jueves, 15 de noviembre de 2007

Capitulo 17 - Somos las 5 C: Están a salvo


El Chico de Madera suspiró al pisar el último escalón.

-¡Lo logramos! –exclamó, en éxtasis –Los sótanos de la UPK…

Los cinco compañeros cuánticos habían descendido por las oscuras escaleras, y ahora se encontraban en el húmedo nivel subterráneo de la Macultad de Experimentaciones. El pasadizo en frente de ellos era oscuro, pero una extraña luz verde parecía provenir de uno de los cuartos del fondo.

-Debe ser ahí, ¡vamos, 5 C! –alentó a sus compañeros el Varón Ron Ron -¡Terminemos con esta dámier de una vez!

Los cinco cuánticos individuos avanzar por el corredor, y se detuvieron frente a la puerta de la cual emanaba la luz. Dentro del cuarto, una serie de extrañas máquinas, tubos de ensayo y demás aparatos emitían extrañas luces y sonidos. Al fondo del laboratorio, casi en la oscuridad, se hallaban tres celdas dentro de las cuales podían distinguirse tres siluetas femeninas.

-¡¡¡Sor S.!!! –gritó el Varón al reconocer a la chica vestida en hábito de monja.

-¡¡¡Mona Chita!!! –chilló el Mono Calato al ver a su amada después de tanto tiempo.

-¡¡¡Miss Bernaola!!! –exclamó el Chico de Madera, ante la visión de su musa madérica, su arquetipo de amor pilástico, que finalmente estaba frente a sus ojos de caoba.

-Vamos, hay que liberarlas rápido antes de que… -empezó a decir el Kuraka, cuando de pronto una figura salió de entre las sombras.

-No tan rápido –dijo Pesadillo, colocándose delante de las tres celdas –Creo que merezco divertirme un rato luego de tanto trabajo, ¿no creen? ¡Fichas de Resumen!

Las fichas de Pesadillo volaron en dirección a los cinco cuánticos, quienes tuvieron poco tiempo de esquivarlas. El Mono Calato logró realizar un ágil salto y balancearse en su cola, mientras las fichas pasaban por debajo de él, pero sus demás compañeros no tuvieron tanta suerte. El Kuraka, el Varón, el Gordo y el Chico de Madera quedaron atrapados entre torbellinos de papeles cortantes.

-¡Jajaja! Yo no soy tan fácil de vencer como Dodette o Vallegusta –se burló Pesadillo de sus adversarios –Eso deberías saberlo muy bien, Mono desnudo.

El Mono Calato tomó uno de los tubos de ensayo y lo lanzó con la cola en dirección a Pesadillo, mientras corría hacia él para golpearlo. Sin embargo, el secuaz de la UPK fue más rápido: una ficha de resumen voló hacia el tubo de ensayo y lo cortó perfectamente a la mitad, y luego la voz de Pesadillo se escuchó en todo el recinto.

-¡Pie de Página!

El Mono Calato cayó de bruces al suelo, con los pies de mono atrapados por una serie de manos. Las fichas de resumen de Pesadillo se desvanecieron, y el Kuraka, el Varón, el Gordo y el Chico de Madera cayeron inconscientes por los efectos secundarios del ataque.

-Tenía que jugar un poco con ustedes antes de cumplir con mi última misión aquí –empezó a decir Pesadillo –Ahora, ¡es hora de que desaparezcan!

El Mono Calato trató de levantarse, pero las manos se lo impedían.

-Al menos tendrás el honor de ver uno de mis ataques secretos –le dijo Pesadillo a su monástica víctima, luego de lo cual se preparó a usar su poder -¡Estado de la…!

-¡Perelevation!

Una figura arremetió contra Pesadillo con gran fuerza y velocidad, mandando a volar al secuaz hasta el otro extremo del laboratorio. El Mono Calato logró librarse finalmente del ataque de Pesadillo, y corrió hacia Spoon, quien se levantaba sonriente.

