sábado, 17 de noviembre de 2007

Capitulo 18 - La Historia del Gordo

-¡¿Whaaaaat?! –exclamó el Mono Calato, incrédulo.

-¿Gordicia es tu madre? –preguntó el Varón -¿Qué dámier es esto?

-¿No se te ocurrió decirnos antes ese pequeño detalle? –le dijo el Kuraka a su compañero.

-¡No lo sabía! –se defendió el Gordo -¡Recién lo acabo de descubrir! Por eso me quedé petrificado cuando la vi: no podía creer que la malvada Gordicia que tantos problemas nos había causado era nada más y nada menos que mi madre perdida.

-¿No reconociste su voz cuando nos amenazó dentro de la trampa en el laberinto? –preguntó el Chico de Madera.

-¡Me pareció conocida, pero no era la misma! –dijo el Gordo, visiblemente perturbado –Mi madre ha cambiado: su voz ya no es exactamente la misma, ¡y ahora tiene una presencia maligna que nunca tuvo antes!

-Gordo, creo que es hora que nos cuentes la verdad sobre cómo tu madre se fue –dijo el Kuraka.

-Ya se ha vuelto nuestro problema también –dijo Spoon.

-Está bien –asintió el Gordo, suspirando –Les contaré lo que pasó.

El Gordo empezó con su relato, mientras sus otros cinco compañeros escuchaban atentamente bajo la luz de la luna.

-Hace dos años, mi madre y yo vivíamos tranquilamente en nuestra casa del puerto, casi sin ninguna preocupación. A veces prendíamos la televisión para sintonizar a la Granja Show, el programa favorito de mi madre, y nos divertíamos viéndolo. Hacíamos compras diarias para satisfacer nuestras necesidades alimenticias, sobre todo las mías, que entonces eran mucho menores que ahora.

-Continúa –dijo el Varón.

-Un día, mientras veíamos la Granja Show, alguien tocó a la puerta. Aunque no pude oír su nombre, recuerdo que era un hombre alto vestido de negro, con pelo alborotado y rostro somnoliento. Mi madre fue a recibirlo a la puerta y se entretuvo conversando con él unos minutos, mientras yo seguía viendo la televisión. Recuerdo que, antes de irse, el hombre le dio a mi madre una tarjeta con la foto de un castillo grande y tenebroso.

-¿Un castillo? –se preguntó el Mono Calato -¿No viste nada más?

-No, porque yo estaba concentrado en ver la Granja Show. Una vez que el hombre se fue, mi madre regresó a la sala, pero no se volvió a sentar a ver la televisión. Tenía una expresión extraña en la cara, como si hubiera caído en alguna especie de trance hipnótico.

-Entonces ahí fue que tu madre cambió –intervino Spoon.

-Exacto. Después de ese encuentro, ya no fue la misma. Empezó a obsesionarse con su figura, mirándose al espejo cada cinco segundos, y comiendo más de la cuenta debido a su angustia. Ya que empezó a comprar más comida, yo también empecé a comer más de lo normal, sin medir las consecuencias.

-Eso lo vemos ahora… -intervino el Varón.

-Sigue con tu historia, Gordo –dijo el Chico de Madera.

-Un día, mi madre entró en crisis, y empezó a destruir todos los muebles de la casa. Yo me escondí en la cocina para evitar que me cayera algo, mientras oía que mi madre seguía rompiendo cosas. Luego de un rato volví a la sala, y la vi parada frente a la puerta con su cartera de viaje en una mano y la tarjeta con la foto del castillo en la otra. “Me voy”, dijo, sin dejar de mirar la foto del castillo, y cruzó el umbral de la puerta.

-¿No la trataste de detener? –preguntó el Kuraka.

-No, estaba demasiado impresionado por todo como para moverme. Cuando logré reaccionar, mi madre ya se había ido para siempre.

-Fue entonces que empezaste a comer más y más –dijo el Varón.

-Entré en una terrible depresión a causa de eso. Aunque mi madre ya no estaba, seguí comprando la misma cantidad de comida que siempre, y me lo engullía todo en segundos. Cuando acabé con todas las reservas de la tienda, comencé a robar comida de las casas vecinas.

-¿Nunca volviste a oír de tu madre? –preguntó el Chico de Madera.

-No, y pensé que nunca volvería a hacerlo. Supuse que se había ido con aquel hombre vestido de negro al castillo de la foto, y que ya no la vería nunca más.

-Ese hombre que habló con ella –empezó a decir el Mono Calato – ¿Creen que se trate del Maestro que la Granja Show escuchó hablando con Gordicia?

-Eso tendría sentido –dijo el Kuraka.

-Parece que ese tal Maestro es el causante de todo –intervino el Chico de Madera, pensando en las palabras de su compañero –Incluso del cambio de Gordicia.

-Eso quiere decir que… -empezó a decir el Varón, confundido por toda la información.

-Quiere decir que esto aún no termina –sentenció el Kuraka –Ya no solo se trata de Gordicia, sino también de la Fuerza Maligna y del Maestro.

-Y de la misteriosa Vallegracia –dijo el Mono Calato –Aún no sabemos quién es ni de parte de quién está.

