miércoles, 1 de agosto de 2007

Capitulo 10 - Oscuridad y Tinieblas

Los corredores oscuros se iban haciendo cada vez más angostos. Sin el Tumi de Oro para iluminarlos, los tres cuánticos compañeros tuvieron que conformarse con la reducida visibilidad. Afuera de la UPK, la noche había caído. El Chico de Madera, el Gordo y el Mono Calato continuaron explorando el misterioso Pabellón X de la Unión Perversa Kuántica.

-Si tan solo tuviera una banana… esa dámier de Gordicia se las llevo todas.

Así se lamentaba el desnudo espécimen monesco, mientras el Chico de Madera intentaba ver en la casi completa oscuridad y el Gordo luchaba para poder pasar por el cada vez más angosto pasillo.

-¿Qué creen que sea este sitio? –preguntó el Chico de Madera.

-No debe ser muy importante, si hasta ahora no encontramos ningún tipo de oposición –le contestó el Mono.

-Espero que así sea hasta que lleguemos a los patios principales…

La voz del Chico de Madera se empezaba a perder en el eco tenebroso que provenía de más adelante. Los tres cúanticos compañeros se dirigieron hacia la fuente del misterioso sonido. Pronto se vieron de cara a una puerta metálica con el símbolo de unos barrotes.

-Creo que esto es la entrada a una… -empezó a decir el Gordo.

-¡Es una prisión! ¿Creen sea allí que tienen encerradas a la Mona, a Miss Bernaola y a la monja? –preguntó, emocionado, el Mono Calato.

-Tranquilo, Mono. Sor S. y las demás no están aquí. A ellas las tienen escondidas dentro de la Macultad de Experimentaciones. Tenemos que cruzar rápido este sitio para poder llegar a los patios principales.

-Pero igual, Chico de Madera, ¿no crees que nos hemos topado con esta puerta por alguna razón? Quizás haya algo en esta prisión que nos sirva para rescatar a nuestras respectivas amadas.

El Chico de Madera pensó por un momento en lo que le acababa de decir el Mono, y luego se decidió por fin.

-Entonces, entremos. Ojala tengas razón, Mono.

-Yo me quedo aquí –dijo el Gordo. –Me quedaré guardando la puerta por si algo sucede.

El madérico y el monástico asintieron, y acto seguido ingresaron por la puerta metálica hacia la prisión de la UPK.





El sudor caía por la frente del Varón.

-Por…fin…lo logramos…

El Kuraka también terminó de trepar el último peñasco, y luego cayó derrumbado al suelo rocoso.

-Nos tomó…cuatro horas…subir esta montaña de dámier.

Los dos compañeros se detuvieron para mirar al inmenso e interminable precipicio que acaban de escalar. Ahora, ante ellos, se encontraba un inmenso valle cubierto de una neblina densa. La oscuridad de la noche no dejaba ver casi ningún detalle.

-No pensé que en el Reino de Dormilia también existieran la noche y el día…

-La Chica de los Melos no tuvo tiempo de darnos muchos detalles, Varón.

Luego de descansar durante un largo rato, recomenzaron el camino hacia las tinieblas del valle. A fondo se podían distinguir las siluetas de más montañas, de bosques densos y de un largo río plateado. Luego de unos minutos de adentrarse en el valle, empezaron a sentir como sus pies se iban hundiendo cada vez más en el terreno pantanoso.

-Parece que Dormilia quiere evitar que avancemos a toda costa… -dijo el Kuraka.

Cuidando de no sumergirse por completo, tarea difícil pues la oscuridad de la noche no les permitía ver donde pisaban, el Varón y el Kuraka lograron cruzar la zona de los pantanos. Les tomó más de una hora, pero finalmente pudieron llegar hasta el río plateado.

-¿Qué hacemos ahora? ¿Seguimos el río? –preguntó el Varón.

-Kapuccino nos señaló que fuéramos en esta dirección, pero con esta oscuridad no se puede distinguir nada. Dormilia misma podría estar al lado de nosotros, y no nos daríamos cuenta. Tal vez deberíamos esperar a que amanezca.

-Kuraka, ¡¿por qué no usas el Tumi de Oro?!

