viernes, 19 de enero de 2007

Capitulo 3 - Un sobreviviente de tiempos de oro

La noche empezaba a caer en las montañas de la selva alta. Los pocos rayos de Sol que aun teñían las laderas de los cerros repletos de vegetación empezaban a replegarse, al igual que el paisaje comenzaba a cambiar mientras más se acercaba uno a la sierra.

El aire, escaso para un ser humano, lo era aun mas para un mono. Llevaba más de un día siguiendo el rastro al jeep de Pesadillo, en el cual iba prisionera su amada, la Mona Chita. Había sido un trayecto duro, hecho a pie de mono por partes, y colgado de lianas cuando las fuerzas juntadas se lo permitían. No había visto comida desde que, muy temprano el día del secuestro de la Mona, se comió tres bananas. El Mono Calato hubiera dado lo que sea por algo de alimento para poder continuar su persecución.

Cuando la oscuridad cayó por completo, el Mono se preparó para pasar la noche en aquél lugar. No podría seguir el rastro de huellas sin confundirse y terminar perdido y dando vueltas en círculos. Necesitaba, además, reponer sus monísticas energías. Estaba listo para dormirse cuando, no muy lejos, divisó una luz. Provenía de una especie de formación rocosa, imposible de identificar a esa distancia. El Mono Calato decidió investigar: podría no ser nada, pero valía la pena el intento.

Una vez que el Mono había trepado las colinas cercanas y se había acercado al pie del origen de la extraña luz, no cabía duda de lo que era aquella estructura: se trataba de una serie de ruinas incas, una antigua fortaleza de los tiempos dorados del Imperio Incaico, casi intacta. El Mono Calato entró por una pequeña abertura entre las piedras, intentando localizar la fuente de aquella extraña luz. Siguió por un corredor de piedra y llegó a un patio abierto, que seguramente tuvo alguna función ritual en la antigüedad de los incas. Fue entonces cuando la vio.

Primero pensó que era una alucinación, producto de su desesperación y la falta de sueño, pero una segunda mirada de mono confirmó las sospechas. En el centro del patio, al medio de una formación circular de enormes piedras, había una banana. Mono, como todo mono, quería banana, así que se acercó sin pensarlo mucho, guiado por sus monísticos instintos, a la fruta tan deseada, y la tomó entre sus manos de mono. Grave error. Segundos luego que el Mono tenía la banana en su poder, se pudo oír una voz clara y precisa en todo el recinto.

-¡Fichas de Resumen!

Las enormes piedras que rodeaban al Mono se cerraron sobre él, creando una prisión de la cual no era posible escapar.

-¡Ja ja ja! No pensabas que hojas de papel cortante era lo mejor que podía hacer, ¿o si?

Pesadillo salió de su escondite, junto con un séquito de guardias vestidos con armaduras muy antiguas. Los guardias esperaron a que las Fichas de Resumen, que tenían el poder de hacer que cualquier grupo de objetos encerraran a la víctima, perdieran su efecto, y luego tomaron al Mono Calato, que acababa de caer inconsciente, y lo llevaron a los calabozos de la fortaleza inca.



Cuando se despertó, el Mono no pudo recordar al instante lo que había sucedido. Luego empezaron a llegar de vuelta las memorias, y comprendió por qué estaba encerrado en un calabozo oscuro. No sabía si aun era de noche o ya era el día siguiente. No tenía idea de cuanto tiempo había permanecido encerrado en ese tenebroso lugar. Encontró, al lado suyo, la banana que había propiciado el desagradable incidente. Por culpa de esa fruta podría ser muy tarde para rescatar a la Mona Chita. No se la devoró: la guardo consigo por si, mas adelante, cuando la ira contra el objeto amarillo hubiera disminuido, le entraban ganas de comerla.

El Mono calato intentó romper los barrotes, deslizarse entre ellos, por debajo de ellos, pero nada funcionaba. Lo más seguro es que Pesadillo ya estuviera lejos, con la Mona Chita capturada, donde fuera imposible llegar a tiempo. Todo parecía perdido, pero el Mono no podía dejarse vencer tan fácilmente.