-Ahora comprenden por qué me quedé paralizado al ver a Gordicia –dijo el Gordo, con tristeza luego de recordar todo lo contado –Y también entienden porqué no podemos irnos ahora.

-Quieres enfrentarte a Gordicia y tratar de salvarla, ¿no es así? –preguntó Spoon a su compañero.

El Gordo asintió con la cabeza, y volteó a mirar al imponente edificio de la Macultad de Experimentaciones.

-No podemos irnos y dejarla ahí –dijo el Gordo, con decisión –Tengo que intentar que mi madre vuelva a ser como antes. No puedo quedarme sin hacer nada… no de nuevo.

-Te sientes culpable por no haberla detenido cuando se fue, ¿verdad? –preguntó a su redondo amigo el Chico de Madera.

-Debí haber hecho algo… pero me quedé paralizado –dijo el Gordo –Igual que hace unos instantes, cuando la volví a ver. ¡Pero ya es suficiente! Esta vez, me enfrentaré a ella, como debí haberlo hecho hace dos años.

-Si vamos a pelear contra Gordicia, vamos a necesitar ayuda –dijo el Chico de Madera, mirando a sus compañeros –Spoon, anda al Pabellón Y de la UPK y busca a la Granja Show. Aún deben estar ahí, practicando sus pasos de baile. Cuando las encuentres, tráelas para que nos ayuden.

-Eso haré –dijo Spoon, con una sonrisa –Nos encontraremos en el despacho de Gordicia para la batalla final. ¡Perelevation!

Mientras veían a Spoon impulsarse y volar a través de los patios de la UPK hacia el Pabellón Y, las 5 C se prepararon para volver a entrar a la Macultad de Experimentaciones.

-El despacho de Gordicia debe estar allí –dijo el Kuraka, señalando al edificio de la Macultad, en cuyo tercer piso se podía distinguir una puerta con una G gigante.

-¡Al tercer piso de la Macultad, entonces! –exclamó el Varón, y empezó a correr hacia las escaleras.

-Madre, aquí voy –dijo el Gordo, con una mezcla de tristeza y decisión.

Los cinco compañeros cuánticos ingresaron al edificio por segunda vez, y empezaron a subir los escalones a los pisos superiores. El desenlace de la aventura de la UPK estaba cerca.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Capitulo 17 - Somos las 5 C: Están a salvo


El Chico de Madera suspiró al pisar el último escalón.

-¡Lo logramos! –exclamó, en éxtasis –Los sótanos de la UPK…

Los cinco compañeros cuánticos habían descendido por las oscuras escaleras, y ahora se encontraban en el húmedo nivel subterráneo de la Macultad de Experimentaciones. El pasadizo en frente de ellos era oscuro, pero una extraña luz verde parecía provenir de uno de los cuartos del fondo.

-Debe ser ahí, ¡vamos, 5 C! –alentó a sus compañeros el Varón Ron Ron -¡Terminemos con esta dámier de una vez!

Los cinco cuánticos individuos avanzar por el corredor, y se detuvieron frente a la puerta de la cual emanaba la luz. Dentro del cuarto, una serie de extrañas máquinas, tubos de ensayo y demás aparatos emitían extrañas luces y sonidos. Al fondo del laboratorio, casi en la oscuridad, se hallaban tres celdas dentro de las cuales podían distinguirse tres siluetas femeninas.

-¡¡¡Sor S.!!! –gritó el Varón al reconocer a la chica vestida en hábito de monja.

-¡¡¡Mona Chita!!! –chilló el Mono Calato al ver a su amada después de tanto tiempo.

-¡¡¡Miss Bernaola!!! –exclamó el Chico de Madera, ante la visión de su musa madérica, su arquetipo de amor pilástico, que finalmente estaba frente a sus ojos de caoba.

-Vamos, hay que liberarlas rápido antes de que… -empezó a decir el Kuraka, cuando de pronto una figura salió de entre las sombras.

-No tan rápido –dijo Pesadillo, colocándose delante de las tres celdas –Creo que merezco divertirme un rato luego de tanto trabajo, ¿no creen? ¡Fichas de Resumen!

Las fichas de Pesadillo volaron en dirección a los cinco cuánticos, quienes tuvieron poco tiempo de esquivarlas. El Mono Calato logró realizar un ágil salto y balancearse en su cola, mientras las fichas pasaban por debajo de él, pero sus demás compañeros no tuvieron tanta suerte. El Kuraka, el Varón, el Gordo y el Chico de Madera quedaron atrapados entre torbellinos de papeles cortantes.

-¡Jajaja! Yo no soy tan fácil de vencer como Dodette o Vallegusta –se burló Pesadillo de sus adversarios –Eso deberías saberlo muy bien, Mono desnudo.

El Mono Calato tomó uno de los tubos de ensayo y lo lanzó con la cola en dirección a Pesadillo, mientras corría hacia él para golpearlo. Sin embargo, el secuaz de la UPK fue más rápido: una ficha de resumen voló hacia el tubo de ensayo y lo cortó perfectamente a la mitad, y luego la voz de Pesadillo se escuchó en todo el recinto.

