-¡Súper DD!
El Kuraka se lanzó hacia un lado lo más rápido que pudo, logrando esquivar el potente rayo de energía enviado por el poseído secuaz de la UPK.
-¡La hora final de las 5 C ha llegado! –dijo la Fuerza Maligna, a través del cuerpo de Chomsky.
-¡Esta vez no escaparás, Fuerza Maligna! –Sentenció el Varón Ron Ron, con decisión, y se preparó a usar su técnica especial -¡Perelevation!
El Varón embistió al cuerpo de Chomsky con todas sus fuerzas, el cual cayó de espaldas diez metros más atrás.
-¡Bien hecho, Varón! –alentó a su compañero el Mono Calato -¡Acabemos con esto!
El Kuraka llevó la mano a su manto inca y extrajo la brillante y afilada espada de Vallegusta, y se lanzó a la carga. El Mono Calato, el Varón y el Chico de Madera también se prepararon para utilizar sus poderes contra el poseído Chomsky, el cual se acababa de levantar.
-¡Jajaja! ¿Creen que con esos ataques me van a poder vencer? –se burló la Fuerza Maligna y, con un movimiento del brazo de Chomsky, paralizó a sus atacantes.
-¿Qué…? ¿Qué dámier es esto? –dijo el Varón, incapaz de moverse.
-¡Ese no es ninguno de los poderes de Chomsky! –dijo el Chico de Madera, sintiendo sus extremidades caóbicas completamente atrofiadas.
-¿En serio creen que yo necesito los poderes de este insignificante cuerpo para acabar con semejantes insectos? –dijo la Fuerza Maligna, sonriendo a través de Chomsky –Mis poderes son más grandes de lo que se puedan imaginar, 5 C.
-¡¿Qué dámier eres?! –preguntó, desesperado, el Varón -¿Cómo posees cuerpos?
-Lo único que les diré, 5 C, es que nunca me podrán derrotar, ¡y yo siempre estaré acechándolos, destruyendo sus progresos, acabando con sus sueños!
-¡No si acabamos contigo primero! –amenazó el Chico de Madera, pero su voz ya no mostraba convicción.
El Gordo seguía en una esquina, abrazado a Gordicia, su madre, completamente alejado mental y físicamente de la pelea. El Varón, el Kuraka y el Chico de Madera sabían perfectamente que ya no podrían contar con su ayuda en lo que quedaba de la batalla.
-¡Y ahora, 5 C, los exterminaré! –sentenció la Fuerza Maligna, y el cuerpo de Chomsky se preparo a atacar –Y lo haré sin necesidad de utilizar mis propios poderes. No se merecen ese honor. ¡Súper D…!
-¡Spoomerang!
La cuchara voladora impactó en la cara del poseído Chomsky, interrumpiendo su ataque. La puerta del Despacho de la Malignidad se había abierto de par en par, y por el umbral asomaba Spoon J. Trulo, seguido por la Granja Show.
-¡Ese es el marrón que nos capturó! –dijo Misterio, reconociendo la cara de Chomsky.
-¡Mandémoslo a la dámier! –dijo Tony, y utilizó su poder especial -¡Pulguizar!
Convertida en una pulga, Tony saltó hacia la cara de Chomsky y se introdujo en sus ojos, impidiéndole ver nada por unos instantes. Spoon aprovechó el momento para acercarse a sus cuánticos compañeros, los cuales habían sido liberados de la parálisis debido al ataque sorpresa.
-¡Siempre tengo que llegar a salvarlos, monos pastrulos! –dijo Spoon, y se unió a las demás 5 C -¡Es hora de acabar con esto de una vez!
-¡Spoon, préstame tu cuchara! –le dijo Dragón a su compañero, el cual asintió y extrajo el metálico objeto de su bolsillo.
-¡Dale duro! –alentó Misterio a su amiga -¡Hazlo por el cuy!
Dragón tomó la cuchara, apuntó a Chomsky, y utilizó su técnica especial -¡Tortura con Cucharita!
