La Unión Perversa Kuántica. Aquello rezaba la inscripción en la guarida de Gordicia, dentro de la Macultad de Experimentaciones. Un lugar pavoroso, lleno de maquinarias, de laboratorios extraños, de esclavos jorobados corriendo de un lado a otro. El ambiente perfecto para conducir el Plan Maligno.
En los sótanos de la Macultad de Experimentaciones, en un cuarto inundado por una luz verde, había tres jaulas. En cada una de ellas había un ser del sexo femenino, inconsciente, incapaz de huir. Miss Bernaola, Sor S. y la Mona Chita, víctimas de la crueldad de Gordicia y su plan de rejuvenecer y adelgazar para siempre.
Una puerta se abrió en la Sala Verde. Pesadillo bajó una escalerilla y se acercó a las jaulas. Abrió el maletín que llevaba y sacó tres jeringas idénticas. Luego, una por una, les sacó una muestra de sangre a las tres cautivas. Guardó las jeringas en el maletín, sacó su celular y marcó un número. Espero a que contestara una voz.
-¿Pesadillo?
-Maestro, ya saqué las muestras.
-Excelente. ¿Cómo van las cosas por allá?
-Todo marcha según lo que usted planeó. Gordicia todavía no sospecha nada de la traición.
-¿Cuánto tiempo te tomará procesar las muestras de sangre?
-Un par de días, Maestro.
-¿Podrás engañar a Gordicia hasta entonces?
-Está tan ilusionada con su “Plan Maligno” que no se dará cuenta.
-Perfecto. Date prisa, Pesadillo. Nuestro cliente es impaciente y no será juicioso hacerlo esperar.
-Lo sé. Maestro. No me tomará más que dos días.
Pesadillo esperó a que se cortara la comunicación. Luego guardó su celular, tomó su maletín, subió la escalerilla metálica y cerró la puerta.
…
Muy lejos de allí, en un lugar imposible de ubicar, la Chica de los Melos apareció con el Kuraka y el Varón.
-Bienvenidos al Reino de los Sueños –les dijo la Chica de los Melos.
El Kuraka y el Varón observaron con atención el lugar donde se encontraban. No era nada como lo que hubieran visto antes: el piso era como una especie de algodón, o como nubes. El cielo era de un color entre morado y guinda, y en él se podían ver cosas flotando, como edificios, personas, recuerdos…
-En este lugar, las reglas de la física y de la realidad no se cumplen siempre, así que tengan cuidado –les dijo la Chica de los Melos. –Aquí no encontraran secuaces de la UPK, pero es posible que el mundo creado por Dormilia sea tan hostil como ellos.
-¿Dónde está Dormilia? –preguntó el Varón.
-Eso es algo que no puedo saber –respondió la Chica de los Melos. –Deberán explorar este extraño mundo hasta encontrarla. Esto les ayudará en casos de emergencia.
La Chica de los Melos le entregó a cada uno un caramelo.
-Ahora vayan e intenten llegar a la UPK, cueste lo que cueste.
Dicho eso, la Chica de los Melos desapareció.
-Bueno… empecemos a caminar hasta allá –dijo el Varón, señalando lo que parecía ser una especie de libro gigantesco, al fondo en el horizonte.
Mientras andaban, el Kuraka empezó a observar con detenimiento el paisaje utópico delante de él. El suelo hacía curvas extrañas, se hundía y volvía a surgir, juntándose a veces con el extraño cielo morado. Las cosas no eran del tamaño del que solían ser, y algunas de ellas flotaban en el cielo sobre ellos: pelotas gigantes, más grandes que un avión, pájaros muertos, casas y edificios de todo tamaño, todo tipo de objetos extraños. El sitio al que se dirigían era un libro gigantesco, como un edificio de diez pisos, que sobresalía del suelo de nubes.
-¡Mira, Kuraka! ¡Es un Tumi gigante! –le advirtió el Varón al Kuraka, señalando el gigantesco objeto de oro que parecía estar enterrado entre el suelo de algodón, unos metros a su izquierda.
-Y esas, si no me equivoco, son muñecas de plástico que simulan ser…
-¡Sor S.! –exclamó el Varón, mientras cogía una de las muñecas que flotaban cerca de ellos, como si fuera un enjambre de abejas.