-¡Pie de Página!

El Mono Calato cayó de bruces al suelo, con los pies de mono atrapados por una serie de manos. Las fichas de resumen de Pesadillo se desvanecieron, y el Kuraka, el Varón, el Gordo y el Chico de Madera cayeron inconscientes por los efectos secundarios del ataque.

-Tenía que jugar un poco con ustedes antes de cumplir con mi última misión aquí –empezó a decir Pesadillo –Ahora, ¡es hora de que desaparezcan!

El Mono Calato trató de levantarse, pero las manos se lo impedían.

-Al menos tendrás el honor de ver uno de mis ataques secretos –le dijo Pesadillo a su monástica víctima, luego de lo cual se preparó a usar su poder -¡Estado de la…!

-¡Perelevation!

Una figura arremetió contra Pesadillo con gran fuerza y velocidad, mandando a volar al secuaz hasta el otro extremo del laboratorio. El Mono Calato logró librarse finalmente del ataque de Pesadillo, y corrió hacia Spoon, quien se levantaba sonriente.

-Así que tú eres Spoon –le dijo el Mono a su rescatador –El Kuraka y el Varón nos dijeron que volverías con caramelos.

-¡Otro mono pastrulo! –dijo Spoon, al ver por primera vez la desnuda anatomía del Mono Calato.

-¿Lograste conseguir los caramelos? –le preguntó el Mono, adolorido.

-¡Claro, monation! –asintió Spoon, y sustrajo de su bolsillo una bolsa llena de caramelos –Cortesía del Reino de Dormilia.

El Mono se comió uno de los caramelos, y en pocos segundos sintió como la energía corría por sus venas. Spoon se acercó a los cuatro inconscientes y les hizo comer a cada uno un caramelo.

-¡Dámier! ¿Qué pasó? –se preguntó el Varón, levantándose con más energía que nunca.

-¡Las Duracell están completamente recargadas! –dijo el Chico de Madera, estirando sus extremidades.

-¿Spoon? –dijo el Kuraka, al darse cuenta de la presencia de su compañero -¡Perfecto, pudiste regresar!

-Ahhh… Malditos…-murmuró con dificultad Pesadillo, incorporándose lentamente.

-¡Pesadillo, este es tu final! –sentenció el Gordo, con más poder sebáceo que nunca.

-No…puedo…ahhh… –siguió jadeando Pesadillo, mientras extraía disimuladamente una ficha de su bolsillo.

-¡Spoon, guarda tu bolsa! ¡Se está haciendo el herido para…! –le gritó el Kuraka a su amigo pero, antes de poder terminar, Pesadillo lanzó una ficha de resumen hacia la bolsa de caramelos de Spoon. La ficha atrapó la bolsa y, tan rápido como llegó, regresó a las manos de Pesadillo.

-¡Jajaja! No pensé que fueran tan ingenuos –se burló Pesadillo, comiéndose uno de los caramelos y recobrando sus fuerzas luego de la violenta embestida de Spoon.

-¡Eres una dámier! –le gritó el Varón a su enemigo, el cual se preparó una vez más para atacar.

-¡Esta vez nada detendrá mi técnica especial! –dijo Pesadillo, preparándose para atacar.

-¡Rápido, Mono! –le gritó Spoon a su compañero, sacando un racimo de bananas de su bolsillo y lanzándoselo rápidamente -¡Haz lo que sabes hacer!

El Mono Calato atrapó el racimo, arrancó una de las bananas y, concentrando todas sus fuerzas, la lanzó contra Pesadillo, mientras este se preparaba a realizar su ataque.

-¡Estado de la…!

-¡Banana Viajera!

La banana del Mono voló hacia Pesadillo y, al hacer contacto con él, comenzó a brillar. El resplandor se extendió a Pesadillo y, en un destello, el secuaz y la fruta desaparecieron.

-¡Mono, lo lograste! –felicitó a su compañero el Kuraka – ¡Usaste la Banana Viajera para transportar a Pesadillo a otro lugar!

-Así que no solo sirve para transportarse a uno mismo, ¡sino también para alejar a los enemigos! –dijo el Varón, sorprendido.

-Ahora sí –dijo el Chico de Madera, dirigiéndose hacia las tres celdas – ¡Rescatemos a nuestras amadas!

Los seis compañeros se acercaron a las celdas, donde las tres chicas yacían aún inconscientes.

-Hay que encontrar alguna manera de sacarlas de ahí –dijo el Gordo.

-¡Ni se te ocurra usar el Eructo Wii! –le advirtió el Varón a su redondo compañero.

-Tengo una idea –dijo el Kuraka, extrayendo de su manto la espada de la misteriosa Vallegracia.

-No creo que con eso logres… -empezó a decir Spoon, pero el antes que pudiese terminar de hablar el Kuraka tomó la espada y la blandeó con todas sus fuerzas, cortando como mantequilla los barrotes de las celdas.

-Vaya… -dijo el Chico de Madera –Esa Vallegracia si que sabe hacer buenas espadas…

El Kuraka guardó la espada de nuevo en su manto, y observó a las tres chicas desmayadas.