Una sombra se acerco a la celda en la cual estaba encerrado el Mono Calato, y lo llamó con un silbido. El Mono no podía distinguir la figura en la oscuridad, así que no era capaz de definir si era alguno de los secuaces de Pesadillo o alguien más.

-Mono…Oye, Mono. ¿Me escuchas?

El Mono Calato se acercó a los barrotes para poder oír bien a la figura que lo llamaba en la oscuridad.

-¿Quién eres?

-Eso no importa ahora- le respondió la misteriosa figura –Voy a ayudarte a salir de tu encierro.

El Mono desconfiaba del extraño visitante, pero no tenía nada que perder. Decidió escuchar lo que tenía que decir.

-¿Cómo piensas sacarme de aquí?

-Voltéate hacia la pared de piedra que está detrás de ti. Cuenta cinco piedras desde la pared de la izquierda y siete piedras desde el piso. Vas a ver una piedra que es un poco más chica que el resto.

-Sí, la veo. ¿Qué hago ahora?

-Empújala ligeramente, sólo unos cuantos centímetros.

El Mono hizo lo que la figura misteriosa le señaló. La piedra se deslizó hacia dentro unos cuantos centímetros, y se pudo oír un leve chasquido.

-Ahora, acércate a los barrotes.
El Mono volvió a los barrotes de metal de la celda, pero no pudo distinguir nada diferente. El hombre desconocido le señaló uno de ellos, el segundo de la derecha.

-Este barrote debería salir sin mucha fuerza, ahora que has accionado el mecanismo de la pared. Intenta retirarlo.

El Mono empujó el barrote hacia afuera, pero nada sucedía. Luego probó jalándolo hacia su propio cuerpo. El pedazo de metal se desprendió de sus soportes y cayó dentro de la húmeda celda.

-Muy bien, ahora sígueme. No tenemos mucho tiempo, ya es de día.

El Mono Calato asintió y salió de la celda por el espacio abierto entre la puerta de la reja de metal. Esta muy confundido. ¿Cómo sabía el extraño individuo la manera de escapar de la celda? Podía ser una trampa, pero decidió seguirle el juego por el momento.

Avanzaron por algunos minutos entre los pasadizos cercanos al calabozo, hasta llegar a un cuarto sin salida. El Mono estaba apunto de preguntar qué iban a hacer en ese lugar, cuando el desconocido empezó a palpar una loza de piedra del suelo. Con un ligero forcejeo, logró removerla, revelando una escalerilla que descendía a un nivel inferior de la fortaleza.

-Ven, sígueme. Iremos por pasajes secretos que nadie conoce.

La oscuridad era completa en aquellos pasadizos, pero al menos parecían ser seguros, al menos más que los patios y claustros del nivel superior, donde podían quedar algunos guardias de Pesadillo.

-¿Los secuaces de Pesadillo no conocen estos pasajes? –preguntó el Mono.

-Esos hombres con armaduras antiguas y yelmos medievales no son lacayos de Pesadillo. Esos soldados obedecen a alguien más.

-¿A quién?- preguntó el Mono, que ya no parecía entender más. Pensaba que Pesadillo era el único problema con el cual habría que lidiar.

-Son soldados españoles de la Conquista. En su tiempo, valientes hidalgos con ansias de oro, poder y fama, siempre en ese orden. Ahora son simples títeres, marionetas sin voluntad, esclavos de Vallegusta.

-¿Vallegusta? ¿Quién es ella?

-Alguien que me persigue hace mucho tiempo, por ser el último de mi especie.

-¿El último de tu especie?

-No hay tiempo para explicar eso ahora –le contestó el desconocido, que había empezado a palpar las paredes hacía ya unos cuantos metros, seguro en búsqueda de otro mecanismo incaico –Ahora lo que tenemos que hacer es escapar. En cuanto encuentre donde estaba la piedra que… listo. La encontré.

El desconocido accionó la piedra y una pared se deslizó ante ellos, dejando a la vista unas escaleras por las que se asomaba la luz del día. Habían llegado a las afueras de las ruinas incaicas.
El Mono Calato, sin poder contener más tiempo su duda, decidió preguntarle al desconocido cómo sabía tanto sobre ese lugar. La respuesta del hombre misterioso lo dejó aún más perplejo que antes.

-Se todo sobre este lugar, porque yo lo construí hace siglos.