-Este sitio es siniestro… es como si supieran de nosotros –dijo el Kuraka.
-No creo que esa tal Dormilia sea muy amigable, si está haciendo todo esto para asustarnos.
-Lo sabremos cuando la encontremos.
Siguieron caminando hasta llegar al pie del libro gigantesco. No podían leer muy bien lo que decía, pero se podían entender las palabras “Código”, “Ética” y “Publicidad”.
-¡Mira, Kuraka! Aquí hay una puerta –dijo el Varón, señalando una abertura en el libro gigante.
Los dos compañeros entraron por la puerta y empezaron a bajar por unas escaleras de caracol.
-Me pregunto a dónde llevará todo esto… -dijo el Varón.
Al final llegaron a un corredor muy oscuro, lo suficientemente largo para que el final no fuese visible.
-¡Dámier! No veo nada… -se quejó el Varón.
-Eso no será problema… Tápate los ojos –dijo el Kuraka, luego de lo cual se sacó el manto inca y los pantalones.
-Me debí haber conseguido unos lentes de sol –dijo el Varón.
-No me hablas de lentes de sol –le dijo el Kuraka, algo fastidiado. –Maldita Vallegusta, me las vas a pagar.
-Bueno, tu guíame, porque con los ojos tapados no veo ni dámier.
Los dos compañeros empezaron a caminar por el ahora muy bien iluminado pasillo.
-¿A dónde crees que lleve este corredor? –le preguntó el Varón al Kuraka.
-No tengo idea, Varón. Solo espero que no tengamos muchas sorpresas desagradables.
…
El Mono Calato fue el último en saltar la valla que ahora cubría la entrada al laberinto de la UPK. Los tres compañeros se adentraron por los ya conocidos pasajes y llegaron, luego de unos minutos de correr entre los arbustos, al patio donde cayeron en la trampa de Gordicia.
-Esta vez, hay que ir bordeando el sitio, sin acercarse al centro –sugirió el Chico de Madera.
Empezaron a caminar por el borde del claro, y pronto llegaron al otro lado sin ningún problema.
-Esto recién está comenzando –dijo el Mono Calato. –Lo más probable es que Gordicia haya desplegado todas sus fuerzas para evitar que logremos entrar.
Siguieron por los caminos del laberinto y, finalmente, llegaron a la entrada de un edificio. En la puerta se podía leer “Unión Perversa Kuántica”.
-Llegamos… es aquí –dijo el Chico de Madera.
-¿Por qué no hay nadie resguardando la puerta? –preguntó el Gordo.
-Quieren que entremos confiados. Tenemos que ser extra cautelosos desde ahora.
El Mono Calato tenía razón: lo más seguro era que Gordicia hubiese preparado más trampas dentro de la UPK. Cruzaron el umbral del edificio, y se adentraron en la guarida del mal.
-Esta es la entrada principal. La primera vez que vine, trepé por unos muros que están más hacia el oeste, porque no pude llegar hasta la puerta verdadera de la UPK –les confesó el Chico de Madera.
-O sea, que no sabes que hay por esta parte de la UPK –le dijo el Mono.
-No tengo idea –le dijo el Chico de Madera. –Solo se que en el medio hay unos patios principales, luego hay un río, y cruzando ese río está la Macultad de Experimentaciones.
-Es un largo camino… -dijo el Gordo.
-Un camino que tenemos que recorrer, y cuanto antes, mejor –dijo el Mono Calato.
Empezaron a caminar por el edificio, que parecía ser una especie de recepción de la UPK. Sin embargo, todo estaba completamente abandonado.
-Espero que las Duracell duren lo suficiente… -dijo el Chico de Madera.
Había dos enormes puertas a cada lado. Una de ellas decía “Pabellón X” y la otra “Pabellón Y”.
-¿Por dónde vamos? –preguntó el Mono Calato.
-Deberíamos dividirnos –opinó el Gordo.
-Tenemos demasiados enemigos como para darnos ese lujo –le dijo el Chico de Madera.
-¿No dijiste que los muros por los que trepaste estaban hacia el oeste? –le preguntó el Mono.
-Si, eso creo.
-Entonces, ¡tomemos la puerta de la izquierda! –sugirió el Gordo.
Los otros dos asintieron, y los tres compañeros entraron al Pabellón X de la UPK.