El Kuraka había olvidado por completo que poseía aquella habilidad, debido a la increíble fatiga que lo agobiaba.

-¡Es cierto! Varón, tápate los ojos.

El Varón Ron Ron se cubrió la cara con las manos, y luego el Kuraka se bajó los pantalones. El Tumi de Oro empezó a brillar y el Kuraka pudo ver claramente el paisaje que se habría por delante de él: el inmenso valle, una serie de montañas y, al fondo, lo que parecía ser un castillo flotando en el cielo.

-¿Qué ves, Kuraka? ¿Funciona? –le preguntó el Varón.

Sin embargo, el Kuraka no contestó. Si el Varón hubiese tenido los ojos abiertos, hubiera visto que algo extraño estaba sucediendo. En vez de seguir irradiando luz, el Tumi de Oro comenzó a absorber la oscuridad, la neblina y las tinieblas. El Kuraka trató de subirse los pantalones, se taparse con el manto inca, pero sus brazos parecían no querer obedecerlo. Los últimos rayos de luz del Tumi desaparecieron por completo, dejando a los dos compañeros de vuelta en oscuridad.

-¡¿Kuraka?! –le volvió a llamar el Varón.

El Kuraka quería decirle que abriera los ojos, pero no podía hablar. La oscuridad del valle seguía penetrando por el Tumi de Oro, y ya podía sentir que algo se estaba apoderando de él.

-¡Kuraka! –gritó el Varón, que había decidido abrir los ojos y ver lo que pasaba. Trató de cerrar el manto pero, al contacto con el Kuraka, una fuerza extraña lo empujó hacia atrás, haciéndolo caer al suelo mohoso.

-Co...rre –logró susurrar el Kuraka, antes de ser totalmente poseído por la oscuridad del valle.

-¡Kuraka! –volvió a gritar el Varón, pero el Kuraka ya no lo podía escuchar. Quien se encontraba frente él ahora, con el manto inca, no era su compañero cuántico. El Kuraka empezó a avanzar hacia el Varón, quien empezó a retroceder.

-Maldito intruso, ¡ahora vas a pagar por entrar a mi Reino! –le dijo el Kuraka al Varón, con una voz amenazante.

-¡Kuraka, soy yo! –le gritó el Varón, pero el Kuraka seguía avanzando hacia donde yacía él, en el suelo.

-Tu amigo tiene poderes interesantes, aunque creo que aún no los sabe usar todos. ¡Ja ja ja! –empezó a decir el Kuraka, riendo como un psicópata.

-¿Dormilia? ¿Eres tú la que ha poseído al Kuraka? –le preguntó el Varón.

-¡Ja ja ja! Incautos… ¿cómo se atreven? Todos ustedes…todos ustedes van a pagar por lo que me hicieron… ¡Ahora verás!

-¿Lo… que te hicimos? ¡Pero si nosotros no te hicimos nada! –trató de explicarle el Varón a Dormilia, que tenía poseído al Kuraka.

-¡Todos ustedes pagarán! Ahora veamos… ¿qué poder escondido de tu amigo usaré? Ah, ¡ya sé! –dijo Dormilia, y acto seguido el cuerpo del Kuraka colocó sus manos en posición de ataque y profirió una exclamación - ¡Inti Raimi!

De las manos del Kuraka salió un rayo luminoso de energía que se dirigió directamente hacia el Varón, el cual no tubo tiempo suficiente para esquivarlo. La energía del Inti Raimi lo golpeó de lleno en el cuerpo, causando un destello de luz. El Varón cayó derrumbado, con la ropa hecha casi pedazos, agonizante.

-Vaya…no estuvo mal… -empezó a decir Dormilia.

-Mal…di…ta… -trató de contestar el Varón, pero ya casi no le quedaban fuerzas.

-Eso es lo que les pasa a los que entran a mi Reino de los Sueños, mi hogar, sin permiso, como ustedes. Alguien tiene que pagar por lo que me hicieron, ¿no?

-Nosotros no… tenemos la…. culpa…. –le contestó el Varón.

