viernes, 27 de julio de 2007

Capitulo 8 - ¿Poder Cuántico? La Banana Viajera

-¡Manténganse a flote!

-¡Me hundo! ¡Mi peso me jala!

-¡Gordo! ¡Agárrate de mi cola!

Las voces de sus compañeros en aprietos rondaban por la cabeza del Chico de Madera, quien seguía gritando.

-¡Chica de los caramelos! ¡Ayuda!

-¡No sirve de nada, Chico de Madera! Estamos perdidos –le decía el Varón.

-¡No! Tal vez si… ¡claro! ¡Todos! ¡Todos tienen que pedirle ayuda! ¡Tiene que saber que de verdad los he encontrado a los cuatro!

-¿De qué hablas? ¿Quién es esa chica de los caramelos? –le preguntaba el Mono Calato.

-¡Confíen en mí! ¡Todos a la vez, pídanle ayuda!

-¡No vale la pena! –le gritaba el Gordo.

-¡No, háganle caso! Tal vez funcione… -le corrigió el Varón.

-¿Listos? –les preguntó el Chico de Madera. Los demás asintieron y, a la vez, gritaron.

– ¡Chica de los caramelos! ¡Ayúdanos!

De pronto, una luz blanca ilumino el cuarto en tinieblas. La angelical Chica de los Melos apareció en frente de ellos. Todos se quedaron sin habla por algunos instantes, por lo hermosa que era.

-¡Chica de los caramelos! ¡No podemos escapar! –le dijo el Chico de Madera.

-¡Ayúdanos! –le pidió el Varón.

-Gordicia les ha tendido una trampa de la cual es difícil escapar –empezó a decirles la Chica de los Melos. –Solo hay una forma: tienen que liberar su poder oculto.

-¿Poder oculto? ¿Cómo el Eructo Wii del Gordo o mi Astilla Pilla? –le preguntó el Chico de Madera.

-No, esos son sus poderes comunes. Tienen que encontrar la fuerza cuántica para utilizar su poder especial. Sin embargo, solo el poder especial de uno de ustedes puede sacarlos de este apuro.

-Todos empezaron a seguir con la mirada a la Chica de los Melos, pero ella no se refería ni al Chico de Madera, ni al Varón, ni al Gordo, ni al Kuraka. Era al Mono Calato a quien estaba mirando.

-¿Yo? ¡Pero si yo no tengo ni el poder común! ¿Cómo voy a sacar mi poder especial? –le preguntó el Mono.

-Tu poder especial es el poder hablar, a diferencia de otros monos. Solo tú y la Mona Chita pueden hacerlo. Pero tu poder especial, tu poder cúantico, ese es el que necesitas para salvar a tus compañeros aquí.

-¡No quisiera interrumpir, pero ya se nos pasó la media hora que nos dijo Gordicia! ¡Hay que salir ya o nos vamos a ahogar! –les gritó el Varón.

-¿Cómo puedo usar mi poder cúantico si no sé cuál es? –le preguntó el Mono a la Chica de los Melos.

-Tienes que creer en ti mismo. Entonces podrás lograrlo. Eres muy importante, Mono. Para tus compañeros, para la Mona y para todos. Tienes que encontrar tu fuerza interior, y entonces nada te detendrá.

Dicho aquello, la Chica de los Melos desapareció.

-¡Gran ayuda que fue, Chico de Madera! ¡Nos dijo lo que ya sabemos, que tenemos que hacer algo para salir! –le gritó el Gordo.

-No, ahora entiendo –le corrigió el Mono. –Si creo en mi mismo, no necesito lanzar astillas de madera, ni iluminar cuartos, ni destruir barreras para poder ser útil. Solo necesito ser lo que soy: El Mono Calato.

“El Mono…”, pensó. “¿Qué caracteriza a un mono?” “¡Claro! ¿Cómo no se me ocurrió antes?”

El Mono se apresuró a sacar la banana que había guardado para el camino.

-Esto es todo lo que necesito. Mi banana. Nada más.

-¿Está delirando? –preguntó el Gordo.

-No –le contestó el Chico de Madera. –Está creyendo en sí mismo.

-Vamos, ¡todos acérquense! –les gritó el Mono. –¡Pongan todos una mano sobre esta banana!

El Chico de Madera y el Gordo se acercaron flotando, y pusieron cada uno su mano sobre la banana que sostenía el Mono Calato. El Varón se acercó, jalando consigo al Kuraka inconsciente, y puso su mano y la del Kuraka.

-¿Listos? ¡No se que vaya a pasar, pero aquí va!

Dicho eso, el Mono concentró todas sus energías en la banana. De pronto, ésta empezó a brillar, y todo el cuarto en el que estaban empezó a dar vueltas y vueltas alrededor de ellos…



Los cinco compañeros aterrizaron fuertemente en el piso. Con el golpe, el Kuraka finalmente recobró el conocimiento.

-¿Qué pasó? ¿Dónde estoy?

-Es una larga historia –le dijo el Mono, que se estaba incorporando a su lado.

-¿Quiénes son todos ustedes? –les preguntó el Kuraka a los tres compañeros que no conocía.

Luego de explicarle detalladamente todos los sucesos acontecidos dentro de la habitación-trampa de Gordicia, el Kuraka profirió una exclamación.

-¡Dámier!

-¡Asi es! El Mono usó su Poder Cuántico para transportarnos hasta aquí –dijo el Varón Ron Ron.

Con todo el alboroto, no se habían dado cuenta de donde estaban. El lugar parecía una especie de centro de mando, con computadoras e instrumentos. Lo seguro es que ya no estaban en el laberinto de la UPK.

