran con mi experimento. ¡El Plan Maligno es a prueba de fallas!
-¿Gordicia? –preguntó el Chico de Madera.
-¡Correcto! ¿Acaso creyeron que sería tan fácil torcer la voluntad de la UPK? No hay forma de escapar. ¡Ésta será su tumba!
-¡No te saldrás con la tuya, Gordicia de dámier! –le gritó el Varón.
-¡Encontraremos una manera de salir de aquí, y no tendrás donde esconderte! –la amenazó el Mono Calato.
-¡Jajaja! Buena suerte con eso. Pero me temo que a menos que la encuentren en menos de media hora, será imposible. ¿Ese ruido que escuchan ahora? Es el sonido del agua que se empieza a filtrar por muchos canales en el techo de esta habitación. ¡En media hora como máximo, todo el cuarto estará inundado, y ya no habrá nadie que me detenga! ¡Jajaja!
-¡Maldita! Esa gorda de dámier… ¿Qué vamos a hacer? –dijo el Varón.
Efectivamente, el agua empezaba a filtrarse, cayendo lentamente por las paredes del cuarto. El nivel del agua ya comenzaba a subir.
-Tenemos que pensar en algo…rápido –sentenció el Chico de Madera.
-¡Kuraka! ¡Despierta! –gritaba el Varón, mientras movía bruscamente al Kuraka tratando de que salga de su inconsciencia.
-¡Súbanse en mi espalda, uno por uno! Tal vez podamos alcanzar el techo –les dijo el Gordo a los demás.
El Varón Ron Ron se subió sobre las espaldas del Gordo, quien tenía al Kuraka sobre sus espaldas, y ayudó al Chico de Madera a trepar sobre él.
-Si tan sólo yo tuviera algún poder como ustedes… -se lamentaba el Mono.
-¡Mono! ¡En vez de estar sentado ahí, ayúdanos! –le gritó el Varón, mientras trataba de soportar el peso del Chico de Madera, que ya había subido sobre sus hombros.
-No puedo hacer nada… Si tuviera algún poder, hubiera podido enfrentar a Chomsky y a Vallegusta… En vez de eso, no hice nada, y me capturaron…
-¡Deja de lamentarte y ayúdanos! ¡Mono! –gritaba desesperadamente el Varón, que ya no podía soportar el peso del Chico de Madera. El nivel del agua ya les llegaba a todos a la cintura, y el Mono seguía tirado en una esquina, en sus lamentos.
-No puedo ayudarlos… ¿De qué sirve estar desnudo? De nada…
-¡Chico de Madera! ¡¿Alcanzas la compuerta?! –gritaba el Varón.
-¡Nada! ¡Está muy arriba! ¡Me voy a caer, Varón!
-¡Yo tampoco puedo soportarlos más a los dos! ¡El agua me está llegando a la cabeza ya! –gritaba el Gordo. El sonido del agua cayendo por todas las paredes era muy fuerte y cubría sus voces.
-¡Mono! ¡Has algo! ¡Concéntrate y piensa! –le gritaba el Varón al Mono.
-¡No puedo! ¡No puedo! ¡No tengo poder!
El Mono ya no podía permanecer de pie, pues el agua ya casi le cubría las vías respiratorias. Trató de balancearse sobre su cola, pero el peso era demasiado. El Gordo ya no pudo resistir más y cedió, dejando caer al agua al Varón, al Chico de Madera y al Kuraka.
-¡Manténganse a flote! –les gritó a los demás el Varón.
-¡Me hundo! ¡Mi peso me jala! –gritó el Gordo, que empezaba a hundirse lentamente hasta el fondo.
-¡Gordo! ¡Agárrate de mi cola! –le dijo el Mono, justo antes que el Gordo se hundiera en el agua.
El Kuraka flotaba en el agua, gracias a su manto, pero aún así el Varón lo sostuvo para que no se hundiese.
El Chico de Madera estaba a punto de irse al fondo por su peso. Ya no sabía qué hacer, estaba seguro que ese sería su fin. Nunca más vería la luz del día. Nunca más vería a Miss Bernaola. Nunca más nada.
“La chica de los caramelos… ¡ella puede ayudarnos!”, pensó de repente. Juntó todas sus fuerzas y empezó a gritar.
-¡Ayudanos, por favor! ¡Chica de los caramelos! ¡Ayudanos, aquí estamos los cinco compañeros de los que hablaste! ¡Ayuda!
Aún así la Chica de los Melos contestaste su llamado, el tiempo se les acaba a los cinco cúanticos compañeros.






3 comentarios:
asi pasen mas capitulos el varon no tendra ningun poder ... jojojo xD!
comprenle ropa al mono calato!!!!!!!!!!!!pobrecito ps!comprendalo!tambien tiene necesidades! xD jajajaja!
oeee sigo esperando la gran granjaa!! pobre monoo!! solo esta calata ya pqq dale algun poder 0 q al varon11
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