-Si tan solo Pesadillo no se hubiese llevado la bolsa con los caramelos, podríamos hacer que recobren sus fuerzas –se lamentaba Spoon, cuando de pronto una voz femenina lo interrumpió.

-Eso no será problema.

Los seis compañeros voltearon inmediatamente y vieron delate de ellos, bajo un resplandor de luz blanca, a la Chica de los Melos.

-¡Chica de los Melos! –exclamó el Chico de Madera, contento de verla nuevamente.

La Chica de los Melos se acercó a los seis compañeros y les dio tres caramelos.

-Úsenlos para despertar a sus amadas, por las cuales han luchado y vencido hasta ahora.

-¡Gracias, Chica de los Melos! –dijo el Varón Ron Ron, deslumbrado por la belleza de la chica angelical.

-Lo han hecho extremadamente bien hasta ahora –los felicitó la Chica de los Melos –El Gran Maestre Ángel y yo estamos muy orgullosos de ustedes.

-¡No lo hubiésemos logrado sin la ayuda de tus caramelos! –dijo el Mono Calato.

-Todos nosotros lo hemos logrado juntos –dijo el Kuraka –Por fin, ¡podremos rescatarlas!

Los seis compañeros se voltearon hacia Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola, y se acercaron a ellas para darles los caramelos. Sin embargo, el Chico de Madera se detuvo un momento, y volvió a mirar a la Chica de los Melos.

“Hay algo diferente en ella”, pensaba, hasta que se dio cuenta de lo que era. En el cabello rubio de la Chica de los Melos, ciertos mechones de color negro podían verse claramente.

-Chica de los Melos, ¿te has hecho rayos en el pelo? –le preguntó el Chico de Madera a la angelical chica.

-¿Qué? ¿De qué…? –dijo, confundida, la Chica de los Melos, antes de darse cuenta a lo que se refería el maderístico individuo, luego de lo cual le respondió evasivamente –Ah si…eso es.

Al Chico de Madera le extrañó la respuesta cortante, pero no le dio mucha importancia.

-Bueno, es hora de que vuelva a la Cuanticueva –dijo la Chica de los Melos -¡Buena suerte, 5 C!

En un destello de luz, la chica angelical se desvaneció, dejando a los seis compañeros cuánticos con las tres chicas. El Varón Ron Ron le hizo comer un caramelo a Sor S., la cual fue la primera en despertar.

-¿Qué? ¿Qué rayos pasó?

-¡Sor S.! –exclamó, casi con lágrimas de felicidad, el Varón -¡Estás bien!

-No recuerdo casi nada… -dijo Sor S., extremadamente confundida.

-Fuiste capturada por Gordicia y sus secuaces, y traída a este lugar –le explicó el Kuraka.

-Deben haberlas tenido sedadas la mayor parte del tiempo… -dijo Spoon.

-Ble…qué dámier –dijo Sor S., incorporándose por primera vez en un largo tiempo.

La segunda en despertar fue la Mona Chita, luego que el Mono Calato le hizo comer uno de los caramelos.

-¡Mona! ¡No sabes lo preocupado que me tenías! –exclamó el Mono, abrazando a su amada.

-¡Fue horrible! ¡Ese tal Pesadillo me tuvo metida en su máquina con ruedas por días, y después llegué aquí y no recuerdo nada más!

-Ha sido terrible para todos, ¡pero ahora estamos bien! –dijo el Varón Ron Ron, aun extasiado por tener tan cerca a su amor platónico, Sor S. –Somos las 5 C, y ahora están a salvo.

El Chico de Madera también empezó a sonreír compulsivamente, pues Miss Bernaola había comenzado a despertarse luego de comerse el último caramelo.

-¡Miss Bernaola! ¡Hemos venido a rescatarte!

-¿Quéeeeeeeeeeeeeeeee?

-¡Hemos venido a salvarte de las garras de Gordicia y su malévolo experimento! –le volvió a decir el Chico de Madera.

-Ahhhhhhhhhh…–dijo Miss Bernaola, tratando de procesar la difícil información.

-¿Quién es esta? –preguntó la Mona Chita, al ver a Miss Bernaola a su costado.

-Yo soy cuántica, ¿y tú?

-¡Ella es Miss Bernaola! –le explicó el Chico de Madera a la Mona –Como tú y Sor S., fue traída aquí para el experimento que conducía Gordicia.

-Parece que esa tal Gordicia es una dámier… -opinó Sor S.

-Bueno, ¡no tenemos tiempo que perder! –les dijo el Kuraka a sus compañeros –Será mejor que nos vayamos de aquí cuanto antes.

-El Kuraka tiene razón –dijo el Gordo –Ya no tenemos por qué estar aquí mas tiempo.

El Varón, el Mono y el Chico de Madera escoltaron a sus respectivas amadas hacia la puerta del laboratorio, mientras el Gordo, el Kuraka y Spoon se adelantaban para asegurarse que el camino estuviese libre.

-Creo que no viene nadie –empezó a decir Spoon –Avancemos lenta…

-¡ALTO!