…
El Kuraka y el Varón Ron Ron llegaron al final del túnel y salieron al aire libre.
-¿Qué dámier es esto? –dijo el Varón, ante lo que veían delante.
Todo era diferente en ese lugar. Era como si fuera el mundo al revés: el cielo, que ahora era de un color amarillo turbulento, estaba bajo sus pies, y sobre ellos las montañas y los bosques colgaban, formando un paisaje totalmente irreal.
-Parece que este Reino de los Sueños cambia a cada rato –dijo el Kuraka.
Empezaron a caminar por el cielo en aquel paisaje invertido.
-Kuraka, ¿ves eso a lo lejos? –le preguntó el Varón, señalando lo que parecía ser una roca, flotando delante de ellos.
-Si, vayamos a ver qué es. No tenemos ningún otro lugar a donde ir, de todas formas.
Mientras se acercaban al misterioso objeto, empezaron a darse cuenta que no era una roca. Era una cabeza. Una cabeza gigante, de un hombre viejo.
-Este mundo es escalofriante… -decía el Varón.
Llegaron a la cabeza del hombre viejo, la cual era tan grande como una casa entera. Estaba volteada, y los dos compañeros no podían verle el rostro.
-¿Hola? ¿Está vivo? –empezó a preguntar el Kuraka.
La enorme cabeza se giró, hasta que los dos compañeros pudieron ver el rostro del hombre viejo. Tenía los ojos cerrados, como si estuviera dormido.
-¡Yo conozco ese rostro! –exclamó el Varón. – ¡Es R. Kapuccino, el famoso periodista polaco! Falleció hace unos meses.
-¿R. Kapuccino? ¿Y qué hace su cabeza sobredimensionada en el Reino de Dormilia? –preguntó el Kuraka.
-Ahhhhhhhhhh… -murmuró R. Kapuccino, despertándose.
-¿Señor R. Kapuccino? ¿Nos escucha? –preguntó el Varón.
-¿Quién… se… dirige… a mí…? –dijo, con una profunda y cansada voz, Kapuccino.
-Somos el Varón y el Kuraka. Hemos venido al Reino de Dormilia para tratar de cruzar a la UPK y detener a Gordicia y su Plan Maligno.
-Kuraka, no creo que él vaya a entender todo lo que….
-¿Gordicia…? ¿U…P…K…? –dijo Kapuccino.
-¿Ha oído hablar de ellos, señor Kapuccino? –preguntó el Varón.
-UPK… maldad… detener… ya….
-¡Si! ¡Tenemos que detener a Gordicia y a la UPK! ¿Nos puede ayudar a encontrar a Dormilia, o la forma de cruzar a la UPK? –le preguntó el Varón.
-Dormilia… cruzar… UPK…
-Creo que solo está repitiendo lo que decimos, Varón.
-Déjame intentarlo una vez más –le dijo al Kuraka. –Señor Kapuccino, Dormilia, ¿dónde?
-Dormilia… ir… buscar… S. J. T…
-¿S. J. T.? ¿Quién es S. J. T.? –preguntó el Kuraka.
-Dormilia… ir… buscar… S. J. T…
-Señor Kapuccino, S. J. T., ¿dónde? –le preguntó el Varón.
-S. J. T… allá… buscar… -les contestó Kapuccino, y luego movió su cabeza señalando hacia una dirección.
-¡Gracias, Señor Kapuccino! –le agradeció el Varón.
-Vamos, tenemos que encontrar a ese tal S. J. T. Espero que él sepa dónde encontrar a Dormilia y cómo salir de aquí.
El Varón asintió, y los dos compañeros emprendieron el camino en la dirección señalada por Kapuccino.
…
En memoria del maestro Ryszard Kapuściński (1932-2007) Q. E. P. D.
En los sótanos de la Macultad de Experimentaciones, en un cuarto inundado por una luz verde, había tres jaulas. En cada una de ellas había un ser del sexo femenino, inconsciente, incapaz de huir. Miss Bernaola, Sor S. y la Mona Chita, víctimas de la crueldad de Gordicia y su plan de rejuvenecer y adelgazar para siempre.