...

El Mono Calato y el desconocido salieron a la superficie, luego de muchas horas bajo tierra. Bajo la plena luz del día, el Mono Calato pudo por fin ver con claridad a su misterioso acompañante. Era un hombre vestido con un manto incaico y con una corona de plumas en la cabeza. El Mono apenas podía ver luego de tan violenta exposición a los rayos solares, pero el desconocido parecía no tener problemas.

-Vamos, si nos apuramos tal vez consigamos llegar al…

El desconocido fue interrumpido por una legión de soldados como los que el Mono había visto la noche anterior. Aparentemente, habían estado esperando a que los dos salieran por esa abertura en la tierra. Los soldados rodearon a los dos compañeros y esperaron a que Pesadillo llegara de la fortaleza. Sin embargo, no estaba solo: una mujer vestida con ropas españolas antiguas y con una armadura ligera iba con él.

-Es Vallegusta…la mujer de la que te hablé –le dijo en voz baja el desconocido al Mono.

Vallegusta y Pesadillo se colocaron frente a los dos rodeados compañeros. No había forma de que éstos escaparan ahora.

-¡Ja ja ja! Por fin, ya no pueden escapar. Mi maestra me recompensará muy bien a mí, Pesadillo, por haber capturado a la Mona Chita. ¡Pero ahora no solo tengo en mi poder a la única mona que habla, si no que también tengo ante mi al último de los kurakas!

El Mono Calato volteó a ver a su compañero y entendió que era a él a quien Pesadillo se refería como último de los kurakas.

-Ya no hay nada que puedas hacer para escapar de mí, Kuraka –le dijo Vallegusta, la misteriosa nueva aliada de Pesadillo – ¡Por fin eres mío!

Entonces el Kuraka se volteó a ver al Mono Calato y le habló en voz baja para que sólo él lo escuchara.

-Tápate los ojos, y no los vayas a abrir por nada.

Una vez que el Mono se había cubierto los ojos, el Kuraka se llevo las manos a su manto y se lo quitó de un tirón.

-¡Ja ja ja! ¿Crees que quitándote la ropa vas a escapar, Kuraka? ¿Quieres estar calato como tu compañero?

El Kuraka miró a Pesadillo con burla y, acto seguido, se bajó los pantalones. Un increíblemente brillante y enceguecedor resplandor inundó inmediatamente todo el lugar, volviendo temporalmente ciegos a todos los soldados de Vallegusta, a ella misma y a Pesadillo. Los guardias no podían abrir los ojos ante tal brillantez.

-¿Qué…es…eso? –decía uno.

-Es…tan…brillante –exclamaba otro.

Entonces el Kuraka resolvió sus dudas.

-¡Es el Tumi de Oro!

Se volvió a subir los pantalones, se colocó su manto incaico, y le dijo al Mono que ya se podía destapar los ojos.

-¡Vamos, Mono! ¡Aprovechemos que están ciegos temporalmente, y escapemos!

Dejando atrás a los soldados, a Vallegusta y a Pesadillo, el Kuraka y el Mono Calato escaparon por entre los caminos de las montañas. Llegaron hasta otra apertura en las montañas, muy bien camuflada, e ingresaron.

-Por estos caminos llegaremos a la sierra en muy poco tiempo -le dijo el Kuraka a su nuevo y desnudo compañero.

Cerraron la camuflada entrada los pasajes y desaparecieron en la densa oscuridad.

miércoles, 17 de enero de 2007

Capitulo 2 - La primera barrera se levanta

-¿Ya van a ser las 8 a.m. o 8 p.m.?

De ese modo se cuestionaba el Varón en su eterna ambigüedad. Se acababa de levantar, y más adelante descubriría que era ya de mañana, aunque la calle estaba realmente oscura. “¿Qué será de ella hoy?”, se preguntaba el Varón. Hace días que no sabía nada de ella. El tiempo pasaba, los segundos, ¿o serían minutos? El Varón no se decidía, su ambigüedad le impedía emitir una decisión, como también le impedía decidir si debía declararle su amor o no a Sor S., de quien estaba perdidamente enamorado hace muchos meses (¿o eran años?).

