lunes, 3 de septiembre de 2007

Capitulo 13 - Empieza la Batalla

La Unión Perversa Kúantica en todo su esplendor estaba frente al Mono Calato. Unos pocos metros más allá, el río dividía los patios principales de la UPK, y al fondo podía verse el inmenso edificio que constituía la Macultad de Experimentaciones. El Mono Calato esperó a que sus dos compañeros cuánticos salieran de la puerta del Pabellón X para unirse con él, pues el Gordo había estado ayudando al Chico de Madera a caminar, ya que las Duracell habían perdido casi todo su poder.

-¡Chico de Madera! –dijo el Mono Calato con una extraña voz, cuando vio venir a su madérico compañero. Luego, volteó a ver al Gordo, y lo llamó con voz burlona.

-¡Wiiii!

El Gordo hubiera querido perseguir al Mono Calato alrededor de toda la UPK, pero sus fuerzas tan solo le permitían caminar.

-¡Dámier! ¿Cómo vamos a luchar si no tenemos energías? –se preguntaba el Chico de Madera –Yo apenas puedo caminar.

-Hay que tratar de apresurarnos para llegar a la Macultad antes que los secuaces de Gordicia aparezcan –sugirió el Mono, empezando a caminar hacia el puente que cruzaba el río. El Gordo y el Chico de Madera lo siguieron, con dificultad.

Los tres cuánticos compañeros llegaron hasta el puente y lo cruzaron, encontrándose en la segunda mitad de los patios de la UPK. La Macultad de Experimentaciones estaba muy cerca de ellos.

-¡Es ahí! –dijo el Gordo, señalando el edificio que se alzaba frente a ellos.

-¡Vamos! –dijo el Mono -¡No hay tiempo que…!

La voz del Mono Calato quedó interrumpida por el sonido de las puertas de la Macultad de Experimentaciones, las cuales se abrieron de golpe. Del enorme edificio salieron dos grupos numerosos, los cuales se colocaron uno al lado del otro. El Chico de Madera reconoció al pequeño ejército de robots comandado por la cibernética Dodette, la misma que había atacado el Priorato de Sobiun. El Mono Calato reconoció a los soldados españoles con sus armaduras medievales, liderados por la malvada Vallegusta.

-¡Es la Guardia Ética! –dijo el Chico de Madera.

-¡Y la Guardia Española! –dijo el Mono Calato.

Tanto la Guardia Ética de Dodette como la Guardia Española de Vallegusta consistían cada una de aproximadamente cincuenta miembros, todos preparados para eliminar a los intrusos bajo las órdenes de Gordicia, e impedir su paso a la Macultad de Experimentaciones.

-¡Primates con super encéfalo desarrollado y pulgar oponible! ¡Ríndanse ante la voluntad inquebrantable de Gordicia y la Unión Perversa! –los amenazó Dodette con su robótica voz.

-¡Nunca podrán burlarnos! ¡Ustedes son solo tres, y nosotros somos cien! –dijo Vallegusta, blandiendo su espada de acero.

-¡Dámier! ¿Qué hacemos ahora? –preguntó, desesperado, el Mono a sus compañeros cuánticos -¡No tenemos energías, y son demasiados!

-No tenemos otra opción, Mono –le respondió el Chico de Madera –Tenemos que confiar en que el Varón y el Kuraka podrán cruzar a la UPK a tiempo para ayudarnos.

-¿Y si no lo logran a tiempo? –se preguntaba el Gordo.

-¡Entonces nos llevaremos con nosotros a todos los robots de dámier y soldados españoles que podamos! –dijo, preparado, el Chico de Madera.

-¡Por la Mona Chita! –murmuró el Mono, antes de voltear a mirar a los cientos de enemigos que se preparaban a atacarlos.

-Por Miss Bernaola… -dijo el Chico de Madera, alistando lo poco que le quedaba de poder.

-¡Por las Don Isaac Diet y toda la comida que me falta devorar! –bramó el Gordo, listo para la batalla.

Dodette y Vallegusta se miraron muy divertidas con la valentía de los tres cuánticos compañeros.

-Así que piensan pelear… Dodette, creo que tu Guardia Ética puede encargarse sola de ellos, ¿verdad? -preguntó Vallegusta a su robótica socia -Será muy fácil y aburrido si yo también intervengo.

-¡Positivo! –asintió Dodette, luego de lo cual se dirigió a sus guardias éticos con autoridad -Guardia Ética, ¡destruir oposición!