La cuchara de Spoon voló como un proyectil hacia el poseído secuaz, y empezó a hacerle cortes profundos en todo el cuerpo.
-¡Dámier! –exclamó el Varón, al ver la sangre brotar del cuerpo de Chomsky.
-¡Ya es suficiente! –gritó la Fuerza Maligna, y con otro movimiento del brazo mandó a volar por los aires a la Granja Show y a Spoon, los cuales impactaron fuertemente contra las paredes del recinto.
-¡Ahora, ataquemos mientras está débil! –exclamó el Kuraka, y se lanzó hacia el cuerpo de Chomsky con la espada de Vallegusta en mano -¡Muere, maldita dá…!
-¡Explosión Pragmática!
El manto inca del Kuraka se desintegró en pedazos, y el cuántico individuo salió volando por los aires a una increíble velocidad, estrellándose contra la pared. Sus demás compañeros vieron con horror cómo, con el impacto, la resplandeciente espada de Vallegusta se partía por la mitad.
-¡Kuraka! –gritó el Chico de Madera, al ver a su compañero que se desplomaba, inconsciente, en el suelo.
-¡Ustedes siguen! –dijo la Fuerza Maligna, y el cuerpo de Chomsky avanzó hacia el Varón, el Mono Calato y el Chico de Madera –Los poderes de este marrón no están tan mal para un patético secuaz…Serán más que suficientes para eliminarlos.
El Mono Calato miró a su alrededor: El Kuraka yacía en el piso, inconsciente y con varios huesos rotos; las tres chicas de la Granja Show también se habían desmayado debido al impacto, y el caso de Spoon no era nada diferente. “Dámier, ¡no podemos fallar ahora!” pensaba el Mono, tratando de idear un plan. “Después de todo lo que hemos hecho, de todos los secuaces que hemos vencido…”.
Los pensamientos del Mono fueron interrumpidos por el Varón, que se había dispuesto a atacar una vez más a la Fuerza Maligna.
-¡Perelev…!
-¡Caso de Genie!
El rayo de Chomsky golpeó al Varón, y lo encerró en un armario indestructible.
-¡Jajaja!- se burló la Fuerza Maligna, al ver cuán fácilmente había derrotado a su ambiguo adversario -¿Eso es lo más que pueden durar contra mi? ¿Cinco segundos?
“Ahora solo quedamos dos”, pensó el Chico de Madera, y se dio cuenta que la batalla estaba perdida. No había forma que él y el Mono Calato pudiesen vencer a la Fuerza Maligna, que era capaz de paralizarlos con un solo gesto, y tenía a su disposición todo el arsenal de poderes de Chomsky.
-¿Nada? ¿No van a hacer nada? –se burlaba la Fuerza Maligna de los dos cuánticos compañeros –Entonces, ¡quédense quietos y mueran! ¡Explosión….!
-¡NO!
El grito del Chico de Madera resonó en todo el Despacho de la Malignidad.
-¡No! ¡No voy a quedarme quieto, después de todo lo que hemos pasado! ¡Ataque Furioso de la Astilla Pilla!
Decenas de astillas volaron en dirección a Chomsky, pero rebotaron en su marrón cuerpo sin hacerle un rasguño.
-Es demasiado poderosa… -dijo el Mono Calato, al contemplar las habilidades de la Fuerza Maligna.
-¡Un ataque como ese, tan débil, nunca podrá penetrar este cuerpo! –sentenció la Fuerza Maligna -¡Es inútil!
El Chico de Madera cayó al suelo, de rodillas. “Mi ataque no funciona contra Chomsky”, pensó, recordando su primera confrontación con el secuaz. “Chomsky me dijo que hasta que no consiguiese crear una sola astilla unida, en vez de decenas de pequeñas astillas fragmentadas, no podría derrotarlo”.
-¡Chico de Madera, cuidado! –advirtió a su compañero el Mono Calato, pero ya era tarde: Chomsky tenía agarrado al Chico de Madera por el cuello.
-¡Haz algo, insecto! –decía la Fuerza Maligna, apretando el cuello madérico de su oponente- ¡Te reto a que hagas algo!