-Así que tú eres Spoon –le dijo el Mono a su rescatador –El Kuraka y el Varón nos dijeron que volverías con caramelos.

-¡Otro mono pastrulo! –dijo Spoon, al ver por primera vez la desnuda anatomía del Mono Calato.

-¿Lograste conseguir los caramelos? –le preguntó el Mono, adolorido.

-¡Claro, monation! –asintió Spoon, y sustrajo de su bolsillo una bolsa llena de caramelos –Cortesía del Reino de Dormilia.

El Mono se comió uno de los caramelos, y en pocos segundos sintió como la energía corría por sus venas. Spoon se acercó a los cuatro inconscientes y les hizo comer a cada uno un caramelo.

-¡Dámier! ¿Qué pasó? –se preguntó el Varón, levantándose con más energía que nunca.

-¡Las Duracell están completamente recargadas! –dijo el Chico de Madera, estirando sus extremidades.

-¿Spoon? –dijo el Kuraka, al darse cuenta de la presencia de su compañero -¡Perfecto, pudiste regresar!

-Ahhh… Malditos…-murmuró con dificultad Pesadillo, incorporándose lentamente.

-¡Pesadillo, este es tu final! –sentenció el Gordo, con más poder sebáceo que nunca.

-No…puedo…ahhh… –siguió jadeando Pesadillo, mientras extraía disimuladamente una ficha de su bolsillo.

-¡Spoon, guarda tu bolsa! ¡Se está haciendo el herido para…! –le gritó el Kuraka a su amigo pero, antes de poder terminar, Pesadillo lanzó una ficha de resumen hacia la bolsa de caramelos de Spoon. La ficha atrapó la bolsa y, tan rápido como llegó, regresó a las manos de Pesadillo.

-¡Jajaja! No pensé que fueran tan ingenuos –se burló Pesadillo, comiéndose uno de los caramelos y recobrando sus fuerzas luego de la violenta embestida de Spoon.

-¡Eres una dámier! –le gritó el Varón a su enemigo, el cual se preparó una vez más para atacar.

-¡Esta vez nada detendrá mi técnica especial! –dijo Pesadillo, preparándose para atacar.

-¡Rápido, Mono! –le gritó Spoon a su compañero, sacando un racimo de bananas de su bolsillo y lanzándoselo rápidamente -¡Haz lo que sabes hacer!

El Mono Calato atrapó el racimo, arrancó una de las bananas y, concentrando todas sus fuerzas, la lanzó contra Pesadillo, mientras este se preparaba a realizar su ataque.

-¡Estado de la…!

-¡Banana Viajera!

La banana del Mono voló hacia Pesadillo y, al hacer contacto con él, comenzó a brillar. El resplandor se extendió a Pesadillo y, en un destello, el secuaz y la fruta desaparecieron.

-¡Mono, lo lograste! –felicitó a su compañero el Kuraka – ¡Usaste la Banana Viajera para transportar a Pesadillo a otro lugar!

-Así que no solo sirve para transportarse a uno mismo, ¡sino también para alejar a los enemigos! –dijo el Varón, sorprendido.

-Ahora sí –dijo el Chico de Madera, dirigiéndose hacia las tres celdas – ¡Rescatemos a nuestras amadas!

Los seis compañeros se acercaron a las celdas, donde las tres chicas yacían aún inconscientes.

-Hay que encontrar alguna manera de sacarlas de ahí –dijo el Gordo.

-¡Ni se te ocurra usar el Eructo Wii! –le advirtió el Varón a su redondo compañero.

-Tengo una idea –dijo el Kuraka, extrayendo de su manto la espada de la misteriosa Vallegracia.

-No creo que con eso logres… -empezó a decir Spoon, pero el antes que pudiese terminar de hablar el Kuraka tomó la espada y la blandeó con todas sus fuerzas, cortando como mantequilla los barrotes de las celdas.