Una puerta se abrió en la Sala Verde. Pesadillo bajó una escalerilla y se acercó a las jaulas. Abrió el maletín que llevaba y sacó tres jeringas idénticas. Luego, una por una, les sacó una muestra de sangre a las tres cautivas. Guardó las jeringas en el maletín, sacó su celular y marcó un número. Espero a que contestara una voz.
-¿Pesadillo?
-Maestro, ya saqué las muestras.
-Excelente. ¿Cómo van las cosas por allá?
-Todo marcha según lo que usted planeó. Gordicia todavía no sospecha nada de la traición.
-¿Cuánto tiempo te tomará procesar las muestras de sangre?
-Un par de días, Maestro.
-¿Podrás engañar a Gordicia hasta entonces?
-Está tan ilusionada con su “Plan Maligno” que no se dará cuenta.
-Perfecto. Date prisa, Pesadillo. Nuestro cliente es impaciente y no será juicioso hacerlo esperar.
-Lo sé. Maestro. No me tomará más que dos días.
Pesadillo esperó a que se cortara la comunicación. Luego guardó su celular, tomó su maletín, subió la escalerilla metálica y cerró la puerta.
…
Muy lejos de allí, en un lugar imposible de ubicar, la Chica de los Melos apareció con el Kuraka y el Varón.
-Bienvenidos al Reino de los Sueños –les dijo la Chica de los Melos.
El Kuraka y el Varón observaron con atención el lugar donde se encontraban. No era nada como lo que hubieran visto antes: el piso era como una especie de algodón, o como nubes. El cielo era de un color entre morado y guinda, y en él se podían ver cosas flotando, como edificios, personas, recuerdos…
-En este lugar, las reglas de la física y de la realidad no se cumplen siempre, así que tengan cuidado –les dijo la Chica de los Melos. –Aquí no encontraran secuaces de la UPK, pero es posible que el mundo creado por Dormilia sea tan hostil como ellos.
-¿Dónde está Dormilia? –preguntó el Varón.
-Eso es algo que no puedo saber –respondió la Chica de los Melos. –Deberán explorar este extraño mundo hasta encontrarla. Esto les ayudará en casos de emergencia.
La Chica de los Melos le entregó a cada uno un caramelo.
-Ahora vayan e intenten llegar a la UPK, cueste lo que cueste.
Dicho eso, la Chica de los Melos desapareció.
-Bueno… empecemos a caminar hasta allá –dijo el Varón, señalando lo que parecía ser una especie de libro gigantesco, al fondo en el horizonte.
Mientras andaban, el Kuraka empezó a observar con detenimiento el paisaje utópico delante de él. El suelo hacía curvas extrañas, se hundía y volvía a surgir, juntándose a veces con el extraño cielo morado. Las cosas no eran del tamaño del que solían ser, y algunas de ellas flotaban en el cielo sobre ellos: pelotas gigantes, más grandes que un avión, pájaros muertos, casas y edificios de todo tamaño, todo tipo de objetos extraños. El sitio al que se dirigían era un libro gigantesco, como un edificio de diez pisos, que sobresalía del suelo de nubes.
-¡Mira, Kuraka! ¡Es un Tumi gigante! –le advirtió el Varón al Kuraka, señalando el gigantesco objeto de oro que parecía estar enterrado entre el suelo de algodón, unos metros a su izquierda.
-Y esas, si no me equivoco, son muñecas de plástico que simulan ser…
-¡Sor S.! –exclamó el Varón, mientras cogía una de las muñecas que flotaban cerca de ellos, como si fuera un enjambre de abejas.
-Este sitio es siniestro… es como si supieran de nosotros –dijo el Kuraka.
-No creo que esa tal Dormilia sea muy amigable, si está haciendo todo esto para asustarnos.
-Lo sabremos cuando la encontremos.
Siguieron caminando hasta llegar al pie del libro gigantesco. No podían leer muy bien lo que decía, pero se podían entender las palabras “Código”, “Ética” y “Publicidad”.
-¡Mira, Kuraka! Aquí hay una puerta –dijo el Varón, señalando una abertura en el libro gigante.
Los dos compañeros entraron por la puerta y empezaron a bajar por unas escaleras de caracol.
-Me pregunto a dónde llevará todo esto… -dijo el Varón.
Al final llegaron a un corredor muy oscuro, lo suficientemente largo para que el final no fuese visible.
-¡Dámier! No veo nada… -se quejó el Varón.