-¡Silencio! ¡No importa que ustedes no hayan sido los que me dejaron durmiendo eternamente! ¡Igual pagarán por ello! –gritó Dormilia, y el cuerpo del Kuraka se empezó a dirigir hacia el Varón.

-De…ja…nos….

-¡Nunca! Ahora verás lo que es estar atrapada en un mundo de sueños durante años y años interminables. ¡Te convertiré en decorado de mi Reino! Veamos… ahora usaré este poder.

El Kuraka levantó los brazos al cielo, en el cual miles de pequeños destellos de luz empezaron a parecer.

-¡Oro del Inca!

Una lluvia de monedas de oro, cada una del tamaño de una pelota, empezó a caer sobre el Varón. Los terribles golpes de las monedas producían fuertes sonidos al caer sobre el cuerpo del Varón Ron Ron, cuyos huesos empezaban a romperse por los constantes impactos. Los gritos de dolor que profería el cuántico individuo eran opacados por la risa de Dormilia.

-¡Ja ja ja! Creo que me divertiré mucho con los poderes secretos de tu amigo…

La lluvia dejó de caer finalmente, y el Varón había quedado cubierto por una montaña de monedas de oro. Era incapaz de moverse, pues tenía casi todos los huesos fracturados por el ataque del Kuraka poseído.

-Eres…. una….

-¡Inti Raimi!

El Varón no pudo terminar su frase, pues el rayo de energía lo golpeo y lo hizo volar, junto con las monedas de oro, por los aires. Al caer, las pesadas piezas de metal lo volvieron a golpear, haciéndolo proferir más gritos de dolor.

-¡Despídete! Este será el último… ¡Ja ja ja! –dijo Dormilia.

El Kuraka apuntó al Varón con sus manos, y se preparó a realizar su ataque una vez más contra su derrotado compañero.

-¡Inti Ra…!

-¡Perelevation!

En una fracción de segundo, el Varón pudo ver un destello que voló hasta donde estaban ellos e impactó contra el Kuraka, embistiéndolo y mandándolo lejos, todo antes de que pudiera terminar de lanzar su ataque. El Varón no entendía muy bien quién o qué lo había salvado, hasta que vio al individuo delante de él.

-Vaya, sí que te han dado duro…

El desconocido ayudo al Varón a salir de la ruma de monedas de oro. Parecía conocer el lugar, pues no tuvo dificultad en encontrar una pequeña área donde no había pantanos, y ahí colocó al Varón en el pasto.

-Rápido, cómete uno de estos –le dijo el desconocido, mientras le entregaba un caramelo. –Con eso sanarás de tus heridas.

El Varón le hizo caso y se comió el caramelo. Acto seguido, ya estaba de pie y sintiéndose cuánticamente nuevo.

-¡Dámier! Había olvidado que la Chica de los Melos nos dejó esos caramelos. Pero, ¿cómo sabías que estos caramelos curan?

-No se quién será la Chica de los Melos, pero…estos caramelos son de aquí, del Reino de los Sueños. Son una creación de Dormilia.

-¡Esa dámier! Casi me mata, si no hubieses venido.

-Esa no era Dormilia –sentenció el desconocido.

-¿Cómo? –preguntó, sorprendido, el Varón.

-Así es. Dormilia no es maligna. Es más, Dormilia está dormida, atrapada en sueños, incluso aquí. La personalidad que poseyó al Kuraka es… otra persona.

-¿Quién? ¿Gordicia?

-¿Gordicia? No se quién será ella, pero lo dudo. Es más, ni siquiera tiene que ser una mujer, podría ser un hombre también. Lo único que se es que, un día, una nube de tinieblas se apoderó del Reino de Dormilia, y esa personalidad maligna la poseyó, al igual que poseyó hace un rato al Kuraka, y ganó el completo control de este sitio.

-¿Y tu cómo sabes todo eso? –preguntó el Varón.

-Yo vine aquí hace tiempo, cuando todavía Dormilia no había sido poseída. Había escuchado acerca de la existencia de este sitio, y que podría contener secretos. Pero cuando Dormilia fue poseída, todas las entradas y salidas se sellaron, y me ha sido imposible escapar…

-¡Dámier!

El Varón vio que, en el polo del desconocido, había el símbolo de una cuchara.