-Vaya… -dijo el Chico de Madera –Esa Vallegracia si que sabe hacer buenas espadas…

El Kuraka guardó la espada de nuevo en su manto, y observó a las tres chicas desmayadas.

-Si tan solo Pesadillo no se hubiese llevado la bolsa con los caramelos, podríamos hacer que recobren sus fuerzas –se lamentaba Spoon, cuando de pronto una voz femenina lo interrumpió.

-Eso no será problema.

Los seis compañeros voltearon inmediatamente y vieron delate de ellos, bajo un resplandor de luz blanca, a la Chica de los Melos.

-¡Chica de los Melos! –exclamó el Chico de Madera, contento de verla nuevamente.

La Chica de los Melos se acercó a los seis compañeros y les dio tres caramelos.

-Úsenlos para despertar a sus amadas, por las cuales han luchado y vencido hasta ahora.

-¡Gracias, Chica de los Melos! –dijo el Varón Ron Ron, deslumbrado por la belleza de la chica angelical.

-Lo han hecho extremadamente bien hasta ahora –los felicitó la Chica de los Melos –El Gran Maestre Ángel y yo estamos muy orgullosos de ustedes.

-¡No lo hubiésemos logrado sin la ayuda de tus caramelos! –dijo el Mono Calato.

-Todos nosotros lo hemos logrado juntos –dijo el Kuraka –Por fin, ¡podremos rescatarlas!

Los seis compañeros se voltearon hacia Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola, y se acercaron a ellas para darles los caramelos. Sin embargo, el Chico de Madera se detuvo un momento, y volvió a mirar a la Chica de los Melos.

“Hay algo diferente en ella”, pensaba, hasta que se dio cuenta de lo que era. En el cabello rubio de la Chica de los Melos, ciertos mechones de color negro podían verse claramente.

-Chica de los Melos, ¿te has hecho rayos en el pelo? –le preguntó el Chico de Madera a la angelical chica.

-¿Qué? ¿De qué…? –dijo, confundida, la Chica de los Melos, antes de darse cuenta a lo que se refería el maderístico individuo, luego de lo cual le respondió evasivamente –Ah si…eso es.

Al Chico de Madera le extrañó la respuesta cortante, pero no le dio mucha importancia.

-Bueno, es hora de que vuelva a la Cuanticueva –dijo la Chica de los Melos -¡Buena suerte, 5 C!

En un destello de luz, la chica angelical se desvaneció, dejando a los seis compañeros cuánticos con las tres chicas. El Varón Ron Ron le hizo comer un caramelo a Sor S., la cual fue la primera en despertar.

-¿Qué? ¿Qué rayos pasó?

-¡Sor S.! –exclamó, casi con lágrimas de felicidad, el Varón -¡Estás bien!

-No recuerdo casi nada… -dijo Sor S., extremadamente confundida.

-Fuiste capturada por Gordicia y sus secuaces, y traída a este lugar –le explicó el Kuraka.

-Deben haberlas tenido sedadas la mayor parte del tiempo… -dijo Spoon.

-Ble…qué dámier –dijo Sor S., incorporándose por primera vez en un largo tiempo.

La segunda en despertar fue la Mona Chita, luego que el Mono Calato le hizo comer uno de los caramelos.

-¡Mona! ¡No sabes lo preocupado que me tenías! –exclamó el Mono, abrazando a su amada.

-¡Fue horrible! ¡Ese tal Pesadillo me tuvo metida en su máquina con ruedas por días, y después llegué aquí y no recuerdo nada más!

-Ha sido terrible para todos, ¡pero ahora estamos bien! –dijo el Varón Ron Ron, aun extasiado por tener tan cerca a su amor platónico, Sor S. –Somos las 5 C, y ahora están a salvo.

El Chico de Madera también empezó a sonreír compulsivamente, pues Miss Bernaola había comenzado a despertarse luego de comerse el último caramelo.