Un rugido resonó en el corredor, y todos voltearon hacia el origen de la voz. De las escaleras que subían a la Macultad una figura prominente empezó a bajar. Entre las sombras y la oscuridad, los cuánticos compañeros pudieron distinguir una silueta redonda y grotesca, una cabellera crespa y un par de anteojos amenazantes. Era la primera vez que la veían en persona, pero la voz de Gordicia era inconfundible.

-¡Por fin nos encontramos, malditos insectos! –dijo Gordicia, con su desagradable voz.

-¡¡Tú!! –gritó, con furia, el Varón, preparándose para atacar.

-¡¿Cómo se atreven a intentar llevarse a mis tres prisioneras, cuando aún no he completado mi experimento?! –bramó Gordicia, visiblemente iracunda.

-¡Nunca conseguirás concretar tu plan! –sentenció el Kuraka –Nosotros nos aseguraremos de ello.

-¡Prepárate para…! –empezó a decir el Varón, pero el Chico de Madera lo detuvo con una mirada.

“Es cierto, el trato”, pensó el Varón Ron Ron. “Le prometimos a Chomsky irnos apenas rescatásemos a Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola”.

-¡Ahora verán, malditos! –dijo Gordicia, luego de lo cual se preparó a atacarlos -¡Briefs!

Una ráfaga de papeles cortantes voló en todas direcciones, y las 5 C empujaron a Sor S., Miss Bernaola y Mona Chita para que no fueran heridas. El Kuraka trató de protegerse con su manto inca, pero los briefs lo atravesaron y cortaron profundamente su ropaje y su piel.

-¡Ahh, dámier! –gritó el Varón, sangrando por los cortes, mientras el Mono Calato trataba de arrancarse hojas de papel de su cola.

-¡Eso no es nada! –gritó Gordicia -¡Ni siquiera los lancé con la mitad de fuerza!

-Tenemos que huir, y rápido –dijo Spoon, viendo como Gordicia se preparaba para atacar de nuevo.

-Es cierto, tenemos que llevar a Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola a la Cuanticueva –dijo el Chico de Madera –Gordo, usa tu Eructo Wii para distraerla mientras…

El Chico de Madera se detuvo al ver el rostro de su redondo compañero. El Gordo yacía completamente inmóvil, con una expresión de increíble sorpresa, mirando a Gordicia.

-Ha estado así desde que apareció Gordicia –dijo el Mono Calato, mirando al paralizado Gordo.

-¡Gordo, reacciona! –le gritó el Kuraka a su compañero, pero el Gordo seguía inmóvil, boquiabierto, incapaz de retirar los ojos de Gordicia.

-¡Despídanse, insectos! ¡Esta vez mi ataque los mandará a la dámier! –gritó Gordicia.

-¡Tenemos que detenerla por un rato para escapar! –exclamó el Chico de Madera, desesperado.

-Yo me encargo de eso –dijo Sor S., sacando de su hábito un libro con las iniciales “T.B.”

-¿La vas a detener leyéndole un cuentito? –preguntó, sonriendo, Miss Bernaola –Yo leo mientras duermo y así sueño que…

-Este no es cualquier libro –la interrumpió Sor S. –Este es un regalo del Gran Maestre Ángel, para ser usado en ocasiones de emergencia.

-¡Pues esta es una! –le dijo Spoon -¡Úsalo!

Sor S. abrió el libro y, con voz clara y fuerte, pronunció su ataque.

-¡El Chico Ostra!

De pronto, una almeja gigante apareció en frente de Gordicia y se cerró, atrapándola dentro.

-¡Ahh! ¡Maldita! ¡Déjame salir! –empezó a gritar Gordicia, pero su voz llegaba de dentro de la ostra como nada más que un susurro.

-¡Increíble! –exclamó el Varón, luego de lo cual se volteó a sus compañeros -¡Rápido, Mono, saca tu banana y transpórtalas a la Cuanticueva!

El Mono Calato asintió, y arrancó una banana del racimo que le dio Spoon.

-¡La ostra! –advirtió el Kuraka a sus compañeros – ¡Se está abriendo!

Con un crujido, Gordicia hizo estallar la ostra en pedazos, liberándose.

-¡Rápido, Sor S.! –dijo el Varón – ¡Lee otro cuento!

Sor S. volteó la página, y se preparó a volver a atacar a Gordicia, que estaba acercándose.

-¡La Mirona!

Los ojos de Gordicia se salieron de sus órbitas y empezaron a alejarse de ella, extendiéndose por todo el corredor.

-¡Ahhh! –gritaba de dolor Gordicia -¡Devuélveme mis ojos, maldita!

-Mona Chita, Miss Bernaola, ¡pongan sus manos sobre esta banana! –les dijo el Mono Calato a las dos chicas, mientras les extendía la fruta.

Gordicia logró capturar sus ojos, y se los volvió a poner en su cara. El Mono empezó a concentrar su poder en la banana, y a pensar claramente en la Cuanticueva.

-¡Mono, apúrate! –le gritó Spoon a su compañero.

-¡Si no programo bien el destino de la banana, las chicas podrían terminar en cualquier sitio! –dijo el Mono Calato, y siguió concentrándose.

Gordicia miró con odio a Sor S., y se preparó a usar sus Briefs nuevamente.