-Y tu, ¿quién eres? –le preguntó el Varón a su nuevo compañero.

-Yo soy Spoon J. Trulo –le contestó con una sonrisa –Puedes llamarme Spooncito.

-¡Eres S. J. T.! –le dijo, emocionado, el Varón.

-Ja ja ja. Eso te lo debe haber dicho Kapuccino, ¿no? Así me dice él, digamos que no es alguien de muchas palabras.

-Si, eso lo pudimos comprobar –le dijo el Varón. -¿Qué pasó con el Kuraka? ¿Qué fue ese ataque que usaste para volar y embestirlo?

-Esa fue mi técnica especial, el Perelevation. Te permite impulsarte para elevarte muy alto, volar un poco, e incluso embestir con mucha fuerza –le contestó Spoon.

-¡Definitivamente sirvió! Ahora tenemos que buscar al Kuraka…

El Varón y Spoon empezaron a caminar entre las tinieblas y la neblina del valle, hasta que divisaron un bulto negro en el suelo, delante de ellos. El Kuraka había quedado herido por el fuerte impacto del Perelevation, así que el Varón le dio uno de los caramelos.

-¿Qué pasó? Recuerdo que usé el Tumi de Oro, y entonces… -empezó a decir el Kuraka, ya recuperado.

-Fuiste poseído por una fuerza maligna, que no estamos seguros quién es, pero que también ha poseído a Dormilia y es la razón de que este sitio sea tan macabro ahora –le explicó el Varón.

-¡Dámier! Esto se pone cada vez más difícil –dijo el Kuraka.

Luego de que el Varón y Spoon le contaron los detalles de la pelea al Kuraka, los tres decidieron continuar.

-Recuerdo haber visto un castillo hacia allá –dijo el Kuraka, señalando hacia el fondo del valle. –Era como una fortaleza en el cielo.

-Es la Torre de los Sueños, donde se encuentra Dormilia –dijo Spoon.

-¡Entonces tenemos que ir ahí! La única forma de cruzar a la UPK debe ser despertando a Dormilia de alguna manera… -dijo el Varón.

-Con esta oscuridad no vamos a poder llegar, y no pienso usar el Tumi de Oro de nuevo, pues parece que esa fuerza maligna puede poseernos cuando utilizamos nuestros poderes.

-Entonces, tan solo hay que prender la luz –dijo Spoon, con una sonrisa.

-¿Prender la luz? –preguntó el Kuraka. –No creo que sea posible, ya hemos tratado de hacer una fogata o algo mientras subíamos el precipicio, y las tinieblas lo engullen todo.

-¡Cierto! No pudimos hacer nada… -dijo el Varón.

-Eso es porque ustedes son unos monos pastrulos –les dijo Spoon. –Tienen que conocer este lugar como yo para poder lograrlo. Déjenmelo a mí.

Dicho eso, Spoon comenzó a caminar entre el pantano, como buscando algo. El Varón y el Kuraka lo seguían de cerca.

-Veamos…creo que era por aquí… ¡Si, aquí esta! –dijo Spoon, mientras se agachaba y recogía un extraño objeto, como una bola de cristal.

-¿Qué vas a hacer con eso? –le preguntó el Kuraka.

-Ah, vamos a hacer que sea de día. Ustedes miren nomás. ¡Perelevation!

Spoon se elevó por los aires, cada vez más alto, hasta que ya no pudieron verlo. De pronto, vieron un enorme destello, una bola luminosa que se hizo más y más grande, hasta tomar la forma de un sol. Las tinieblas comenzaron a despejarse y el día a asomar.

-¡Vaya! –exclamó el Varón.

Spoon bajó del cielo, sin la bola de cristal.

-En el Reino de Dormilia, si quieres que se haga de día, tienes que poner tu mismo el sol –les explicó Spoon a sus asombrados compañeros.

Delante de ellos, estaba el valle en su máximo esplendor, totalmente visible, con la fortaleza flotante a lo lejos.

-¡A la Torre de los Sueños, entonces! –dijo el Varón.