“Tengo…que…intentarlo…” pensaba el Chico de Madera, pero había perdido casi todas sus fuerzas. “Dámier…las Duracell se han acabado otra vez…. ¡Maldito corazón a pilas!”.
-¿Qué pasa, pinocho? –se burlaba la Fuerza Maligna -¿Se te acabaron las baterías? ¿Eres tan inservible que necesitas pilas para vencerme?
-¡Déjalo en paz! –gritó el Mono Calato, y saltó sobre el cuerpo de Chomsky, tratando de liberar a su compañero.
-¡No me molestes, primate! ¡Súper DD!
El rayo de Chomsky impactó de lleno en el peludo pecho del Mono, el cual salió volando y cayó al suelo, magullado.
-¿Viste cómo ataqué a tu amigo? –continuó diciendo la Fuerza Maligna al Chico de Madera –Lo mandé a volar por los aires. Y, ¿sábes por qué?
La mano de Chomsky seguía apretando el cuello del Chico de Madera, el cual ya se había comenzado a agrietar.
-Porque tu eres un cobarde, un débil, y no te puedes soltar por ti mismo. ¡Libérate, o romperé tu cuello!
El Chico de Madera juntó todas sus energías restantes, y le dio un golpe a Chomsky en la cara. La mano marrón se abrió y el Chico de Madera cayó al suelo.
-Woody… -murmuraba el Kuraka, que se acaba de despertar.
-¡Kuraka! ¡No te muevas, tienes el cuerpo herido! –dijo a su compañero el Mono Calato, que también estaba tirando en el suelo.
El Chico de Madera logró levantarse con dificultad, y se encontró frente a frente con el cuerpo poseído de Chomsky. De los labios del secuaz, la Fuerza Maligna habló.
-Vaya, pensé que ese sería tu fin… Parece que aun puedes sufrir un poco más.
-¡Jamás me daré por vencido, Fuerza Maligna! –dijo el Chico de Madera, se preparó a atacar una vez más -¡Ataque Furioso de la Astilla Pilla!
El Chico de Madera se concentró lo más que pudo para lanzar una sola astilla, pero esta volvió a fragmentarse en decenas de pedazos, los cuales rebotaron en el cuerpo de Chomsky.
-¡Acéptalo, has fracasado! –exclamó la Fuerza Maligna, y el cuerpo de Chomsky cruzó los brazos -¡Has fallado a todos tus amigos! ¡Eres una decepción!
“Tiene razón” pensó el Chico de Madera, y volteó a ver a sus compañeros. El Mono Calato y el Kuraka habían recobrado el conocimiento, y el Gordo seguía en una esquina, abrazado a Gordicia, los dos abstraídos de lo que sucedía.
-¡Chico de Madera! ¡No le hagas caso! –le dijo a su amigo el Mono Calato.
-Nosotros…creemos en ti…-dijo, con dificultad, el Kuraka –Tu tienes…el poder para vencer…a la Fuerza Maligna…
-¡Pero ya se me acabaron las pilas! –exclamó, desesperado y deprimido, el Chico de Madera - ¡¿Qué puedo hacer?!
-No son las pilas, Woody… es lo que hay en ti…lo que te hace poderoso…
“¿Lo…que hay en mi?” pensó el Chico de Madera, y las palabras del Kuraka parecieron tener un significado importante. “Si la Chica de los Melos estuviese aquí, ¿qué me diría ella?”.
-¿Ya has terminado de despedirte de tus amigos, insecto? –se burló la Fuerza Maligna, y Chomsky descruzó los brazos -¡Entonces ha llegado tu hora!
“El poder que hay en mí…” pensó el Chico de Madera, y entonces comprendió.
-¡Chico de Madera, pase lo que pase, nosotros confiamos en ti! –alentó a su amigo el Mono Calato.