Lo que el Varón Ron Ron no sabía era que Sor S., miembro del importantísimo Priorato de Sobiun, había sido abducida por la maléfica agrupación conocida como la Unión Perversa Kuántica, o UPK. El Varón poco conocía sobre esa agrupación, y de hacerlo, no se hubiera podido decidir en qué hacer al respecto. Su eterna ambigüedad sería puesta a prueba momentos luego cuando, al prender la televisión, se enteró del terrible suceso.

El Varón tomó el control remoto con una mano, luego con la otra, hasta que, de casualidad, se apretó el botón de encendido. En el aparato emisor de imágenes el Varón pudo ver a tres mujeres que realizaban un baile extraño, disfrazadas cada una de un animal.

“-Con ustedes, ¡La Granja Show! Con Dragón, Tony y Mist…”

El Varón cambió de canal.

“-…sin saber la razón. Pero lo que si es cierto es que solo la UPK podría estar detrás de semejante acto de maldad. ¿Quién más podría querer secuestrar a Sor S., miembro benévolo del Priorato de Sobiun? No cabe duda que los…”

El Varón apagó la televisión y corrió hacia el edificio del Priorato.



El Chico de Madera cruzó las puertas del Priorato, lleno de preguntas y buscando consejo para poder derrotar a la maléfica UPK. El Gran Maestre Ángel era una importante figura moral en la ciudad, y su Priorato tenía como misión regular tanto el bien como el mal. El Chico de Madera nunca había tenido que acudir antes ante el Gran Maestre Ángel, pero la situación requería de la mayor cantidad de aliados. Además, si las palabras de la misteriosa chica de los caramelos eran ciertas, necesitaría la ayuda de cuatro compañeros más para derrotar a Gordicia y su malévolo plan.

El Chico de Madera llegó ante el Gran Maestre Ángel y le contó todo lo que había sucedido: el laberinto, el experimento, la abducción de Miss Bernaola y el encuentro con la chica angelical. Ángel lo escuchó atentamente, con el rostro calmado y la expresión completamente relajada. La tranquilidad del Maestre, empezaba a inquietar al Chico de Madera pues, dentro de su pecho de madera, las pilas se empezaban a sobrecargar de ira. De pronto, el Maestre le hizo una señal al Chico de Madera para que se tranquilizara. Alguien más había llegado para hablar con él.

El Varón le contó al Gran Maestre Ángel lo que había escuchado en la televisión, pero éste ya estaba enterado. El Chico de Madera observó al Varón: era la primera vez que veía a un ser tan ambiguo. El Varón esperaba la respuesta del Gran Maestre Ángel, quien se encontraba en un trance de sabia y profunda relajación. Al fin, les dijo a los dos:

-No hay duda que el mal de Gordicia continuará en expansión, a menos que alguien detenga su maléfico experimento. Ustedes dos han perdido cada uno a alguien querido, y el deseo de rescatar a sus amadas puede guiarlos hacia la victoria. Deberán trabajar juntos para lograr su cometido.

El Chico de Madera asintió, mientras el Varón, ambiguo, no podía decidirse si aliar fuerzas con este extraño ser madérico al que acaba de conocer. Cuando al final pudo decidirse, y los dos estaban a punto de partir, un sonido estruendoso, una voz robótica amplificada por un megáfono pudo oírse en las afueras del Priorato.

-¡Primates con súper encéfalo desarrollado y pulgar oponible! ¡Ríndanse ante la voluntad de la Unión Perversa!

De pronto, con una explosión, la puerta del Priorato se derrumbó, dando paso a decenas de guardias androides con voz robótica, guiados por su maligna y robótica líder, Dodette. La secuaz de la UPK envió a sus tropas al ataque con una simple orden.

-Guardias Éticos, ¡Destruir oposición!

Los Guardias Éticos de Dodette empezaron a ocupar el terreno del Priorato de Sobiun, vaporizando a los miembros del Priorato luego de emitir una breve sentencia: “¡Tu no eres ético!”. El Chico de Madera y el Varón se escaparon por el ala izquierda del Priorato, que aún no había sido atacada por las fuerzas éticas de Dodette. Mientras escapaban por una ventana, pudieron ver como Dodette misma se acercaba al Gran Maestre Ángel y, luego de emitir su “¡Tu no eres ético!”, lo vaporizó.