-Bienvenidos –les dijo una voz calmada. –Han logrado escapar con vida.

Los cinco compañeros voltearon a ver quién les hablaba, y el Chico de Madera y el Varón se sobresaltaron. Era nada menos que el Gran Maestre Ángel, del Priorato de Sobiun.

-¿Maestre Ángel? –le preguntó, perplejo, el Varón. Pero… lo vimos ser vaporizado por Dodette…

-En realidad, no. Esa era una copia mía de Photoshop. Siempre he tomado mis precauciones, y nunca he estado corpóreamente en el mismo Priorato. Lo que la gente siempre ve de mi es nada más que un holograma. Yo siempre estoy aquí.

-¿Y qué es este lugar? –preguntó el Kuraka.

-Ah, dónde están mis modales. Les presento la Cuanticueva.

-¿Cuanti…cueva? –preguntó el Chico de Madera.

-Así es. Es aquí desde donde verdaderamente monitoreamos los sucesos extraños que amenazan nuestra comunidad. Estábamos muy preocupados por ustedes, pero siempre supimos que era mejor que ustedes mismos se encontraran y lograran descubrir sus poderes sin nuestra ayuda.

-¿“Nuestra ayuda”? ¿Tú y quién más? –preguntó el Mono.

-Yo y mi socia, a quien creo que ya conocen –les contestó el Gran Maestre Ángel, señalando a la chica angelical que apareció a su lado.

-¡La Chica de los Melos! –exclamaron todos a la vez.

-Veo que lo lograste, Mono –le dijo la Chica de los Melos al Mono, sonriéndole.

-Todos ustedes lo han hecho extremadamente bien –les dijo Ángel.

-Pero… ¿y ahora qué? –preguntó el Chico de Madera.

-El laberinto debe estar mucho más protegido ahora… -dijo el Kuraka.

-Es cierto que ya no pueden ingresar a la UPK por ese lado. Gordicia debe haber desplegado la Guardia Ética y la Guardia Española por todas partes, incluyendo el laberinto. Sin embargo, hay otra forma para entrar.

-¿Cuál es? –le preguntó el Mono Calato.

-Hay una leyenda antigua sobre el edificio en el cual ahora se encuentra la Macultad de Experimentaciones, dentro de la UPK –les dijo la Chica de los Melos.

-Hace tiempo –les empezó a contar Ángel –cuando allí existía un centro de estudios, una chica se quedó dormida en una clase. Puesto que ninguno de sus compañeros la despertó, la chica siguió dormida hasta después de terminada la clase.

-La chica durmió y durmió durante días, meses y años –continuó la Chica de los Melos. –El centro de estudios dejó de existir, pero la chica siguió durmiendo. Se dice que, al no ser despertada por sus compañeros, la chica quedó atrapada en un mundo de sueños. Un reino donde las cosas no son lo que parecen.

-El Reino de Dormilia –les dijo Ángel.

-¿El Reino de Dormilia? Esto se pone cada vez más raro –dijo el Mono.

-¿Y dónde está ese reino? –preguntó el Kuraka.

-Nadie sabe –le contestó la Chica de los Melos –pero eso no es lo que interesa aquí. Lo importante es que el reino de los sueños de Dormilia está conectado con la UPK. Si logran entrar a ese reino, y la encuentran a ella, es probable que logren atravesar a la UPK.

-Pero, ¿cómo llegamos allí? –preguntó el Gordo.

-Yo puedo llevarlos, pero solo a dos de ustedes –les dijo la Chica de los Melos.

-Los otros tres deberán quedarse aquí e intentar el camino difícil, en caso que la idea de entrar por el Reino de Dormilia no funcione –les dijo Ángel.

-¿Quiénes van y quienes se quedan? –preguntó el Chico de Madera.

-Eso es algo que ustedes deberán decidir… -les dijo Ángel.

-Yo me apunto para ir al Reino de Dormilia –dijo el Kuraka. Nunca se sabe cuándo puede ser necesario un poco de luz.

-¡Yo también voy! –anunció el Varón.

-Pues entonces ya está –les dijo Ángel. –El Kuraka y el Varón irán al Reino de los sueños de Dormilia para intentar cruzar a la UPK directamente, y el Mono, el Chico de Madera y el Gordo volverán al laberinto.

-Pero, con mi poder cúantico, ¿no podemos transportarnos todos a la UPK de frente? –preguntó el Mono.

-Me temo que eso no será posible, Mono –le contestó la Chica de los Melos. –Tu poder cuántico requiere de una banana, y Gordicia ha confiscado todas las bananas de la ciudad. La que usaste era la última.

-¡Dámier! –dijo el Mono.

La Chica de los Melos les echó una mirada a todos, y luego les habló con una sonrisa.

-Cinco compañeros… cinco cuánticos… 5C. Ustedes son la esperanza de todos.

-No deben perder más tiempo –les advirtió Ángel. –Con cada momento que pasa, el Plan Maligno de Gordicia está más cerca de ser completado.

-Los que van al Reino de Dormilia, síganme –les dijo la Chica de los Melos al Kuraka y al Varón, quienes la siguieron fuera del centro de mando.

El Gran Maestre Ángel le deseó suerte al Chico de Madera, al Mono Calato y al Gordo. Le dio un caramelo de la Chica de los Melos a cada uno, en caso de emergencias, y les enseñó la salida. Mientras salían de la Cuanticueva y volvían a la ciudad, el Chico de Madera se acercó al Mono.

-Dime Mono, ¿cómo le vas a llamar a tu Poder Cuántico?

-Hmm… pues había pensado en… La Banana Viajera.

-Jajaja, eso está bien.

Los tres compañeros se adentraron en la ciudad. Empezaba a amanecer.