Los cincuenta robots soldados de Dodette empezaron a marchar hacia el Mono, el Chico de Madera y el Gordo. Los tres compañeros se prepararon para la batalla más difícil que tendrían que luchar.

-Gordo, cuando estén cerca nuestro, intenta usar por última vez el Eructo Wii, quizás podamos tumbar unos cuantos –sugirió el Mono, al lo cual el Gordo asintió.

Una vez que la Guardia Ética estuvo en rango de ataque, los ojos de los soldados robots empezaron a brillar, listos para disparar sus rayos láser pulverizadores.

-¡Empieza la batalla! –anunció el Chico de Madera a sus compañeros.

De los ojos de los guardias éticos, numerosos rayos láser fueron disparados a la vez contra los tres compañeros, luego de emitir su juicio final.

-¡Tu no eres ético!

El Mono Calato realizó sus acrobacias para esquivar diez rayos que se dirigían hacia él, y se trepó a uno de los árboles de la UPK. El Chico de Madera empezó a correr en zigzag hacia la formación de la Guardia Ética y, mientras los guardias recargaban sus rayos láser, el Chico de Madera los atacó.

-¡Ataque Furioso de la Astilla Pilla!

El Gordo corrió hacia donde estaba el Chico de Madera y se unió al ataque.

-¡Eructo Wii!

Las astillas voladoras se incrustaron en algunas partes metálicas de los guardias éticos, pero muchas de ellas tan solo rebotaron en la dura armadura de metal. El Eructo Wii del Gordo no logró más que aturdir a unos diez guardias éticos.

-¡Ahí voy! –gritó el Mono, mientras saltaba del árbol donde había estado escondido, y caía sobre la cabeza de un guardia ético. Rápidamente enredó su cola en el débil cuello del robot, y jaló con todas sus fuerzas. La cabeza se desprendió con un crujido, y el robot explotó en chispas y cortocircuitos.

-¡Bien hecho! ¡Ahora muévanse, que van a volver a disparar! –les advirtió el Chico de Madera a sus compañeros.

La Guardia Ética volvió a realizar su ataque, y cincuenta rayos pulverizadores llovieron por todo el patio de la UPK.

-¡Tu no eres…!

-¡…ético!

-¡Elimínenlos! –ordenaba Dodette a sus soldados,

El Chico de Madera ya no podía correr para esquivar los rayos, y uno de ellos perforó su articulación del brazo izquierdo, haciendo que la madérica extremidad se desprendiera.

-¡Chico de Madera! –gritó el Gordo, al ver a su compañero que caía al suelo, gritando de dolor.

El Mono había logrado esquivar casi todos los rayos excepto dos, los cuales lo hirieron en la cola y en la pierna derecha. El Gordo, por su condición física y la falta de energía, no era capaz de esquivar los rayos, y tubo que esconderse detrás del árbol donde yacía, herido, el Mono.

-¡Tenemos que ayudar al Chico de Madera! –dijo el Mono Calato, pero su pierna herida le impedía levantarse.

El Gordo empezó a correr como pudo contra la formación triangular de la Guardia Ética y, lanzándose a rodar por el suelo, embistió con toda su fuerza a los guardias robots, los cuales se derrumbaron como palitroques.

-¡Bien hecho, Gordo! –lo felicitó el Chico de Madera, que había logrado incorporarse por completo -¡Ataque Furioso de la Astilla Pilla!

Una lluvia de astillas de madera llovió sobre los caídos guardias éticos y, para suerte del Chico de Madera, los ojos de dos guardias éticos fueron atravesados y destruidos, impidiéndoles volver a realizar su ataque.

-¡Bien, Chico de Madera! ¡Ya destruimos tres! –se alegró el Mono Calato.

Sin embargo, el Chico de Madera había quedado completamente exhausto luego de su último ataque. Sin brazo y sin energías, había caído rendido frente a los cuarenta y siete restantes guardias éticos. El Mono corrió hasta donde estaba para intentar protegerlo, pero su pierna derecha le dolía demasiado, y no pudo llegar más lejos que unos pocos metros.

-¡Jajaja! ¡Nunca podrán derrotar a mi Guardia Ética! –se burlaba Dodette.

-¡Dámier! –se lamentaba el Mono, tocándose la herida de la pierna –Si tan solo tuviéramos caramelos para reponer nuestras energías…

El Gordo estaba tratando de arrancarle la cabeza a uno de los guardias, pero cuatro más empezaron a golpearlo brutalmente, hasta que el Gordo cayó, derrotado, al suelo.