El Chico de Madera guió al Varón a través de la ciudad hasta llegar al laberinto que marcaba la entrada a la UPK. Las circunstancias los habían llevado a tener que trabajar juntos para poder salvar a Miss Bernaola y a Sor S. del maligno experimento de la Unión Perversa Kúantica. El Chico de Madera se preguntaba si el Varón sería el primero de los cuatro compañeros que debería encontrar para derrotar a Gordicia y sus malévolos secuaces.

De pronto llegaron al lugar indicado. Era la entrada al laberinto, donde el Chico de Madera había estado tan solo un día antes. Sin embargo, algo había cambiado. Donde antes se habría el camino de vegetación para permitir el paso al inmenso laberinto, ahora se levantaba una enorme, gruesa y maciza barrera de hierro puro. El Chico de Madera no entendía cómo era posible que semejante pared metálica hubiera sido erigida en tan poco tiempo. El Varón comprendía aún menos: era la primera vez que estaba en ese lugar. Todo había sucedido tan rápido: tan solo ayer Sor S. aun se encontraba sana y salva en su residencia cerca al Priorato, y él, en su eterna ambigüedad, se debatía sobre si debía declararle o no su amor. Ahora se debatía sobre cómo hacer para cruzar esa barrera pues, y esto lo sabía muy bien, no podría salvarla sin lograrlo.

El Chico de Madera no intentó utilizar su Astilla Pilla: sabía las astillas no lograrían atravesar el denso metal. No conocía a nadie que pudiese derrumbar una barrera de metal tan sólida como la que se erigía ante los improvisados compañeros. Se dio cuenta que el Varón, en su ambigüedad, no lograría hallar una solución, así que le preguntó si conocía a alguien que pudiese remover la barrera.

-Hum…tal vez conozco a alguien. Pero no estoy seguro…

-¿Tu cuándo estás seguro de algo? –le respondió el Chico de Madera, quien, a pesar de lo poco que lo conocía, había llegado a comprender la extensión de la ambigüedad del Varón Ron Ron.

-Llévanos donde a esa persona que conoces. Tal vez pueda ayudarnos a derribar esta barrera. Ojala que no se me acaben las pilas…

Los dos compañeros se alejaron de la entrada del laberinto, mientras la amenazante barrera parecía, de alguna manera inusual y extraña, reírse de ellos.

lunes, 15 de enero de 2007

Capitulo Uno - De Chitas y Astillas

La selva del Manu: un lugar inhóspito donde solo aquellos que son lo suficientemente aptos logran sobrevivir. Durante muchos años esta selva ha permanecido virgen, inmaculada, intacta, un santuario como no existía otro. Pero ahora una presencia oscura y amenazadora rondaba. Todo empezó esa mañana…

El Mono Calato, antiguo habitante de la selva, fue sorprendido por algo que nunca había visto antes. Era un objeto metálico, grande, impulsado por lo que parecían ser cuatro esferas de jebe. Lo que el Mono no sabía era que ese monstruo metálico, que emitía un rugido mayor al de los más feroces leones, era el Jeep de la Kuestión, el transporte del malévolo secuaz de la UPK, Pesadillo. Aunque el Mono lo desconocía, Pesadillo había llegado a la selva para capturar a un espécimen en especial: una mona con la capacidad de hablar. “Los animales no hablan”, había dicho su maestra y ama, pero Pesadillo sabía que esto no era del todo correcto. En efecto, sí había una mona que podía hablar. La Mona Chita había escondido su don de todos los habitantes del Manu excepto de uno: su amante, el Mono Calato. El Mono también poseía aquella extraña habilidad, propia de los seres humanos, primates con súper encéfalo desarrollado y pulgar oponible, de emitir un lenguaje articulado y pragmático. Pesadillo había calculado a la perfección la captura del único mono capaz de hablar, la Mona Chita. Sin embargo, cometió un error en su cálculo: habían dos.

Cuando el Mono vio a Pesadillo en su jeep yendo hacia él, su reacción fue correr. Corrió y corrió por kilómetros con Pesadillo pisándole los talones de mono. Al final llegó a su hogar, donde la Mona Chita lo esperaba.