-¡Miss Bernaola! ¡Hemos venido a rescatarte!

-¿Quéeeeeeeeeeeeeeeee?

-¡Hemos venido a salvarte de las garras de Gordicia y su malévolo experimento! –le volvió a decir el Chico de Madera.

-Ahhhhhhhhhh…–dijo Miss Bernaola, tratando de procesar la difícil información.

-¿Quién es esta? –preguntó la Mona Chita, al ver a Miss Bernaola a su costado.

-Yo soy cuántica, ¿y tú?

-¡Ella es Miss Bernaola! –le explicó el Chico de Madera a la Mona –Como tú y Sor S., fue traída aquí para el experimento que conducía Gordicia.

-Parece que esa tal Gordicia es una dámier… -opinó Sor S.

-Bueno, ¡no tenemos tiempo que perder! –les dijo el Kuraka a sus compañeros –Será mejor que nos vayamos de aquí cuanto antes.

-El Kuraka tiene razón –dijo el Gordo –Ya no tenemos por qué estar aquí mas tiempo.

El Varón, el Mono y el Chico de Madera escoltaron a sus respectivas amadas hacia la puerta del laboratorio, mientras el Gordo, el Kuraka y Spoon se adelantaban para asegurarse que el camino estuviese libre.

-Creo que no viene nadie –empezó a decir Spoon –Avancemos lenta…

-¡ALTO!

Un rugido resonó en el corredor, y todos voltearon hacia el origen de la voz. De las escaleras que subían a la Macultad una figura prominente empezó a bajar. Entre las sombras y la oscuridad, los cuánticos compañeros pudieron distinguir una silueta redonda y grotesca, una cabellera crespa y un par de anteojos amenazantes. Era la primera vez que la veían en persona, pero la voz de Gordicia era inconfundible.

-¡Por fin nos encontramos, malditos insectos! –dijo Gordicia, con su desagradable voz.

-¡¡Tú!! –gritó, con furia, el Varón, preparándose para atacar.

-¡¿Cómo se atreven a intentar llevarse a mis tres prisioneras, cuando aún no he completado mi experimento?! –bramó Gordicia, visiblemente iracunda.

-¡Nunca conseguirás concretar tu plan! –sentenció el Kuraka –Nosotros nos aseguraremos de ello.

-¡Prepárate para…! –empezó a decir el Varón, pero el Chico de Madera lo detuvo con una mirada.

“Es cierto, el trato”, pensó el Varón Ron Ron. “Le prometimos a Chomsky irnos apenas rescatásemos a Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola”.

-¡Ahora verán, malditos! –dijo Gordicia, luego de lo cual se preparó a atacarlos -¡Briefs!

Una ráfaga de papeles cortantes voló en todas direcciones, y las 5 C empujaron a Sor S., Miss Bernaola y Mona Chita para que no fueran heridas. El Kuraka trató de protegerse con su manto inca, pero los briefs lo atravesaron y cortaron profundamente su ropaje y su piel.

-¡Ahh, dámier! –gritó el Varón, sangrando por los cortes, mientras el Mono Calato trataba de arrancarse hojas de papel de su cola.

-¡Eso no es nada! –gritó Gordicia -¡Ni siquiera los lancé con la mitad de fuerza!

-Tenemos que huir, y rápido –dijo Spoon, viendo como Gordicia se preparaba para atacar de nuevo.

-Es cierto, tenemos que llevar a Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola a la Cuanticueva –dijo el Chico de Madera –Gordo, usa tu Eructo Wii para distraerla mientras…

El Chico de Madera se detuvo al ver el rostro de su redondo compañero. El Gordo yacía completamente inmóvil, con una expresión de increíble sorpresa, mirando a Gordicia.

-Ha estado así desde que apareció Gordicia –dijo el Mono Calato, mirando al paralizado Gordo.