-¡Vamos! –dijo el Kuraka, siguiendo a los dos –Espero que el Chico de Madera, el Mono Calato y el Gordo tengan mejor suerte.

martes, 31 de julio de 2007

Capitulo 9 - El Reino de Dormilia

La Unión Perversa Kuántica. Aquello rezaba la inscripción en la guarida de Gordicia, dentro de la Macultad de Experimentaciones. Un lugar pavoroso, lleno de maquinarias, de laboratorios extraños, de esclavos jorobados corriendo de un lado a otro. El ambiente perfecto para conducir el Plan Maligno.

En los sótanos de la Macultad de Experimentaciones, en un cuarto inundado por una luz verde, había tres jaulas. En cada una de ellas había un ser del sexo femenino, inconsciente, incapaz de huir. Miss Bernaola, Sor S. y la Mona Chita, víctimas de la crueldad de Gordicia y su plan de rejuvenecer y adelgazar para siempre.

Una puerta se abrió en la Sala Verde. Pesadillo bajó una escalerilla y se acercó a las jaulas. Abrió el maletín que llevaba y sacó tres jeringas idénticas. Luego, una por una, les sacó una muestra de sangre a las tres cautivas. Guardó las jeringas en el maletín, sacó su celular y marcó un número. Espero a que contestara una voz.

-¿Pesadillo?

-Maestro, ya saqué las muestras.

-Excelente. ¿Cómo van las cosas por allá?

-Todo marcha según lo que usted planeó. Gordicia todavía no sospecha nada de la traición.

-¿Cuánto tiempo te tomará procesar las muestras de sangre?

-Un par de días, Maestro.

-¿Podrás engañar a Gordicia hasta entonces?

-Está tan ilusionada con su “Plan Maligno” que no se dará cuenta.

-Perfecto. Date prisa, Pesadillo. Nuestro cliente es impaciente y no será juicioso hacerlo esperar.

-Lo sé. Maestro. No me tomará más que dos días.

Pesadillo esperó a que se cortara la comunicación. Luego guardó su celular, tomó su maletín, subió la escalerilla metálica y cerró la puerta.



Muy lejos de allí, en un lugar imposible de ubicar, la Chica de los Melos apareció con el Kuraka y el Varón.

-Bienvenidos al Reino de los Sueños –les dijo la Chica de los Melos.

El Kuraka y el Varón observaron con atención el lugar donde se encontraban. No era nada como lo que hubieran visto antes: el piso era como una especie de algodón, o como nubes. El cielo era de un color entre morado y guinda, y en él se podían ver cosas flotando, como edificios, personas, recuerdos…

-En este lugar, las reglas de la física y de la realidad no se cumplen siempre, así que tengan cuidado –les dijo la Chica de los Melos. –Aquí no encontraran secuaces de la UPK, pero es posible que el mundo creado por Dormilia sea tan hostil como ellos.

-¿Dónde está Dormilia? –preguntó el Varón.

-Eso es algo que no puedo saber –respondió la Chica de los Melos. –Deberán explorar este extraño mundo hasta encontrarla. Esto les ayudará en casos de emergencia.

La Chica de los Melos le entregó a cada uno un caramelo.

-Ahora vayan e intenten llegar a la UPK, cueste lo que cueste.

Dicho eso, la Chica de los Melos desapareció.

-Bueno… empecemos a caminar hasta allá –dijo el Varón, señalando lo que parecía ser una especie de libro gigantesco, al fondo en el horizonte.

Mientras andaban, el Kuraka empezó a observar con detenimiento el paisaje utópico delante de él. El suelo hacía curvas extrañas, se hundía y volvía a surgir, juntándose a veces con el extraño cielo morado. Las cosas no eran del tamaño del que solían ser, y algunas de ellas flotaban en el cielo sobre ellos: pelotas gigantes, más grandes que un avión, pájaros muertos, casas y edificios de todo tamaño, todo tipo de objetos extraños. El sitio al que se dirigían era un libro gigantesco, como un edificio de diez pisos, que sobresalía del suelo de nubes.

-¡Mira, Kuraka! ¡Es un Tumi gigante! –le advirtió el Varón al Kuraka, señalando el gigantesco objeto de oro que parecía estar enterrado entre el suelo de algodón, unos metros a su izquierda.