-La tengo… ¡Ja ja ja! Sin saberlo, este simio me ha llevado justo donde yo quería: a la guarida de la Mona Chita.

Pesadillo bajó de su jeep y se dirigió a la cabaña. El Mono Calato trató de esconderse, pero Pesadillo pasó a su lado sin siquiera mirarlo. Entonces se dio cuenta de su grave error. Su objetivo no era capturarlo a él, sino a su amada mona. Sin embargo, ya no había nada que hacer. En cuanto el Mono quiso detener a Pesadillo, éste efectuó un movimiento y dijo en voz clara:

-¡Fichas de Resumen!

De la nada, un torbellino de papeles rodeó al Mono y lo aprisionó, impidiendo sus movimientos. El Mono intentaba librarse, pero las fichas cortaban su piel de mono. “Que problema estar desnudo”, pensó. Algo de ropa lo hubiera protegido de los cortes.

A todo esto, la Mona Chita ya había salido de la cabaña al oír todo el alboroto. El Mono Calato estuvo a punto de gritarle que corriera, cuando escuchó a Pesadillo decirle:

-Por fin te tengo, Mona Chita. La única mona que es capaz de hablar. Servirás muy bien a nuestro experimento, te lo aseguro.
“Si hablo, me capturará a mí también, y no tendré posibilidad de salvarla luego”, pensó el Mono Calato. Por más que le doliera no hacer nada, decidió no pronunciar palabra y esperar que la Mona pudiera escapar. Al advertir el peligro y ver a su amado en una prisión de fichas, la Mona Chita empezó a correr. El recorrido no fue largo pues, antes que pudiera llegar lejos, la voz de Pesadillo se escuchó.

-¡Pie de Página!

Bajo los pies de mona de la Mona Chita, el suelo de la selva se abrió y unas manos atraparon sus pies. El Mono Calato vio como Pesadillo la subía a su jeep y se alejaba.

-¡Tengo que ir por ella! –gritó, cuando estuvo seguro que la distancia y el rugido del jeep de Pesadillo lo impedían de oírlo. Esperó que las fichas se soltaran, y por fin logró moverse. Sin embargo, no sabía que las Fichas de Resumen tenían un efecto secundario: hacían perder el conocimiento.




A cientos de kilómetros de distancia, en la ciudad, una figura trepaba por los muros de la fortaleza de la Unión Perversa Kuántica, o UPK. El esfuerzo habría hecho a cualquier hombre sudar; el individuo que escalaba la pared no era, sin embargo, un hombre: era un Chico de Madera. Muchas cosas pasaban por la mente del Chico de Madera, mientras cruzaba el muro. Pensaba en si las pilas que se había colocado durarían lo suficiente. El Chico de Madera, a diferencia de un ser humano, tenía un corazón a pilas. También pensaba en la enorme posibilidad que tenía de detener el plan malévolo de Gordicia, la líder, maestra, ama, señora y fundadora de la UPK. El mal personificado. Había logrado escabullirse por el laberinto artificial que guardaba la entrada a la UPK sin ser detectado. En su memoria recordaba el camino para regresar sin perderse, lo cual sería fatal, pues las pilas perderían su poder. “Están muy caras las Duracell”, era la excusa del Chico de Madera. Ahora pensaba que tal vez debió gastar un poco más.

A pesar de todo, en lo que más pensaba el Chico de Madera en su amor platónico, su musa madérica, su arquetipo de amor pilástico: Miss Bernaola. Todo el esfuerzo del Chico de Madera estaba centrado en rescatarla. Hace unos días, las fuerzas de Gordicia habían raptado a Miss Bernaola y se la habían llevado a la fortaleza de la UPK, para algún experimento maligno. Esta era la oportunidad del Chico de Madera para ganar su amor.

Cruzó el muro y empezó a caminar por el sendero que conducía a los patios principales de la UPK. Un guardia le franqueó el paso, pidiéndole su TIKU, un documento de identidad que todos los miembros de la UPK poseían. El guardia se dio cuenta que el Chico de Madera no era miembro, y de dispuso a atacarlo. El Chico de Madera hizo entonces uso de su ataque especial.

-¡Ataque Furioso de la Astilla Pilla!