-¡Gordo, reacciona! –le gritó el Kuraka a su compañero, pero el Gordo seguía inmóvil, boquiabierto, incapaz de retirar los ojos de Gordicia.

-¡Despídanse, insectos! ¡Esta vez mi ataque los mandará a la dámier! –gritó Gordicia.

-¡Tenemos que detenerla por un rato para escapar! –exclamó el Chico de Madera, desesperado.

-Yo me encargo de eso –dijo Sor S., sacando de su hábito un libro con las iniciales “T.B.”

-¿La vas a detener leyéndole un cuentito? –preguntó, sonriendo, Miss Bernaola –Yo leo mientras duermo y así sueño que…

-Este no es cualquier libro –la interrumpió Sor S. –Este es un regalo del Gran Maestre Ángel, para ser usado en ocasiones de emergencia.

-¡Pues esta es una! –le dijo Spoon -¡Úsalo!

Sor S. abrió el libro y, con voz clara y fuerte, pronunció su ataque.

-¡El Chico Ostra!

De pronto, una almeja gigante apareció en frente de Gordicia y se cerró, atrapándola dentro.

-¡Ahh! ¡Maldita! ¡Déjame salir! –empezó a gritar Gordicia, pero su voz llegaba de dentro de la ostra como nada más que un susurro.

-¡Increíble! –exclamó el Varón, luego de lo cual se volteó a sus compañeros -¡Rápido, Mono, saca tu banana y transpórtalas a la Cuanticueva!

El Mono Calato asintió, y arrancó una banana del racimo que le dio Spoon.

-¡La ostra! –advirtió el Kuraka a sus compañeros – ¡Se está abriendo!

Con un crujido, Gordicia hizo estallar la ostra en pedazos, liberándose.

-¡Rápido, Sor S.! –dijo el Varón – ¡Lee otro cuento!

Sor S. volteó la página, y se preparó a volver a atacar a Gordicia, que estaba acercándose.

-¡La Mirona!

Los ojos de Gordicia se salieron de sus órbitas y empezaron a alejarse de ella, extendiéndose por todo el corredor.

-¡Ahhh! –gritaba de dolor Gordicia -¡Devuélveme mis ojos, maldita!

-Mona Chita, Miss Bernaola, ¡pongan sus manos sobre esta banana! –les dijo el Mono Calato a las dos chicas, mientras les extendía la fruta.

Gordicia logró capturar sus ojos, y se los volvió a poner en su cara. El Mono empezó a concentrar su poder en la banana, y a pensar claramente en la Cuanticueva.

-¡Mono, apúrate! –le gritó Spoon a su compañero.

-¡Si no programo bien el destino de la banana, las chicas podrían terminar en cualquier sitio! –dijo el Mono Calato, y siguió concentrándose.

Gordicia miró con odio a Sor S., y se preparó a usar sus Briefs nuevamente.

-¡Brie…!

-¡El Niño Ojos de Alfiler!

El ataque de Sor S. hizo que dos alfileres se incrustaran en los ojos de Gordicia, la cual empezó a chillar del terrible dolor.

-¡¡No puedo ver!! ¡Mis ojos! ¡Maldita dámier! –maldecía Gordicia, retorciéndose en el suelo.

-¡Mono! ¡¿Ya está lista la banana?! –preguntó el Varón Ron Ron, adolorido por los cortes.

-¡Ya casi! ¡Solo un minuto más! –gritó el Mono.

El Gordo continuaba inmóvil, completamente paralizado, como si hubiese visto un fantasma.

-¡Gordo! –le gritaba a su compañero el Kuraka -¡Responde! ¡¿Qué te pasa?!

-¡Mis ojos, maldita! –seguía chillando Gordicia, hasta que el ataque de Sor S. perdió su efecto, y logró quitarse los alfileres y recuperar la vista.

-¡Solo me queda un cuento por leer! –anunció Sor S., viendo que Gordicia volvía a incorporarse.