-Y esas, si no me equivoco, son muñecas de plástico que simulan ser…

-¡Sor S.! –exclamó el Varón, mientras cogía una de las muñecas que flotaban cerca de ellos, como si fuera un enjambre de abejas.

-Este sitio es siniestro… es como si supieran de nosotros –dijo el Kuraka.

-No creo que esa tal Dormilia sea muy amigable, si está haciendo todo esto para asustarnos.

-Lo sabremos cuando la encontremos.

Siguieron caminando hasta llegar al pie del libro gigantesco. No podían leer muy bien lo que decía, pero se podían entender las palabras “Código”, “Ética” y “Publicidad”.

-¡Mira, Kuraka! Aquí hay una puerta –dijo el Varón, señalando una abertura en el libro gigante.

Los dos compañeros entraron por la puerta y empezaron a bajar por unas escaleras de caracol.

-Me pregunto a dónde llevará todo esto… -dijo el Varón.

Al final llegaron a un corredor muy oscuro, lo suficientemente largo para que el final no fuese visible.

-¡Dámier! No veo nada… -se quejó el Varón.

-Eso no será problema… Tápate los ojos –dijo el Kuraka, luego de lo cual se sacó el manto inca y los pantalones.

-Me debí haber conseguido unos lentes de sol –dijo el Varón.

-No me hablas de lentes de sol –le dijo el Kuraka, algo fastidiado. –Maldita Vallegusta, me las vas a pagar.

-Bueno, tu guíame, porque con los ojos tapados no veo ni dámier.

Los dos compañeros empezaron a caminar por el ahora muy bien iluminado pasillo.

-¿A dónde crees que lleve este corredor? –le preguntó el Varón al Kuraka.

-No tengo idea, Varón. Solo espero que no tengamos muchas sorpresas desagradables.



El Mono Calato fue el último en saltar la valla que ahora cubría la entrada al laberinto de la UPK. Los tres compañeros se adentraron por los ya conocidos pasajes y llegaron, luego de unos minutos de correr entre los arbustos, al patio donde cayeron en la trampa de Gordicia.

-Esta vez, hay que ir bordeando el sitio, sin acercarse al centro –sugirió el Chico de Madera.

Empezaron a caminar por el borde del claro, y pronto llegaron al otro lado sin ningún problema.

-Esto recién está comenzando –dijo el Mono Calato. –Lo más probable es que Gordicia haya desplegado todas sus fuerzas para evitar que logremos entrar.

Siguieron por los caminos del laberinto y, finalmente, llegaron a la entrada de un edificio. En la puerta se podía leer “Unión Perversa Kuántica”.

-Llegamos… es aquí –dijo el Chico de Madera.

-¿Por qué no hay nadie resguardando la puerta? –preguntó el Gordo.

-Quieren que entremos confiados. Tenemos que ser extra cautelosos desde ahora.

El Mono Calato tenía razón: lo más seguro era que Gordicia hubiese preparado más trampas dentro de la UPK. Cruzaron el umbral del edificio, y se adentraron en la guarida del mal.

-Esta es la entrada principal. La primera vez que vine, trepé por unos muros que están más hacia el oeste, porque no pude llegar hasta la puerta verdadera de la UPK –les confesó el Chico de Madera.

-O sea, que no sabes que hay por esta parte de la UPK –le dijo el Mono.

-No tengo idea –le dijo el Chico de Madera. –Solo se que en el medio hay unos patios principales, luego hay un río, y cruzando ese río está la Macultad de Experimentaciones.

-Es un largo camino… -dijo el Gordo.

-Un camino que tenemos que recorrer, y cuanto antes, mejor –dijo el Mono Calato.

Empezaron a caminar por el edificio, que parecía ser una especie de recepción de la UPK. Sin embargo, todo estaba completamente abandonado.

-Espero que las Duracell duren lo suficiente… -dijo el Chico de Madera.

Había dos enormes puertas a cada lado. Una de ellas decía “Pabellón X” y la otra “Pabellón Y”.

-¿Por dónde vamos? –preguntó el Mono Calato.

-Deberíamos dividirnos –opinó el Gordo.