Cientos de astillas de madera volaron hacia el guardia, el cual cayó herido pero no muerto al suelo. El Chico de Madera logró pasar y acceder a los patios principales, de donde se dirigió al puente que cruzaba el río. “Al otro lado esta la guarida de Gordicia, la Macultad de Experimentaciones”, pensaba el Chico de Madera, mientras cruzaba el río. Ya estaba apunto de llegar al otro lado del puente cuando vio una figura que volaba hacia él. El sujeto desconocido descendió frente al Chico de Madera. Tenía un traje extraño, con una C en el pecho, y una capa roja. Su rostro era marrón. Su voz, extrañamente ridícula, pero grave y sonora:

-Soy Chomsky. No puedes pasar.

El Chico de Madera no había llegado tan lejos para darse por vencido. Juntó todas sus fuerzas y realizó su técnica especial.

-¡Ataque Furioso de la Ast…!

-¡Ja ja ja! Eso no funcionará conmigo. Verás, el nombre de tu ataque es incorrecto. Tu dices “de la Astilla Pilla” como si solo saliera una Astilla. Sin embargo, nunca has logrado canalizar tus poderes para lograr crear una astilla entera. Siempre sale fraccionada en muchas partes. Es por eso que tu golpe nunca es fatal. Y lo más importante, es gramáticalmente incorrecto. Mientras no logres crear una Astilla entera, ¡nunca podrás vencerme! ¡Ja ja ja!

Chomsky tenía razón, y el Chico de Madera lo sabía. Intentó realizar su ataque repetidas veces, pero Chomsky era inmune. No podría pasar, y las pilas ya empezaban a fallarle a su corazón. Solo quedaba una opción: huir. Juntando todas sus fuerzas restantes luego de los ataques fallidos, emprendió la carrera hacía los muros. Logro escalarlos, con dificultad. Cuando ya estaba por caer al otro lado, escuchó la voz sonora de Chomsky recitar su técnica especial.

-¡Afasia de Broca!

El rayo de poder golpeó al Chico de Madera y lo derribó mientras cruzaba hacia el laberinto. Cayó por detrás de los muros de la UPK. Pudo levantarse, pero pronto sintió los efectos del ataque de Chomsky. Tuvo suerte: Su cuerpo era de madera, por lo que la Afasia de Broca, cuyo efecto es la pérdida total de la memoria, no logró ser cien por ciento efectiva. Sin embargo, el Chico de Madera no lograba recordar el camino de vuelta a través del laberinto. Estaba perdido.

Cuando todo parecía haber terminado, lo insólito sucedió. Una figura angelical, inmaculada, hermosa como la hermosura misma, apareció frente al casi apagado Chico de Madera. Ya no sabía si estaba soñando a colores o si ya había pasado a otra dimensión. Lo que no pensó era que estaba sucediendo en verdad.

La chica angelical sacó una bolsa blanca, de la cual sustrajo un caramelo blanco, y se lo dio al Chico de Madera. La chica era demasiado increíble, y el poder de sus caramelos también debía serlo pues, luego de probarlo, el Chico de Madera recuperó todas sus fuerzas.

-¿Quién eres?

-He venido para ayudarte a cumplir con tu misión. No podrás detener al mal por ti mismo, necesitarás de la ayuda de cuatro compañeros más. Solo ustedes cinco, juntos, podrán detener la maldad de Gordicia y su malévolo experimento.

-¿Quiénes son esos cuatros compañeros?

-Ustedes mismos se encontrarán en su debido momento. Ten paciencia, Chico de Madera. Encontrarás tu poder y lograrás todo lo que siempre has soñado…

Con esas palabras, la angelical figura desapareció en el aire, de la misma manera en la que primero apareció. El Chico de Madera vio el lugar donde estaba: el laberinto. Se dio cuenta entonces que había recuperado la memoria. Vislumbró el camino y empezó su regreso a casa.




El Mono Calato despertó y recordó todo lo sucedido. El jeep. Pesadillo. Las Fichas. La Mona Chita. “¡No! ¡Tengo que ir por ella!”, pensó el Mono, y empezó a correr siguiendo las huellas dejadas por las llantas del jeep de Pesadillo. Sabía que tenía que encontrarlo pronto, o podría ser muy tarde.