-¡Brie…!

-¡El Niño Ojos de Alfiler!

El ataque de Sor S. hizo que dos alfileres se incrustaran en los ojos de Gordicia, la cual empezó a chillar del terrible dolor.

-¡¡No puedo ver!! ¡Mis ojos! ¡Maldita dámier! –maldecía Gordicia, retorciéndose en el suelo.

-¡Mono! ¡¿Ya está lista la banana?! –preguntó el Varón Ron Ron, adolorido por los cortes.

-¡Ya casi! ¡Solo un minuto más! –gritó el Mono.

El Gordo continuaba inmóvil, completamente paralizado, como si hubiese visto un fantasma.

-¡Gordo! –le gritaba a su compañero el Kuraka -¡Responde! ¡¿Qué te pasa?!

-¡Mis ojos, maldita! –seguía chillando Gordicia, hasta que el ataque de Sor S. perdió su efecto, y logró quitarse los alfileres y recuperar la vista.

-¡Solo me queda un cuento por leer! –anunció Sor S., viendo que Gordicia volvía a incorporarse.

-¡Ya está! –gritó el Mono Calato -¡La banana está preparada!

-¡No van a escaparse de mi! –dijo Gordicia, intentando una vez más usar su poder -¡Brie…!

-¡MOLLINAS EN FUGA!

De la nada, un sinnúmero de mollinas invadieron el corredor y se abalanzaron con furia sobre Gordicia, cubriéndola por completo y picoteándola.

-¡Ahora! –gritó el Mono –¡Sor S., Mona Chita, Miss Bernaola! ¡Pongan sus manos en la banana!

Las tres chicas hicieron lo indicado, luego de lo cual el Mono Calato canalizó todas sus fuerzas en la fruta.

-¡Banana Viajera!

Con un destello de luz, Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola desaparecieron.

-¡Ahora, escapemos de aquí nosotros! –dijo el Varón.

-¡Corramos! –dijo el Mono -¡Ya no hay tiempo de preparar otra banana!

-¡Ahora, corramos mientras Gordicia está bajo el ataque de Sor S.! –dijo el Kuraka.

Los seis compañeros cuánticos se abalanzaron por el pasillo hacia las escaleras, aprovechando que Gordicia continuaba bajo el ataque de las mollinas de Sor S. Spoon tenía al Gordo agarrado del brazo y lo jalaba por las escaleras, pues el redondo cuántico seguía sin moverse.

Continuaron avanzando por los pasillos de la Malcultad de Experimentaciones, y atravesaron el edificio hasta llegar a los patios de la UPK. Una vez al aire libre, lo suficientemente lejos de Gordicia, los seis compañeros se detuvieron.

-¡Gordo! –le dijo el Chico de Madera su compañero, viendo que este ya empezaba a gesticular un poco.

-No tiene caso… -opinó Spoon –Será mejor volver a la Cuanticueva y…

-No… No…

El Gordo habló por fin, con dificultad, recién saliendo de su shock emocional.

-No podemos volver… -continuó diciendo el Gordo.

-¿De qué hablas, Gordo? –preguntó el Varón -¿Por qué no podemos volver?

-Gordo, si tienes algo que decir, habla de una vez –dijo el Kuraka.

-Está bien… -dijo el Gordo, reuniendo sus energías.

-¿Por qué dices que no podemos regresar? –preguntó el Chico de Madera -¿Por qué te pusiste así?

El Gordo tomó aliento, suspiró profundamente, y luego miró a sus compañeros.

-¿Recuerdan lo que les conté sobre mi madre?

-Si, dijiste que un día todo cambió y se fue de la casa –dijo el Mono Calato -¿Qué tiene que ver eso?

El Gordo dudó un momento, reunió fuerzas, y finalmente habló.

-Gordicia… es mi madre.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Capitulo 16 - La Macultad de Experimentaciones

A más de diez mil kilómetros de la UPK, en otro continente, un castillo gótico y misterioso se alzaba en un valle de sombras. El terreno árido y rocoso parecía continuar en las paredes del castillo mismo, oscuras como la noche, gigantescas como las montañas que rodeaban el sitio. El Castillo Filosofal era un lugar tenebroso, con miles de pasadizos secretos, salas enormes y trampas escondidas.

En el ala más alejada del Castillo, una silueta contemplaba el paisaje de pesadilla por un vitral gigantesco. La figura estaba vestida de negro, tenía el pelo alborotado y el rostro somnoliento. El hombre misterioso estaba esperando una llamada desde muy lejos. Una pizca de preocupación pasaba por sus pensamientos, pero en general estaba seguro que todo iría bien.

Finalmente, el celular sonó. El Maestro contestó, y la voz de Pesadillo se pudo escuchar al otro lado de la línea.

-Maestro, he terminado –dijo, satisfecho, Pesadillo.

-¿Ya tienes los resultados y las muestras? –preguntó el Maestro.

-Todo está listo para nuestro cliente. Gordicia aún no sospecha nada sobre nuestro plan ni sobre la traición.

-Excelente –dijo, calmado, el Maestro – Será mejor que te apresures en traerme las muestras, Pesadillo. Pero antes, creo que ya sabes lo que tienes que hacer.