“¡Ahora lo entiendo!” pensó el Chico de Madera, y una luz de esperanza brilló en sus ojos caóbicos. “Yo no necesito baterías para ser útil, ¡solo necesito creer en mí mismo!”. Recordó los momentos críticos que habían pasado, y el valor que sus demás compañeros habían demostrado en situaciones extremas. “Aun cuando parecía no haber solución, ellos encontraron el coraje para hacer frente a los secuaces. Al creer en ellos mismos, lograron sacar sus poderes escondidos y utilizarlos para conseguir la victoria”.
Spoon y la Granja Show recobraron el conocimiento y, con dificultad, debido a las heridas causadas por el ataque de la Fuerza Maligna, se levantaron del suelo.
“El Kuraka, el Mono, el Varón, el Gordo…ninguno de ellos se dio por vencido, ¿y yo voy a dejar de pelear por culpa de unas pilas?”.
El Chico de Madera empezó a caminar hacia el cuerpo de Chomsky, con decisión.
-¿Así que vas a hacer un último intento? –dijo la Fuerza Maligna, entretenida – ¡Jajaja! Pues entonces dejaré que agotes lo último que te queda de baterías, y cuando ya no puedas siquiera caminar, ¡te mataré de la forma más humillante!
-Eso no sucederá, Fuerza Maligna, ¡porque finalmente sé lo que tengo que hacer! –exclamó el Chico de Madera, y se llevó las manos a su pecho. Con el accionar de un botón, la tapa que cubría las Duracell se abrió.
-¡Chico de Madera! –gritó el Mono Calato, asustado -¡¿Qué dámier estás haciendo?!
-Creyendo en mí, finalmente –dijo el Chico de Madera y, con un rápido movimiento, arrancó las dos pilas de su pecho.
-¡NO! –exclamaron a la vez el Mono Calato, el Kuraka, Spoon y la Granja Show.
Los ojos del Chico de Madera se volvieron negros, y su cuerpo se apagó, quedando estático en el medio del Despacho de la Malignidad.
-¡Jajaja! –se burló la Fuerza Maligna, al ver al unánime cuerpo de madera que estaba parado en frente de ella -¡El muy cobarde prefirió apagarse antes de sacrificarse por ustedes!
-Woody… -murmuró el Kuraka, y trató de levantarse, pero el dolor de sus heridas se lo impidió.
-¡Y ahora, los mandaré a todos a la dámier! –sentenció la Fuerza Maligna, y el cuerpo de Chomsky se preparó a atacar -¡Explosión…!
-¡MIREN!
El grito del Mono Calato detuvo a la Fuerza Maligna, la cual giró la cabeza de Chomsky hacia donde los demás estaban viendo. Los ojos del Chico de Madera se habían vuelto a prender.
-¡Chico de Madera! –exclamó el Kuraka, al ver que su compañero volvía a mover los brazos y las piernas.
-¡¿Qué?! –gritó, furiosa, la Fuerza Maligna, y la voz de Chomsky retumbó en todo el Despacho –Pero, ¿cómo es posible? ¡Ya no tienes pilas puestas en el pecho!
El Chico de Madera, completamente revitalizado, sonrió.
-Yo siempre pensé que necesitaba baterías para hacer funcionar mi corazón. Pero gracias a mis amigos, y a su valentía, he comprendido finalmente que el verdadero poder, el que cuenta, ¡está en mí!
-¡Eso es, Woody! –alentó a su compañero el Kuraka.
-Al retirar las Duracell de mi pecho, la energía natural de mi cuerpo empezó a fluir en mí como nunca antes lo había hecho. Ahora, me siento completamente recargado, ¡pues el poder que fluye por mí es Energía Cuántica! ¡Y esa energía, a diferencia de las pilas, es ilimitada!
-¿Energía ilimitada? –preguntó, sorprendido, Spoon -¡Eso es perfecto, Chico de Madera!
-Mis amigos siempre contaron conmigo, y no los defraudaré en el momento de la verdad –dijo el Chico de Madera, seguro de sí mismo, y juntó todas sus nuevas energías para realizar su técnica especial –Esta vez no fallaré, Fuerza Maligna.
El cuerpo del Chico de Madera empezó a brillar de poder, y Chomsky extendió sus manos hacia delante.