-¡Guardia Ética, deténganse! –ordenó Dodette.

Los guardias éticos voltearon a mirar a su maestra robótica.

-¡Posición de pelotón de fusilamiento! –ordenó Dodette.

La Guardia Ética se colocó en una línea recta, mirando hacia los tres caídos compañeros, y sus ojos comenzaron a brillar, listos a darles el golpe final.

-¡A la cuenta de tres, Guardia Ética! –gritó Dodette a sus tropas -¡Uno!

-Creo que este es el final… -empezó a decir el Mono Calato.

-Ojalá el Kuraka y el Varón hayan tenido mejor suerte –se lamentaba el Chico de Madera, viendo a la Guardia Ética que estaba lista a destruirlos.

-¡Dos! –gritó Dodette, con su mecánica voz.

-¡Nunca se saldrán con la suya! –gritó el Gordo, con lo poco que le quedaba de energía.

-¡Jajaja! Eso esta por verse… -dijo Dodette y, con una sonrisa, se preparó a recitar la orden de aniquilación -¡Tres!

La Guardia Ética apuntó con sus ojos a los tres compañeros, y se prepararon a liquidarlos.

-¡Tu no eres…!

-¡Perelevation!

Una figura llegó volando a toda velocidad y embistió a la línea de guardias éticos con una fuerza increíble, decapitando uno por uno a los cuarenta y siete de un solo golpe. El Mono Calato, el Chico de Madera y el Gordo, que habían cerrado los ojos para no presenciar su momento final, se asombraron al ver, al abrirlos por la sorpresa, al Varón que aterrizaba delante de ellos, cargando al Kuraka en brazos.

-¿Llegamos un poco tarde? –les preguntó el Varón Ron Ron a sus compañeros.

-¡Lo lograron! ¡Cruzaron a la UPK! –dijeron el Mono, el Chico de Madera y el Gordo a la vez.

-¡¿Qué?! ¡Mi Guardia Ética, no es posible! –bramó Dodette, enfurecida.

-Woody, ¿estás bien? –preguntó el Kuraka al Chico de Madera, al darse cuenta del brazo faltante.

-Nada que una sesión de carpintería no pueda arreglar… -le respondió el Chico de Madera.

-Dodette, nos encontramos de nuevo –dijo el Varón, al ver a la causante de la abducción de Sor S.

-¡Las pagarán por haber destruido a mis guardias éticos, malditos intrusos! –bramó Dodette, llena de furia.

-Dodette, ¿quieres que te ayude a eliminarlos? –preguntó Vallegusta, pues sus soldados españoles estaban ansiosos de pelea.

-¡No! –le respondió, encolerizada, Dodette -¡Son solo míos!

El Kuraka se acercó al Mono, al Chico de Madera y al Gordo, y les entregó a cada uno un caramelo.

-Son los últimos que nos quedan de los que nos dio la Chica de los Melos –dijo el Kuraka.

Los tres heridos compañeros se comieron sus respectivos caramelos y, en pocos instantes, ya estaban de pie, con las energías al máximo.

-¡Siento cómo las Duracell funcionan como nuevas! –dijo, energéticamente, el Chico de Madera, mientras recogía su brazo izquierdo y se lo volvía a colocar.

-Tengo Eructos Wii para rato –dijo, preparado para pelear, el Gordo.

-¡Ahora verás de qué estamos hechos, Dodette! ¡Tu individualismo no te dejó darte cuenta que aun faltaban llegar el Kuraka y el Varón! –dijo el Mono.

Los ojos robóticos de Dodette brillaban con odio e ira, y la mujer cibernética empezó caminar hacia las 5 C.

-Una vez que hayamos acabado con Dodette y Vallegusta, tenemos que contarles lo que pasó en el Reino de Dormilia –les dijo el Kuraka a sus compañeros.

-Nos encontramos con un nuevo enemigo, uno quizás peor que Gordicia –dijo el Varón.

-¡Dámier! –exclamó, harto de las malas noticias, el Mono.

-Hablaremos de eso luego –dijo el Chico de Madera, volteando su vista hacia Dodette, que se preparaba a atacarlos –Ahora tenemos que deshacernos de un secuaz de la UPK, uno muy molesto y repulsivo. 5 C, ¿están listos?

El calato, el redondo, el dorado y el ambiguo asintieron y, volviendo su vista hacia la malvada Dodette, se prepararon para la pelea.