-Sí, Maestro. No podemos arriesgarnos a que ella descubra el plan –dijo Pesadillo.

-Elimina a Gordicia, y repórtate aquí de inmediato –ordenó el Maestro a su lacayo.

-Como usted diga –asintió Pesadillo, y luego cortó la llamada.

El Maestro volvió a mirar por el vitral hacia el desolado paisaje rocoso que rodeaba el Castillo Filosofal.

El Mono Calato se detuvo para recobrar el aliento.

-Varón, ¿cómo puedes andar con las costillas rotas? –preguntó el desnudo al ambiguo.

El Varón Ron Ron se acordó del dolor, y tubo que arrodillarse en el suelo. El Chico de Madera, el Kuraka y el Gordo se detuvieron detrás de sus dos compañeros.

-Varón, creo que es hora de que les contemos a los demás lo que sucedió en el Reino de Dormilia –dijo el Kuraka a su compañero.

-Tienes razón, Kuraka –dijo el Varón Ron Ron, luchando contra el dolor – Empieza tu.

El Kuraka empezó a contar a sus compañeros todo lo vivido en el Reino de los Sueños, empezado por el primer encuentro con la Fuerza Maligna. El Mono Calato, el Chico de Madera y el Gordo escucharon con atención mientras el Kuraka les explicaba cómo fue poseído, la oportuna aparición de Spoon y su relato sobre la posesión de Dormilia por parte de la Fuerza Maligna, la pelea contra los once Chicos de Madera y, finalmente, el despertar de Dormilia.

-¡Dámier! –exclamó el Mono Calato.

-Y lo peor es que no es un enemigo físico –explicó el Kuraka –sino una Fuerza, y por eso no pudimos derrotarla. No tengo idea si volverá a tratar de atacarnos.

-Por lo mucho que nos odiaba, ¡tenlo por seguro! –dijo el Varón.

-Tenemos que tener cuidado –advirtió a sus compañeros el Chico de Madera –Las cosas se están complicando cada vez más. Primero Gordicia, luego sus secuaces, y ahora una Fuerza Maligna que nos quiere destruir…

-No olvides al tal “Maestro” del cual nos contaron las chicas de la Granja Show –añadió el Gordo – El que escucharon hablando con Gordicia por teléfono.

-Y a la hermana de Vallegusta… -dijo el Mono Calato.

-Por eso tenemos que actuar rápido –dijo el Kuraka – No sabemos cuánto tiempo más necesiten vivas a Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola. ¡Tenemos que rescatarlas antes que les hagan daño!

Los cinco compañeros continuaron avanzando por los pasadizos de la Macultad de Experimentaciones. Con cada paso, se acercaban más a su objetivo. De pronto, el Mono Calato se detuvo, confundido, como si alguna idea extraña hubiera entrado en su simiesca cabeza.

-Oye, Gordo… -empezó a decir el Mono -¿Por qué estás tu aquí? Es decir, el Kuraka tenía que enfrentarse a Vallegusta, yo quiero rescatar a mi Mona, el Varón a Sor S. y el Chico de Madera a Miss Bernaola. ¿Cuál es tu motivación?

El Gordo también se detuvo, y pensó antes de dar su respuesta.

-No tengo nada más que hacer. En mi casa lo único que hacía era comer, tomar Don Isaac Diets y ver La Granja Show en la televisión.

-¿No vivías con nadie? –le preguntó el Kuraka.

-No, desde que mi madre me abandonó hace unos años he estado viviendo solo. Creo que la depresión fue lo que hizo que empiece a robar la comida de mis vecinos.

-¿Qué pasó con tu madre, Gordo? –le preguntó el Chico de Madera.

-Hace tiempo que se fue de la casa –contestó, cabizbajo, el Gordo –Un día estaba todo normal, y entonces llegó un…

El Gordo se detuvo de pronto, como si se hubiese dado cuenta de algo, pero pareció descartar la idea rápidamente.

-Es una larga historia y no me siento con ganas de contarla ahora –empezó a decir –Solo se que desde entonces no he vuelto a ver a mi madre, no tengo idea de qué le habrá pasado.

Sus compañeros miraron con tristeza al Gordo, y decidieron no hacer más preguntas por el momento. El Varón rompió el incómodo silencio con una exclamación.

-¡Vamos! –dijo, señalando hacia el final del pasillo –Creo que veo unas escaleras al final del corredor, ¡debe ser ahí!

Los cinco cuánticos compañeros reanudaron el paso y se dirigieron hacia el final del pasadizo. Al fondo, una puerta semiabierta dejaba al descubierto las escaleras que bajaban al sótano de la Macultad.

-¡Es aquí! ¡Lo logra…! –empezó a decir el Mono Calato, cuando de pronto una figura apareció entre los cinco compañeros y la puerta. Era un sujeto robusto, de piel marrón, con una gran C en el pecho.

-¡Es Chomsky! –exclamó, sorprendido, el Chico de Madera.

-¡Vamos, 5 C! ¡Juntos lo venceremos! –alentó el Varón a sus compañeros -¡Perele…!