-¡Ya está! –gritó el Mono Calato -¡La banana está preparada!

-¡No van a escaparse de mi! –dijo Gordicia, intentando una vez más usar su poder -¡Brie…!

-¡MOLLINAS EN FUGA!

De la nada, un sinnúmero de mollinas invadieron el corredor y se abalanzaron con furia sobre Gordicia, cubriéndola por completo y picoteándola.

-¡Ahora! –gritó el Mono –¡Sor S., Mona Chita, Miss Bernaola! ¡Pongan sus manos en la banana!

Las tres chicas hicieron lo indicado, luego de lo cual el Mono Calato canalizó todas sus fuerzas en la fruta.

-¡Banana Viajera!

Con un destello de luz, Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola desaparecieron.

-¡Ahora, escapemos de aquí nosotros! –dijo el Varón.

-¡Corramos! –dijo el Mono -¡Ya no hay tiempo de preparar otra banana!

-¡Ahora, corramos mientras Gordicia está bajo el ataque de Sor S.! –dijo el Kuraka.

Los seis compañeros cuánticos se abalanzaron por el pasillo hacia las escaleras, aprovechando que Gordicia continuaba bajo el ataque de las mollinas de Sor S. Spoon tenía al Gordo agarrado del brazo y lo jalaba por las escaleras, pues el redondo cuántico seguía sin moverse.

Continuaron avanzando por los pasillos de la Malcultad de Experimentaciones, y atravesaron el edificio hasta llegar a los patios de la UPK. Una vez al aire libre, lo suficientemente lejos de Gordicia, los seis compañeros se detuvieron.

-¡Gordo! –le dijo el Chico de Madera su compañero, viendo que este ya empezaba a gesticular un poco.

-No tiene caso… -opinó Spoon –Será mejor volver a la Cuanticueva y…

-No… No…

El Gordo habló por fin, con dificultad, recién saliendo de su shock emocional.

-No podemos volver… -continuó diciendo el Gordo.

-¿De qué hablas, Gordo? –preguntó el Varón -¿Por qué no podemos volver?

-Gordo, si tienes algo que decir, habla de una vez –dijo el Kuraka.

-Está bien… -dijo el Gordo, reuniendo sus energías.

-¿Por qué dices que no podemos regresar? –preguntó el Chico de Madera -¿Por qué te pusiste así?

El Gordo tomó aliento, suspiró profundamente, y luego miró a sus compañeros.

-¿Recuerdan lo que les conté sobre mi madre?

-Si, dijiste que un día todo cambió y se fue de la casa –dijo el Mono Calato -¿Qué tiene que ver eso?

El Gordo dudó un momento, reunió fuerzas, y finalmente habló.

-Gordicia… es mi madre.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

mi aparicion estuvo wena ... pero kiero saber si tengo mas poderes ... aparte de las cuxaras y el perelevation =P ... y como es eso que Gordicia es la vieja del gordo wiii ??? jajajajaja !!! ke siga la historia !!!

Anónimo dijo...

jajajajajajajajajajajjajajajajajajajajajaj

OOOOOH ES DEMASIADO GENIAL!!! Que geniaaaal. Tim Burton!! *-* Y LA MOLLINA! =D JAJAJAJA

esta demasiado genial ÁLvaro!! gracias =), se te extraña!

Sor S.

Anónimo dijo...

wauuu fantastiko!!...recordè nuestro primer ciclo! a giuliana y su - queeee?...ahhhh...y tu??...soñè q estudiaba....jajaja y di mi examen y recordaba toooodo xD... - y andrea soria!!! con su damier y su genial!!(y sus cuentos) buenoooo ...felicidades alvaro has logrado nuevamente avivar esos momentos cachimbolicos y cuantikos cheeere porq ese es el objetivo de este blog...creo zzzzZZZZzzzzZZZZ
dormilia xD

Unknown dijo...

Jajajajaja, que creativo...