-Eso no será problema… Tápate los ojos –dijo el Kuraka, luego de lo cual se sacó el manto inca y los pantalones.
-Me debí haber conseguido unos lentes de sol –dijo el Varón.
-No me hablas de lentes de sol –le dijo el Kuraka, algo fastidiado. –Maldita Vallegusta, me las vas a pagar.
-Bueno, tu guíame, porque con los ojos tapados no veo ni dámier.
Los dos compañeros empezaron a caminar por el ahora muy bien iluminado pasillo.
-¿A dónde crees que lleve este corredor? –le preguntó el Varón al Kuraka.
-No tengo idea, Varón. Solo espero que no tengamos muchas sorpresas desagradables.
…
El Mono Calato fue el último en saltar la valla que ahora cubría la entrada al laberinto de la UPK. Los tres compañeros se adentraron por los ya conocidos pasajes y llegaron, luego de unos minutos de correr entre los arbustos, al patio donde cayeron en la trampa de Gordicia.
-Esta vez, hay que ir bordeando el sitio, sin acercarse al centro –sugirió el Chico de Madera.
Empezaron a caminar por el borde del claro, y pronto llegaron al otro lado sin ningún problema.
-Esto recién está comenzando –dijo el Mono Calato. –Lo más probable es que Gordicia haya desplegado todas sus fuerzas para evitar que logremos entrar.
Siguieron por los caminos del laberinto y, finalmente, llegaron a la entrada de un edificio. En la puerta se podía leer “Unión Perversa Kuántica”.
-Llegamos… es aquí –dijo el Chico de Madera.
-¿Por qué no hay nadie resguardando la puerta? –preguntó el Gordo.
-Quieren que entremos confiados. Tenemos que ser extra cautelosos desde ahora.
El Mono Calato tenía razón: lo más seguro era que Gordicia hubiese preparado más trampas dentro de la UPK. Cruzaron el umbral del edificio, y se adentraron en la guarida del mal.
-Esta es la entrada principal. La primera vez que vine, trepé por unos muros que están más hacia el oeste, porque no pude llegar hasta la puerta verdadera de la UPK –les confesó el Chico de Madera.
-O sea, que no sabes que hay por esta parte de la UPK –le dijo el Mono.
-No tengo idea –le dijo el Chico de Madera. –Solo se que en el medio hay unos patios principales, luego hay un río, y cruzando ese río está la Macultad de Experimentaciones.
-Es un largo camino… -dijo el Gordo.
-Un camino que tenemos que recorrer, y cuanto antes, mejor –dijo el Mono Calato.
Empezaron a caminar por el edificio, que parecía ser una especie de recepción de la UPK. Sin embargo, todo estaba completamente abandonado.
-Espero que las Duracell duren lo suficiente… -dijo el Chico de Madera.
Había dos enormes puertas a cada lado. Una de ellas decía “Pabellón X” y la otra “Pabellón Y”.
-¿Por dónde vamos? –preguntó el Mono Calato.
-Deberíamos dividirnos –opinó el Gordo.
-Tenemos demasiados enemigos como para darnos ese lujo –le dijo el Chico de Madera.
-¿No dijiste que los muros por los que trepaste estaban hacia el oeste? –le preguntó el Mono.
-Si, eso creo.
-Entonces, ¡tomemos la puerta de la izquierda! –sugirió el Gordo.
Los otros dos asintieron, y los tres compañeros entraron al Pabellón X de la UPK.
…
El Kuraka y el Varón Ron Ron llegaron al final del túnel y salieron al aire libre.
-¿Qué dámier es esto? –dijo el Varón, ante lo que veían delante.
Todo era diferente en ese lugar. Era como si fuera el mundo al revés: el cielo, que ahora era de un color amarillo turbulento, estaba bajo sus pies, y sobre ellos las montañas y los bosques colgaban, formando un paisaje totalmente irreal.
-Parece que este Reino de los Sueños cambia a cada rato –dijo el Kuraka.
Empezaron a caminar por el cielo en aquel paisaje invertido.
-Kuraka, ¿ves eso a lo lejos? –le preguntó el Varón, señalando lo que parecía ser una roca, flotando delante de ellos.
-Si, vayamos a ver qué es. No tenemos ningún otro lugar a donde ir, de todas formas.