-¡Nunca vencerás a este cuerpo, por más energía ilimitada que tengas! –gritó la Fuerza Maligna, a través de los labios del secuaz poseído.
-Quizás no hayamos ganado la guerra aún –dijo el Chico de Madera, y todos se callaron de pronto, al ver que se disponía a atacar -¡Pero esta batalla es nuestra!
-¡Nunca me vencerás, insecto! –exclamó la Fuerza Maligna -¡Ni con tu Poder Cuántico escondido!
-Te equivocas, dámier, y esta es la prueba –sentenció el Chico de Madera y, apuntando hacia el cuerpo de Chomsky, soltó todo su poder – ¡Astilla Uno!
Una astilla completa, unida y energética voló a la velocidad de la luz hacia Chomsky, y atravesó su pecho por completo, saliendo por el otro lado como un relámpago cuántico.
-¡NO! ¡MALDITO! –chilló la Fuerza Maligna, y el cuerpo de Chomsky cayó, sin vida, al iluminado suelo del Despacho de la Malignidad.
-¡Chico de Madera, lo lograste! –exclamaron, con orgullo, el Kuraka, el Mono Calato y Spoon J. Trulo. Todos vieron como una nube oscura salía del cuerpo muerto de Chomsky y se elevaba por los aires, hasta perderse de vista.
-¡Dámier, se ha escapado otra vez! –dijo el Mono Calato.
-No interesa ahora –dijo el Chico de Madera, y se volvió hacia sus compañeros –Ya llegará el momento de pelear contra la Fuerza Maligna en su verdadera forma, no contra un cuerpo poseído por ella, y entonces la venceremos.
El armario que tenía encerrado al Varón se desvaneció, debido a que Chomsky había muerto, y el ambiguo cuántico se unió a sus compañeros.
-¡Me perdí todo el final! –dijo el Varón Ron Ron, algo avergonzado.
-Tuviste que haber visto a Woody, ¡ahora es una fuente de poder ilimitada! –dijo, emocionado, el Kuraka.
Las 5 C y Spoon agradecieron a las chicas de la Granja Show por su contribución a la pelea y, una vez que las tres se habían ido, fueron a ayudar al Gordo y a su madre.
-Lamento todo lo que ha pasado –dijo Gordicia, con sinceridad –Todo esto fue culpa del Maestro… Él me hipnotizó con sus poderes y me obligó a hacer todo lo que he hecho.
-Nosotros nos encargaremos de que el Maestro pague por sus actos –aseguró el Chico de Madera, y se volvió hacia el Gordo -¿Estás bien, Wii?
-Si…solo algo confundido aún –dijo el Gordo, avergonzado por no haber sido de ayuda en la pelea final –Siento mucho no haberles ayudado contra la Fuerza Maligna.
-No te preocupes, Gordo –dijo el Varón Ron Ron, dándole una palmada en la espalda a su redondo compañero –Ahora todo está bien.
El Mono Calato sacó la última banana que tenía, y comenzó a prepararla para regresar a la Cuanticueva. Las demás 5 C y Spoon tuvieron tiempo para sentarse en el agrietado suelo del Despacho y descansar unos momentos.
-Kuraka, ¿cómo están tus heridas? –preguntó a su amigo el Chico de Madera.
-Ya puedo andar un poco mejor –respondió el Kuraka, y se recostó en el frío suelo –No puedo decir lo mismo de la espada de Vallegusta…
La espada se había partido por la mitad, y era ahora inservible. El Kuraka guardó los dos pedazos, en caso que pudiera repararla en la ciudad.
-¡Ya está lista la banana! –anunció el Mono Calato, y sus compañeros se acercaron para posar sus manos en la fruta. Con un destello de luz, todo empezó a girar rápidamente, una y otra vez…
…
Cuando las 5 C y Spoon aparecieron en la Cuanticueva, el Gran Maestre Ángel ya los estaba esperando con comida y medicamentos. Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola también estaban ahí, esperando el regreso de sus rescatadores.