El Varón se preparaba a embestir a Chomsky, pero el Kuraka lo detuvo. El Varón no comprendía la razón del acto de su compañero, hasta que se dio cuenta que todos miraban a Chomsky. El secuaz de la UPK no parecía dispuesto a atacarlos; más bien, parecía querer decirles algo.

-Tranquilos, intrusos –empezó a decirles, con voz profunda, Chomsky –No voy a hacerles daño.

-¿Qué dámier es esto? –dijo el Mono Calato -¿Crees que vamos a confiar en ti, luego que me encerraste en un armario?

-Voy a hacerles una pregunta –dijo Chomsky, ignorando al Mono -¿Cuál es exactamente su objetivo?

-¿Nuestro…objetivo? –dijo, confundido, el Varón.

-Hemos venido a rescatar a Sor S., a la Mona Chita y a Miss Bernaola de las garras de Gordicia, y a detener su malévolo experimento –anunció el Kuraka.

Chomsky se detuvo a pensar un momento en las palabras del Kuraka, y luego volvió a dirigirse a los cinco compañeros.

-Mis intereses son exclusivamente la protección de mi ama y señora Gordicia. Me he dado cuenta de ciertas cosas que están pasando a su alrededor, y presiento que alguien está a punto de traicionarla.

-¿Alguien quiere traicionar a Gordicia? –preguntó, confundido, el Gordo.

-Eso es correcto –continuó Chomsky –y creo saber de quién se trata. Hace poco sorprendí a Pesadillo comunicándose con alguien del exterior. A pesar de que no pude oír la conversación, estoy seguro que Pesadillo está involucrado en algo.

-A nosotros no nos importa que le suceda a Gordicia –dijo el Chico de Madera –¡Lo que queremos es detener su plan y rescatar a nuestras amadas cautivas!

-Si eso es lo que buscan –les dijo Chomsky a las 5 C –entonces tengo un trato que proponerles.

-Te escuchamos –dijo el Kuraka.

-Voy a dejar que bajen a los sótanos de la Macultad y que rescaten a las tres prisioneras. Si en el camino se encuentran con Pesadillo, lo que hagan con él no es de mi interés. Sin embargo, hay una condición.

-¿Cuál? –preguntó el Varón.

-Una vez que hayan liberado a las prisioneras, dejen el edificio. No vayan a enfrentarse a Gordicia. Mi maestra y ama ha sufrido demasiado con todo este plan, y creo que es hora de intervenir por su propio bien. Yo mismo me encargaré de convencerla de abandonar sus maquinaciones. Esta será la última vez que escuchen algo malo de Gordicia, se los aseguro.

Los cinco compañeros se unieron para debatir entre ellos.

-¿Qué debemos hacer? –preguntó el Gordo.

-No sé si podamos confiar en él –dijo el Chico de Madera -¿Qué pasa si rescatamos a las chicas, volvemos a la Cuanticueva, y luego Gordicia las vuelve a capturar?

-La oportunidad que tenemos ahora es única… -empezó a decir el Mono Calato –Su despacho está tan cerca…

-Si, pero quizás Chomsky tenga razón –intervino el Kuraka –Quizás el pueda convencer a Gordicia de abandonar el plan una vez que hayamos rescatado a Sor S., a la Mona Chita y a Miss Bernaola.

-No parecía mentir cuando dijo que sólo le interesaba la seguridad de Gordicia –dijo el Gordo.

-Entonces, ¿confiamos en él? ¿Las rescatamos y nos vamos? –preguntó el Varón Ron Ron.

-Creo que es lo mejor que podemos hacer ahora –dijo el Kuraka –No hay necesidad de más peleas innecesarias. Si este conflicto se puede solucionar pacíficamente, no veo porqué no intentarlo.

El Mono, el Varón, el Gordo y el Chico de Madera asintieron, y los cinco compañeros volvieron a donde los esperaba, pacientemente, Chomsky.

-Está bien, haremos eso entonces –dijo el Chico de Madera.

-Rescataremos a nuestras amadas y luego nos iremos de aquí –dijo el Mono Calato.

-Y yo me aseguraré que mi maestra vea la razón de nuevo –dijo, con un gesto de tranquilidad, Chomsky –Buena suerte con su parte del trato.

Dicho eso, Chomsky se movió de su posición, dejando al descubierto las escaleras hacia los sótanos de la Macultad de Experimentaciones. Los cinco compañeros cuánticos se apresuraron a cruzar el umbral de la puerta y empezar a bajar por los escalones. Antes de descender, el Chico de Madera se detuvo al lado de Chomsky.

-Gracias… -le dijo, algo confundido –No eres como los demás secuaces de la UPK.

-Mis intereses son otros –dijo, cortante, Chomsky –Ahora, apresúrense. El tiempo corre.

El Chico de Madera cerró la puerta detrás de él, y empezó a bajar hacia los sótanos de la Macultad.

“Pesadillo…”, pensó, preocupado, Chomsky. “Tengo que estar preparado”.

El secuaz de la UPK volvió a rondar los pasillos de la tenebrosa Macultad de Experimentaciones. Para ambos bandos, el final estaba cerca.