-Tenemos demasiados enemigos como para darnos ese lujo –le dijo el Chico de Madera.

-¿No dijiste que los muros por los que trepaste estaban hacia el oeste? –le preguntó el Mono.

-Si, eso creo.

-Entonces, ¡tomemos la puerta de la izquierda! –sugirió el Gordo.

Los otros dos asintieron, y los tres compañeros entraron al Pabellón X de la UPK.



El Kuraka y el Varón Ron Ron llegaron al final del túnel y salieron al aire libre.

-¿Qué dámier es esto? –dijo el Varón, ante lo que veían delante.

Todo era diferente en ese lugar. Era como si fuera el mundo al revés: el cielo, que ahora era de un color amarillo turbulento, estaba bajo sus pies, y sobre ellos las montañas y los bosques colgaban, formando un paisaje totalmente irreal.

-Parece que este Reino de los Sueños cambia a cada rato –dijo el Kuraka.

Empezaron a caminar por el cielo en aquel paisaje invertido.

-Kuraka, ¿ves eso a lo lejos? –le preguntó el Varón, señalando lo que parecía ser una roca, flotando delante de ellos.

-Si, vayamos a ver qué es. No tenemos ningún otro lugar a donde ir, de todas formas.

Mientras se acercaban al misterioso objeto, empezaron a darse cuenta que no era una roca. Era una cabeza. Una cabeza gigante, de un hombre viejo.

-Este mundo es escalofriante… -decía el Varón.

Llegaron a la cabeza del hombre viejo, la cual era tan grande como una casa entera. Estaba volteada, y los dos compañeros no podían verle el rostro.

-¿Hola? ¿Está vivo? –empezó a preguntar el Kuraka.

La enorme cabeza se giró, hasta que los dos compañeros pudieron ver el rostro del hombre viejo. Tenía los ojos cerrados, como si estuviera dormido.

-¡Yo conozco ese rostro! –exclamó el Varón. – ¡Es R. Kapuccino, el famoso periodista polaco! Falleció hace unos meses.

-¿R. Kapuccino? ¿Y qué hace su cabeza sobredimensionada en el Reino de Dormilia? –preguntó el Kuraka.

-Ahhhhhhhhhh… -murmuró R. Kapuccino, despertándose.

-¿Señor R. Kapuccino? ¿Nos escucha? –preguntó el Varón.

-¿Quién… se… dirige… a mí…? –dijo, con una profunda y cansada voz, Kapuccino.

-Somos el Varón y el Kuraka. Hemos venido al Reino de Dormilia para tratar de cruzar a la UPK y detener a Gordicia y su Plan Maligno.

-Kuraka, no creo que él vaya a entender todo lo que….

-¿Gordicia…? ¿U…P…K…? –dijo Kapuccino.

-¿Ha oído hablar de ellos, señor Kapuccino? –preguntó el Varón.

-UPK… maldad… detener… ya….

-¡Si! ¡Tenemos que detener a Gordicia y a la UPK! ¿Nos puede ayudar a encontrar a Dormilia, o la forma de cruzar a la UPK? –le preguntó el Varón.

-Dormilia… cruzar… UPK…

-Creo que solo está repitiendo lo que decimos, Varón.

-Déjame intentarlo una vez más –le dijo al Kuraka. –Señor Kapuccino, Dormilia, ¿dónde?

-Dormilia… ir… buscar… S. J. T…

-¿S. J. T.? ¿Quién es S. J. T.? –preguntó el Kuraka.

-Dormilia… ir… buscar… S. J. T…

-Señor Kapuccino, S. J. T., ¿dónde? –le preguntó el Varón.

-S. J. T… allá… buscar… -les contestó Kapuccino, y luego movió su cabeza señalando hacia una dirección.

-¡Gracias, Señor Kapuccino! –le agradeció el Varón.

-Vamos, tenemos que encontrar a ese tal S. J. T. Espero que él sepa dónde encontrar a Dormilia y cómo salir de aquí.

El Varón asintió, y los dos compañeros emprendieron el camino en la dirección señalada por Kapuccino.



En memoria del maestro Ryszard Kapuściński (1932-2007) Q. E. P. D.