-¡Lo hicieron excelente, 5 C! ¡Y tu también, Spoon! –los felicitó Ángel.
El Gordo llevó a Gordicia a una de las camillas, y se quedó a su lado, mientras Ángel se encargaba de asistir a los demás. Al cabo de unas cuantas horas, las heridas habían sido curadas y los ánimos recuperados.
-¡Ay, han estado geniales! –dijo Sor S., feliz de que todo había terminado.
-No podíamos esperar menos de las 5 C –dijo, sonriente, Ángel.
El Gordo se movió del lado de Gordicia, y se paró en medio del cuarto, como queriendo decir algo.
-Gordo, ¿qué sucede? –preguntó a su compañero el Varón.
-Les quiero agradecer a todos por ayudarme a encontrar a mi madre y devolverla a la normalidad –empezó a decir el Gordo, con lágrimas en los ojos –Nunca olvidaré lo que han hecho por nosotros. Sin embargo, yo no estoy hecho para todo esto. Aventuras, batallas…Yo solo quiero quedarme en mi casa y ver la Granja Show con mi madre. No puedo seguir siendo parte de las 5 C…
-Te entendemos, Gordo –dijo el Chico de Madera, y se acercó a despedirse de su redondo amigo –Espero que les vaya bien a los dos.
Todos dijeron adiós al Gordo y a Gordicia, y los dos salieron por las puertas de la Cuanticueva para volver a su hogar.
-Eso quiere decir que ahora falta un miembro… -empezó a decir Ángel.
-¡Yo me ofrezco para pertenecer a las 5 C! –exclamó, con entusiasmo, Spoon.
-¡Excelente! –dijo el Varón, y los demás compartieron la aceptación del nuevo miembro cuántico.
-Bueno, creo que es hora de que acompañen a Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola a sus respectivos hogares –sugirió el Gran Maestre Ángel –Cuando regresen, ¡haremos un brindis por las nuevas 5 C!
Todos festejaron la idea, y el Varón, el Mono Calato y el Chico de Madera se acercaron a Sor S., Mona Chita y Miss Bernaola.
-El viaje hasta la selva del Manu dura un par de días, ¡pero ahora que conozco los pasajes secretos de las montañas llegaremos antes! –le dijo el Mono Calato a la Mona Chita, y los dos primates empezaron a caminar hacia la salida.
El Varón y Sor S. también salieron por la puerta de la Cuanticueva, en rumbo a las residencias del Priorato de Sobiun. Los últimos en irse fueron el Chico de Madera y Miss Bernaola.
-Iré a preparar sus respectivas habitaciones –anunció a Spoon y al Kuraka el Gran Maestre Ángel, y desapareció por unos de los corredores de la Cuanticueva.
-Necesitaremos unos días para recuperarnos –empezó a decir Spoon a su compañero –y de ahí deberíamos ir en busca del Castillo Filosofal y del Maestro.
-Exacto –asintió el Kuraka, y se llevó las manos a los vendajes que tenía –Ahora lo que necesito es uno de esos caramelos de la Chica de los Melos.
-¡Jajaja! ¡Eso es porque eres un mono pas…!
Los dos compañeros se detuvieron de repente, al darse cuenta de algo muy extraño.
-¿Por qué esas caras? –preguntó Ángel, que acababa de volver de las habitaciones.
-Gran Maestre –empezó a decir el Kuraka -¿Dónde está la Chica de los Melos?
…
A miles de kilómetros de distancia, en el Castillo Filosofal, el Maestro Sergei Textre tomó su teléfono y marcó un número.
-Pesadillo, ¿ya estás en camino?
-Sí, Maestro –respondió el secuaz, a través de la línea –Pronto llegaré al Castillo con las muestras de sangre.
-Excelente. Tengo algo que quiero que veas, Pesadillo –dijo el Maestro, con un tono siniestro -Algo muy…interesante.
Detrás de Sergei Textre, una chica angelical estaba encadenada en una silla. Por la mejilla de la Chica de los Melos, caía una lágrima cuántica.
FIN DE LA PRIMERA TEMPORADA