Mientras se acercaban al misterioso objeto, empezaron a darse cuenta que no era una roca. Era una cabeza. Una cabeza gigante, de un hombre viejo.
-Este mundo es escalofriante… -decía el Varón.
Llegaron a la cabeza del hombre viejo, la cual era tan grande como una casa entera. Estaba volteada, y los dos compañeros no podían verle el rostro.
-¿Hola? ¿Está vivo? –empezó a preguntar el Kuraka.
La enorme cabeza se giró, hasta que los dos compañeros pudieron ver el rostro del hombre viejo. Tenía los ojos cerrados, como si estuviera dormido.
-¡Yo conozco ese rostro! –exclamó el Varón. – ¡Es R. Kapuccino, el famoso periodista polaco! Falleció hace unos meses.
-¿R. Kapuccino? ¿Y qué hace su cabeza sobredimensionada en el Reino de Dormilia? –preguntó el Kuraka.
-Ahhhhhhhhhh… -murmuró R. Kapuccino, despertándose.
-¿Señor R. Kapuccino? ¿Nos escucha? –preguntó el Varón.
-¿Quién… se… dirige… a mí…? –dijo, con una profunda y cansada voz, Kapuccino.
-Somos el Varón y el Kuraka. Hemos venido al Reino de Dormilia para tratar de cruzar a la UPK y detener a Gordicia y su Plan Maligno.
-Kuraka, no creo que él vaya a entender todo lo que….
-¿Gordicia…? ¿U…P…K…? –dijo Kapuccino.
-¿Ha oído hablar de ellos, señor Kapuccino? –preguntó el Varón.
-UPK… maldad… detener… ya….
-¡Si! ¡Tenemos que detener a Gordicia y a la UPK! ¿Nos puede ayudar a encontrar a Dormilia, o la forma de cruzar a la UPK? –le preguntó el Varón.
-Dormilia… cruzar… UPK…
-Creo que solo está repitiendo lo que decimos, Varón.
-Déjame intentarlo una vez más –le dijo al Kuraka. –Señor Kapuccino, Dormilia, ¿dónde?
-Dormilia… ir… buscar… S. J. T…
-¿S. J. T.? ¿Quién es S. J. T.? –preguntó el Kuraka.
-Dormilia… ir… buscar… S. J. T…
-Señor Kapuccino, S. J. T., ¿dónde? –le preguntó el Varón.
-S. J. T… allá… buscar… -les contestó Kapuccino, y luego movió su cabeza señalando hacia una dirección.
-¡Gracias, Señor Kapuccino! –le agradeció el Varón.
-Vamos, tenemos que encontrar a ese tal S. J. T. Espero que él sepa dónde encontrar a Dormilia y cómo salir de aquí.
El Varón asintió, y los dos compañeros emprendieron el camino en la dirección señalada por Kapuccino.
…
En memoria del maestro Ryszard Kapuściński (1932-2007) Q. E. P. D.






7 comentarios:
Dormilia:
k cruel!! jamás soñaría con la cabeza de Ryszard K.
y kien damier es S.J.T ??' a ver k más viene en el proximo capitulo...ustedes y sus pastruladas!...pero ta bien...igual es interesante! (pero mis sueños son más cheeres pss...sino no durarian tanto xD
Dormilia: cada bostezo mio vale la pena...así k chikos esa imaginación tiene k volar en el prox capitulo así k sorprendanme ...en memoria de mis cabeceadas en primer ciclo...bueno en segundo tamb ...kiza en tercero de vez en cuando...kien sabe si en cuarto continue siendo una tradición, pero en fin...denme motivos para seguir :p
JAJAJAJAAAJAJAJJA aaaah el masro Kapucchino se murió unas semanas antes de venir a da runa conferencia ya ay las coss de la vida.
que harrypotteriano! xD
síganle carnales! xD
soy Andrea xD
por fin cambiaste de color al blog ... mucho maltrataba a mis ojos con el fondo anterior xD! ... kien sera el misterioso SJT ... espero con ansias mi estreno ... muajaja ^^ - Cuxara xD!
Su imaginación no tiene límites!!!! jajaja xD Me he divertido leyendo estos últimos capítulos
Estaré esperando el siguente que espero q salga pronto XD
el señor Kapuccino seee! q chistoso suena xD
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